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Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

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Introversión extrema, cuando la timidez se vuelve un problema

Ser introvertido no es ni bueno ni malo, es un rasgo de personalidad totalmente válido. El problema llega cuando alguien es obligado a ser quien no es.

Introversión

25 de enero de 2018, 09:29 | Actualizado a

La introversión y la extroversión (o extraversión) son rasgos de personalidad de los que habló Jung en su Teoría de la Personalidad (posteriormente matizados por Hans Eysenck en sus Fundamentas biológicos de la personalidad). Estos términos hacen referencia a cómo se relaciona una persona en sociedad (y también consigo misma).

Si lo explicamos de forma breve, podríamos decir que las personas extrovertidas están más volcadas hacia fuera, tienen más amigos y se manejan bien en situaciones sociales, mientras que las introvertidas no buscan tanto los grandes grupos ni llamar la atención, sino que se sienten más cómodas en actividades más relajadas y personales.

¿Eres introvertida? No pienses que es algo negativo

Ambas formas de ser son igualmente saludables, sin embargo, socialmente está mal visto ser introvertido y a las personas que tienen un tipo de carácter más introspectivo, se les suele afear su forma de ser ya incluso desde la niñez.

En esta sociedad de Gran Hermano y Gandía Shore se potencia y triunfa el tipo de personalidad extrovertido llevado al extremo. Este tipo de personas, poco discretas, dicharacheras y que opinan de todo sin pudor, son las que aparecen con mayor frecuencia en los medios de comunicación y las que acaban por convertirse, tanto para jóvenes, como para niños, en un modelo a seguir.

Estos mismos medios son los que descartan de sus espacios a quienes poseen un carácter más introvertido. Las personas más introspectivas suelen ser más discretas, pasan más desapercibidas y se les toma por más anodinas y con menos empuje.

¿Cuándo se vuelve un problema?

Sin embargo, tener un carácter más introvertido no significa que no seas una persona válida o que no puedas hacer grandes cosas. La introversión es un rasgo de personalidad tan valido y respetable como la extraversión, aunque los mensajes que nos envía la sociedad nos digan lo contrario.

El verdadero problema para una persona introvertida se manifiesta cuando, debido a una historia personal cargada de heridas emocionales, esta forma de ser es llevada al extremo. Una persona introvertida con problemas graves, puede llegar a encerrarse en sí misma para alejarse del mundo exterior, incluso hasta el punto de no poder protestar o quejarse cuando hay algo que le molesta o cuando alguien está abusando de ella.

"No quiero molestar" o "prefiero que nadie se enfade" son frases habituales de este tipo de personas que ocultan sus emociones y sacrifican sus propios intereses para pasar desapercibidas y no causar molestias.

Cuando hablamos de extrema introversión, tengo que señalar que el problema no se produce por un rasgo de un personalidad determinado. El problema se da porque en algún momento de su vida, generalmente en su infancia, ha existido un aprendizaje negativo que ha obligado a la persona a replegarse sobre sí misma en extremo y a ocultar sus emociones.

El problema comienza, por ejemplo, cuando se presiona a un niño para que bese a desconocidos en contra de su naturaleza introvertida o para que juegue, por ejemplo, con niños que no le caen bien. Bajo el pretexto de "la educación", que tiene que socializar o de que "es lo que se debe hacer", el niño se siente forzado y poco respetado.

Tanto sus emociones como sus sentimientos son negados, rechazados, forzados, por lo que en el niño se produce una desconexión interna de sus instintos de seguridad y de autoprotección. Y con el tiempo, el niño sucumbe. Saluda, juega con otros niños, besa al señor desconocido y piensa: "si me obligan, será porque tienen razón, yo soy el que me equivoco, mi instinto que me dice que no lo haga, debe estar roto, estropeado".

Como consecuencia de una forma controladora y poco respetuosa de haber sido tratado, en el niño se produce un efecto rebote por el que el niño tenderá a encerrarse en sí mismo y aislarse de los demás. Además, el peligro de estos procesos en los que los niños son profundamente forzados, lo encontramos en el hecho de que la persona reprime de tal forma sus propios instintos que, llegada la edad adulta, siente tanto rechazo ante cualquier interacción social que cuando la situación lo requiere se siente paralizada, incapaz de defenderse a sí misma.

Tal fue el caso de Christian, un niño reservado y observador por naturaleza, pero obligado por sus padres a saludar y besar a familiares y desconocidos bajo amenazas de castigos. Como me comentó en consulta, estas situaciones, con frecuencia repetidas en su infancia, le producían un enorme malestar.

"Tierra trágame" pensaba sintiéndose forzado, observado y juzgado por todos los adultos de su alrededor, mientras sus padres le chantajeaban y presionaban para que cumpliera sus órdenes. Al final, la escena llegaba a tal nivel de tensión que el niño terminaba claudicando y besando a la bisabuela que apenas conocía o jugando con el matón del parque de juegos que siempre acababa pegándole. Una vez cumplidas las órdenes de sus padres, ellos dejaban de molestarle y le decían "¿ves como no pasa nada?".

Pero la realidad es que sí pasa algo, y muy grave. Como consecuencia de las numerosísimas ocasiones en las que se había visto forzado a interactuar con otras personas en contra de su voluntad, Christian fue desarrollando un rechazo a las interacciones sociales y se fue replegando sobre sí mismo.

En el colegio, nunca participaba ni preguntaba, y si tenía que salir a la pizarra a resolver algún problema, se sentía morir. Incluso, no tuvo novia hasta los 25 años porque se sentía incapaz de acercarse a hablar con ninguna chica.

Mi trabajo cuando llega a consulta una persona tan afectada y reprimida, consiste en que se conozca y comprenda su introversión como un rasgo de personalidad tan válido como cualquier otro. Trabajamos mucho la autoestima para que se valore y se quiera tal y como es, pero a la vez, para que sea capaz de relacionarse con otras personas de forma asertiva cuando la situación lo requiera.

Además, resulta fundamental que recobre la confianza en sí mismo, en su cuerpo y en sus instintos. Los seres humanos sabemos cuando estamos en peligro y si, debido a algún trauma, perdemos nuestros mecanismos de defensa y nos mantenemos siempre alerta o somos demasiado confiados, podemos llegar a ponernos en situaciones verdaderamente arriesgadas para nuestra salud.

En el caso de Christian, fue clave que llegase a comprender lo injusto de todas aquellas situaciones en las que los adultos le forzaron, cuando tenían que haberle protegido y respetado.

Empezó a liberarse de las pesadas etiquetas de "rarito" y de "tímido" que había tenido que soportar durante toda su vida. Comenzó a quererse tal y como era, asumiendo que jamás sería el rey de la fiesta (tampoco era algo que él deseara) y disfrutando mucho más de sus ratos a solas.

Etiquetas:  Ramón Soler Infancia

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