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Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Patrones de supervivencia

Ancianos que enferman cuando se sienten solos

Algunos ancianos, ante la soledad, enferman. Para poder ayudarles, sus familiares tienen que comprender el origen de su malestar físico y emocional.

Somatizaciones ancianos que enferman

5 de octubre de 2018, 15:00 | Actualizado a

Hace unas semanas, compartía en esta misma sección, un artículo sobre las somatizaciones, en el que explicaba cómo una infancia de inseguridad y soledad, puede empujarnos, ya desde la niñez, a elaborar un patrón, profundamente insano por el que, para conseguir la atención (imprescindible) de nuestros mayores, nos ponemos enfermos.

Somatizando: enfermar para que me cuiden

Patrones de supervivencia

Somatizando: enfermar para que me cuiden

Al compartir el artículo en las redes sociales, una lectora me preguntó si este proceso también ocurría con las personas mayores, es decir, si resultaba posible que algunos familiares ancianos enfermaran para demandar atención.

Me pareció muy interesante profundizar en este tema, puesto que parece ser algo relativamente frecuente y que puede llegar a crear graves malentendidos o discusiones familiares si no se comprenden los mecanismos subyacentes a estos procesos y, únicamente, nos quedamos con la idea de...

“...El abuelo se pone malo para llamar la atención”

En primer lugar, deseo aclarar, como ya expliqué en el artículo anterior, que este proceso de “enfermar para que me hagan caso” resulta completamente inconsciente, no existe una intención real de manipularnos. Simplemente, estas personas se sienten mal y enferman. Por este motivo (y por lo delicado de las edades avanzadas), no debemos olvidar que los ancianos de los que hablamos no están fingiendo enfermedades, sino que sus afecciones son reales y precisan exámenes médicos para aliviar su padecimiento y para descubrir el origen físico de sus dolencias.

Para poder comprender el comportamiento de estas personas, tenemos que remontarnos a su infancia. Con mucha probabilidad, estos ancianos, no fueron atendidos ni cuidados adecuadamente en sus primeros años de vida. Quizá les maltrataban, se sintieron solos y no tuvieron a nadie que les hiciera caso ni se preocupara por ellos.

Con el paso de los años, al casarse y formar una familia, aparentemente, cubrieron esta necesidad de atención que no recibieron al comienzo de su vida. Vivían en pareja, tenían hijos, se sentían queridos y, de esta forma, creyendo que las carencias del pasado estaban ya superadas, pudieron vivir unas décadas medianamente felices.

Sin embargo, transcurridos algunos años, los hijos abandonaron el hogar para crear sus propias vidas familias y el antiguo sentimiento de soledad comenzó, de nuevo, a aflorar. Si además, estas personas tienen la desgracia de perder a su pareja, la única compañía que aún les quedaba, los viejos miedos del pasado resurgen con fuerza.

Estas ancianas, ancianos, tal y como sucedía cuando eran pequeños, vuelven a sentirse solos, desamparados e indefensos. Justo ante esta coyuntura, los antiguos patrones se reactivan y vuelve a aparecer la enfermedad como una forma (recordemos inconsciente) de intentar lograr la atención de los demás.

El caso de Alba

Seguro que muchas de vosotras tendréis cerca algún ejemplo de persona mayor que enferma con frecuencia cuando se encuentra sola.

Yo recuerdo el caso de una chica, Alba, que acudía a consulta y que tenía un problema de este tipo con su suegra.

La anciana vivía sola y la pareja de Alba iba a visitarla casi todas las tardes para controlar que estuviera bien. En muchas ocasiones, cuando el joven, tras la visita diaria, volvía a casa, la abuela llamaba por teléfono para quejarse de algún dolor o del agravamiento de un problema que tenía en la piel y que le ocasionaba fuertes picores. Su hijo tenía, entonces, que volver a visitarla, regresando a su casa mucho más tarde, cuando sus propios sus hijos estaban ya acostados.

Esta escena, se repetía con frecuencia. Por cierto, solía suceder que la erupción cutánea de la abuela disminuía bastante y los dolores desaparecían cuando su hijo acudía a verla tras su llamada.

Alba también me contó que en varias ocasiones, habían tenido que anular unas deseadísimas vacaciones porque justo el día anterior a su marcha, su suegra había sufrido un agravamiento de sus problemas.

Resulta muy difícil lidiar con estas circunstancias, ya que, por mucho tiempo que se pasemos con estas personas, esta necesidad de atención tan acuciante difícilmente podemos cubrirla. Recordemos que ésta es una carencia que arrastran desde su infancia y que, para ellos, verse solos es terrible.

Además, es cierto que en muchos casos, estas personas necesitan una atención y una vigilancia continuada. No obstante, también resulta imprescindible ser conscientes de que una demanda excesiva de atención puede llegar a ocasionar un desgaste muy profundo en los familiares y cuidadores de estas personas.

Para poder encontrar un punto equilibrado que no termine provocando un agotamiento emocional del resto de la familia, resulta fundamental exponer la situación, hablar del tema con las personas implicadas y llegar a unos acuerdos que no supongan un abuso o un desgaste por parte de los demás familiares.

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