Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Bullying

Timidez extrema: una secuela del acoso escolar

Las personas que han sufrido bullynig en la infancia arrastran las consecuencias, inseguridades y baja autoestima, durante toda su vida.

Efectos del bullying timidez extrema

6 de septiembre de 2017, 15:37 | Actualizado a

Adela acudió a terapia para trabajar un grave problema que tenía con las relaciones sociales.

En especial, dos eran las situaciones ante las cuales esta joven peor se sentía. Por un lado, le costaba participar en una charla en grupo (incluso con amigas con las que tenía bastante confianza) y no digamos ya, iniciar una conversación con un desconocido, lo cual resultaba impensable para ella.

Por otra parte, ésta fue la situación extrema que le hizo darse cuenta a Adela de que necesitaba buscar ayuda; hacía poco, había sido incapaz de ir a descambiar un CD defectuoso que había comprado en un gran almacén. La chica, prefirió quedarse con el CD roto y perder su dinero antes que tener que afrontar la interacción social que suponía reclamar en la tienda el cambio del producto o peor aún, la devolución de su dinero.

En la segunda sesión, Adela me llegó a preguntar si yo creía que ella era Asperger. La joven había leído en Internet las caracterícticas del Síndrome de Asperger y pensaba que cumplía casi todos los requisitos.

En realidad, no lo era, lo que le sucedía a Adela era que padecía un grado extremo de timidez que, por momentos, podía llegar a confundirse con cierto grado de autismo. Sin embargo, en el autismo existe un claro componente biológico, mientras que los síntomas de Adela tenían su origen en las desagradables experiencias de acoso que había sufrido tanto el colegio, como en el instituto.

Timidez extrema fruto del bullying

Durante todos sus años escolares, Adela había sufrido un contínuo acoso por parte de sus compañeros de clase. Se metían con ella por su aspecto físico (al parecer, era una niña rellenita) y por su inteligencia (destacaba en clase y eso provocaba envidias).

En los años de Primaria tuvo que soportar miradas de desaprobación, empujones y contínuas burlas. En en Instituto, lejos de mejorar, la situación empeoró, pasando sus compañeros de los insultos y del desprecio, al robo de sus pertenencias y al daño físico.

Hasta tal punto llegó la desesperación de Adela, que en una ocasión, para evitar ser descubierta, pasó toda una tarde encerrada en el cuarto de la limpieza.

De niña, Adela nunca se sintió apoyada, ni desde casa, ni desde el propio colegio. Si alguna vez ella se quejaba del trato recibido por parte de sus compañeros, los profesores miraban para otro lado y le quitaban importancia a lo sucedido.

Sus padres, más preocupados por sus trabajos que por ella, le decían que no “exagerara”, que “eran cosas de niños”. La única alternativa de supervivencia que Adela pudo encontrar fue replegarse sobre sí misma, tratar de pasar desapercibida y evitar, en lo posible, el contacto con los demás alumnos de su clase.

Los efectos del bullying en la adultez

Los efectos negativos del bullying no se quedan en el colegio o el instituto, sino que las víctimas que lo sufren se ven afectadas, también en su adultez, en todos los ámbitos de su vida (social, laboral, pareja, etc.). Incluso, muchos años después de haber cesado el acoso, las daños sufridos siguen marcando el desarrollo del día a día de las personas que lo sufrieron.

Cuando Adela no fue capaz de reclamar el cambio de su CD defectuoso, estaba reviviendo, inconscientemente, sus años escolares y las emociones negativas que sentía en aquellos momentos. El miedo a ser violentada en público y el no saber cómo reaccionar si su queja no era bien recibida, la forzaron a evitar la situación, tal y como hacía en el pasado para escapar de sus acosadores.

Adela sentía que esta timidez tan extrema formaba parte de su carácter y que era un rasgo que jamás podría cambiar. Sin embargo, su timidez no era un síntoma de origen genético, sino una protección emocional erigida para sobrevivir a las experiencias negativas que había sufrido en su infancia.

Las condiciones tan extremas de acoso por las que Adela había pasado parte de su infancia, la habían empujado a recurrir al enclaustramiento como un mecanismo de supervivencia. La buena noticia es que siempre se puede trabajar para cambiar los aprendizajes dañinos por otros comportamientos muchos más adecuados y saludables.

El bullying no es cosa de niños

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Recuperando la autoestima dañada

Los individuos que han sido acosados en la infancia tienden a verse muy inferiores a los demás. Su autoestima, tras los daños sufridos, queda muy minada.

La clave para superar este grado extremo de timidez reside, precisamente, en reforzar su autoestima. Estas personas necesitan que se les recuerde que nadie es mejor que nadie y que todos tenemos derecho a ser tratados con respeto.

También tienen que comprender que no están obligados a callarse, que pueden, y deben, manifestar su opinión siempre que lo deseen y/o lo necesiten. Esta recuperación de la autoestima, que llevará cierto tiempo, puede comenzar con la persona permitiéndose, por fin, manifestar sus opiniones, sus gustos y sus preferencias.

Al principio, se empieza por enfrentarlos a situaciones poco estresantes de la vida cotidiana (decidir su color favorito, la ropa que les gusta vestir, etc.) para, más adelante, a medida que vayan reforzando su confianza, lleguen a tomar más decisiones importantes y transcendentales sobre su vida (con quién desean estar, a qué se quieren dedicar).

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