Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Roles

Concebida para salvar el matrimonio

Muchos padres cargan a sus bebés con responsabilidades que les marcan de por vida. A veces lo hacen incluso antes de su nacimiento.

bebe conciliador

9 de mayo de 2018, 17:44 | Actualizado a

A lo largo de nuestras vidas, para adaptarnos a nuestra familia y a la sociedad, vamos asumiendo diferentes roles o modelos de comportamiento. Estos roles, podríamos asemejarlos a papeles de una obra de teatro que llevan escritos, en su programación, lo que se espera de nosotros.

Nos condicionan, nos restringen y nos indican cómo debemos actuar frente a las diversas situaciones que se nos presentan en nuestra cotidianidad.

Un rol para ser querido

En nuestra infancia, adoptamos estos roles para buscar el reconocimiento o el cariño de nuestros padres. En ocasiones, somos nosotros mismos los que nos atribuimos cierto patrón porque comprobamos que resulta funcional para nuestros propósitos (o necesidades) de obtener la atención de nuestros mayores, pero otras veces, estos roles son impuestos desde fuera, decididos arbitrariamente por los adultos que nos cuidan.

Para poder tener un lugar y ser reconocido dentro de la familia, el niño no tiene más alternativa que asumir este rol.

En esta sección Desde la Consulta, vamos a analizar los diversos roles restrictivos y limitantes que los psicólogos encontramos con frecuencia en consulta. Por desgracia, estos son roles bastante generalizados y muchas personas, en nuestra sociedad, cargan con ellos.

De hecho, estoy convencido de que vas a poder identificar a más de un familiar o amigo como representante de alguno de los roles de los que voy a hablar.

Esta semana comenzaremos por El conciliador.

El conciliador

Imaginemos un matrimonio que se encuentra en continua crisis; las discusiones y las diferencias son constantes, no se deciden a separarse, pero tampoco están bien juntos. Existen pocos nexos que les unan, quizá ambos trabajan y comparten muy poco tiempo juntos o tienen pocas aficiones en común.

En esta coyuntura, algunas parejas piensan que tener un hijo o hija, les ayudaría a solucionar sus problemas. Creen que de este modo, compartirían un vínculo que les uniría, un objetivo en común que borraría de un plumazo todas las discusiones al tiempo que, mágicamente, se salvaría la relación que estaba a punto de romperse.

Estas parejas, no son conscientes de que tener un hijo en este tipo de situaciones no solo no soluciona los problemas de pareja (que ya existían y seguirán existiendo), sino que, además, están cargando a una criatura, de por vida, con una enorme responsabilidad.

Los bebés se dan cuenta de muchas cosas

Los niños y, más aún, los bebés, son extremadamente sensibles. Ellos captan mucha información de lo que sucede a su alrededor, no sólo de forma física, sino también, a un nivel emocional mucho más profundo.

¡Tus hijos siempre te están mirando!

Practicar con el ejemplo

¡Tus hijos siempre te están mirando!

Si los padres han buscado este bebé como una especie de tabla de salvación para la pareja, el pequeño lo percibirá, por lo que continuamente, buscará la forma de cumplir su papel. En todo momento, hará lo posible para mantener la concordia familiar y evitar las discusiones.

A un nivel personal, será un hijo modelo; bueno, sosegado y nada problemático. No querrá, por nada del mundo, que sus padres discutan por su culpa. En la familia, su actitud será la de conciliador, tratando siempre de que todos se lleven bien.

Un adulto "solucionador"

Si surge alguna discusión entre sus padres o sus hermanos (si los tiene), él/ella rápidamente acudirá para mediar. Pasados los años, ya en su edad adulta, seguirá repitiendo este papel de mediador y de “solucionador de problemas” que asumió en su infancia.

No pretendo afirmar que ser una persona tranquila y conciliadora sea algo negativo. Cuando una persona procede de esta manera per se, porque lo lleva en su propia naturaleza, no existe ningún problema. Sí existe, cuando se fuerza a un niño a tomar este papel conciliador endosándole, de paso, la responsabilidad de mantener unida a su familia.

En este caso, el pequeño tenderá a guardarse para sí las emociones o las opiniones que vayan en contra del bienestar de sus padres, por lo que algunas partes de su personalidad estarán siendo reprimidas.

Las consecuencias negativas aparecerán, al cabo de el tiempo, en forma de bloqueos físicos (contracturas, dolor de espalda, pinzamientos, etc.) y/o daños emocionales como, entre otros, una auto imagen negativa, depresión y baja autoestima.

El caso de Carla

Siempre recordaré el caso de Carla, una chica italiana que vino a consulta para trabajar su autoestima. En su primera sesión, la joven se describió como una chica amable que se llevaba bien con todo el mundo y que valoraba, por encima de todo, a la familia.

A pesar de ser la hermana pequeña, Carla era la encargada de organizar, en su propia casa, las reuniones festivas de sus hermanos y sus padres (incluidas las de todos los domingos).

La contrapartida a su amabilidad y a su buena disposición era que muchos de sus compañeros de trabajo, de sus amigos y familiares, se aprovechaban de ella y abusaban de su buena voluntad. Este abuso frecuente, acabó por hundir su autoestima y llevar a Carla al borde de una depresión.

De todas las sesiones que hicimos, una me impactó especialmente. Fue aquella en la que su inconsciente le mostraba, de forma simbólica, cómo sus padres, cuando apenas era una recién nacida, la habían cargado con la responsabilidad de salvar su relación.

“Soy una bebé y estoy en la cuna. Mis padres me están mirando. Creo que han discutido porque tienen caras serias. De hecho, parecen casi robots que me miran con ojos rojos. De sus ojos salen unos rayos rojos hacia mí. No me gusta nada, me siento agobiada por esas miradas y me giro para darles la espalda..."

"...Empiezo a llorar. Ellos siguen ahí mirándome y siento los rayos en mi espalda, presionándome. Pasa el tiempo, pero ellos siguen ahí, presionándome..."

"...Finalmente, no aguanto más y me doy la vuelta. Les miro y les sonrío. Ya no lloro, pero mi sonrisa es artificial. Me he tragado mis lágrimas, sólo quiero que ellos estén bien y no peleen más”.

En esta transcripción de parte de esta sesión, vemos cómo la pequeña Carla, en un principio, intenta oponer resistencia, no quiere asumir la responsabilidad que sus padres depositan en ella. Sin embargo, finalmente, la pequeña claudica y se vuelve sonriente hacia ellos.

De esta forma, su papel de conciliadora de la familia quedó instaurado en estos momentos. Después, día a día, se iría asentando y reforzando. Años más tarde, la Carla adulta seguía asumiendo este papel en su familia y en todos los ámbitos en los que se desenvolvía (amistades, trabajo, etc).

Para poder liberarnos del lastre de ese rol que nos fue impuesto, debemos desentrañar su origen y entender que hay otras muchas partes de nuestra personalidad que no pudieron desarrollarse y quedaron reprimidas.

Todas nuestras emociones y todos nuestros yoes son válidos y necesitan poder expresarse para lograr vivir en equilibrio y armonía con nosotros mismos.