Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Parientes tóxicos

Navidad, triste Navidad

Para muchas personas, las fiestas navideñas son sinónimo de angustia y malestar. Indagar los motivos de éstos, les ayuda a superarlos.

Familias tóxicas en Navidad

13 de diciembre de 2017, 18:01 | Actualizado a

El otro día, a principios de noviembre, estaba realizando unas compras en un centro comercial cuando, súbitamente, comenzó a sonar por la megafonía un repertorio de villancicos. Cuando llegué a la caja del supermercado, los villancicos seguían sonando sin cesar, así que le comenté al chico que me estaba atendiendo que aún le quedaban muchos días, hasta el fin de las fiestas, de escuchar villancicos.

El joven me contestó que a él no le importaba mucho, pero que se estaba acordando de varios clientes que evitaban pasar por su tienda cuando se acercaba la época navideña. Lo pasan fatal, me dijo el chico, así que no vienen por aquí durante un tiempo.

En aquel momento, me vino a la memoria Raúl, un joven que hacía algunos años vino a consulta por otros problemas, pero que presentaba un profundo rechazo a las fiestas navideñas. Recordé cómo me comentaba con cierta vehemencia: “no las aguanto Ramón, cada vez que comienzan los villancicos, siento un profundo rechazo, malestar, incluso odio. Se me revuelve el estómago y sólo tengo ganas de gritar para que callen esas voces. Tampoco aguanto los olores a guisos, se me revuelve todo al pensar en el pavo, las pasas, los turrones. Odio la Navidad, me decía, la odio profundamente, repetía.”

Cuando indagamos en la infancia de Raúl, recordó cómo cuando era pequeño, tanto para la cena de Nochebuena, como para la comida de Navidad, siempre iban a celebrar todos sus primos y tíos las fiestas en su casa. A él no le gustaban estas visitas, no eran parientes amables, ellos eran la causa de que tanto él, como sus hermanos, pero especialmente su padre, lo pasaran muy muy mal en estas fechas.

Recordaba con especial amargura a dos tías, hermanas de la madre, expertas en ensañarse con su padre, un hombre depresivo y enfermizo con muchos problemas en su vida. Estas mujeres, durante horas, se dedicaban a criticarle y presionarle sobre su trabajo, lo poco que ganaba, lo inútil que era, la poca valía que tenía.

A lo largo de la velada, la tensión iba creciendo, sumada a la bebida, hasta que llegaba el instante preciso, en el que el padre del niño no aguantaba más la presión y acababa por sufrir una profunda crisis de ira. Raúl recordaba con horror cómo, en aquellos momentos, su padre, por largos minutos, gritaba descontrolado. El niño sufría mucho viendo a su padre fuera de sí hasta el momento que agotado, acababa llorando y se iba a esconder a su habitación.

Al ver así a su padre, se quedaba desolado, se sentía impotente y, al cabo del tiempo, acabó por odiar las fiestas y toda su parafernalia: los villancicos de la tele, los restos de guiso en la mesa, los turrones en las bandejas, las risas crueles de sus parientes burlándose de su padre, la actitud de su madre, refugiada en la cocina sin enfrentarse a sus hermanas.

El niño jamás llegó a comprender cómo, año tras año, su madre seguía invitando a estos parientes tan tóxicos a su casa. Cuando la preguntaba abiertamente, ella siempre decía: “me toca hacerlo, es lo que toca, la hermana mayor siempre ha invitado a toda la familia en las fiestas”.

Tras comprender de donde venía su rechazo a las Navidades, Raúl pudo superarlo. Hoy en día, puesto que a sus hijos les hace ilusión, Raúl celebra las fiestas. Lo hace en privado, sin abuelos o tíos, preparando entre todos la comida y disfrutando de unas cenas y comidas sencillas con su pequeña familia.

En estas fechas en las que las tensiones son frecuentes en el seno de muchas familias, tenemos que salvaguardar nuestra autoestima y la de nuestros hijos evitando situaciones como las vividas por Raúl. Las fiestas son para poder descansar y pasar unos buenos días juntos en familia, no para sufrir.

Dejemos compromisos familiares dañinos a un lado, defendámonos, defendamos a nuestros hijos, rechacemos malos tratos y disfrutemos de nuestros días libres con las personas que verdaderamente nos aman y nos respetan.

Etiquetas:  Ramón Soler Familia

Artículos relacionados

También te interesa