Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Relajación

Vacaciones: vuelve a encontrar tu rincón de paz

Las vacaciones nos ofrecen la oportunidad para recuperar el equilibrio de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Encontrar nuestro propio lugar de descanso nos facilitará esta labor.

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15 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Tras un duro año de trabajo, las vacaciones de verano se nos presentan como una excelente oportunidad para descansar y recargar nuestras baterías físicas y emocionales. Nuestro cuerpo y nuestra mente están saturados y demandan una pausa para recobrar el equilibrio y las fuerzas necesarias para afrontar el nuevo año y también, para tener tiempo para reconectar con nosotros mismos.

En las semanas previas a las vacaciones, muchos de las personas que vienen a consulta van acusando el agotamiento acumulado durante todo un curso de prisas y estrés. Su cuerpo les habla y les pide una merecida pausa para descansar y recobrar energía.

En esta época, suele ser habitual que en alguna de las sesiones que realizamos antes del parón estival, como si la mente se adelantara y quisiera revivir el sosiego de aquellos momentos, aparezcan recuerdos agradables de las vacaciones infantiles.

Al sentir la proximidad del descanso, desde el inconsciente, afloran con añoranza los recuerdos de aquellos meses de vacaciones en los que no existían ni obligaciones, ni deberes, ni exámenes y el tiempo lo dedicábamos, exclusivamente, a descansar y a no hacer nada. Pareciera como si nuestra mente, para recobrar aquella sensación de relax de antaño, nos expresara la necesidad de volver a conectar con este estado de máxima relajación.

Según la persona, acuden a la mente diferentes escenarios. Para unos puede ser una casa de campo de la familia, mientras que para otros será un pequeño pueblecito costero o un hotelito rural en medio de la naturaleza.

Todos estos añorados emplazamientos presentan ciertas características comunes.

  • En primer lugar, todas son zonas alejadas del ruido, de las prisas, de la masificación y del estrés de las ciudades.
  • Asimismo, todos estos espacios están impregnados de una agradable sensación de quietud y sosiego.
  • En estos lugares, el tiempo transcurre muy despacio, casi parece detenerse, por lo que los días de vacaciones se repiten a un ritmo tranquilo, casi monótono y, aparte de las pequeñas obligaciones cotidianas, no hay nada más que hacer excepto jugar, divertirse y descansar.

Hoy en día, como adultos, tenemos la posibilidad de reconectar con aquellas sensaciones de quietud y relajación de nuestro pasado. Podemos recuperarlas, tanto mental como físicamente, retornando a los lugares de nuestra infancia (si aún podemos disfrutar de aquella casa familiar) o yendo de vacaciones a un sitio de similares características. Nada más llegar a este espacio, nuestra mente y nuestro cuerpo reconocerán los lugares, los olores, las sensaciones y entrarán rápidamente en este estado de tranquilidad que tanto necesitamos para renovarnos.

El descanso y la desconexión son vitales para nuestro cerebro. No estamos hablando de un capricho o un privilegio, sino de una práctica primordial para nuestra salud mental. Pensemos en lo necesario que es el sueño diario.

Cada día, necesitamos descansar una media de ocho horas, pero este tiempo de sueño, no es tiempo perdido. Durante la noche, nuestro cerebro guarda y clasifica información, descansa y se resetea para poder rendir, al día siguiente, en plenas condiciones.

Si ampliamos la escala a todo un año laboral, durante el que no hemos tenido tiempo de descansar y hemos forzado el límite de nuestro cuerpo, entenderemos lo necesario que resulta permitirnos estos momentos de descanso. No tenemos que verlo como una pérdida de tiempo, sino como ese reseteo físico y mental imprescindible para, en su momento, poder volver con energía a las rutinas de la vida diaria y el trabajo.

Además, gracias a esta reconexión con la calma y con la naturaleza, tu mente se liberará de dañinos pensamientos negativos, disminuirá su nivel de estrés y se abrirá a la creatividad. A los pocos días de haber comenzado tus vacaciones, notarás tu pensamiento mucho más fluido y por tu cabeza, circularán nuevas ideas. Recuerda llevar contigo un cuaderno para tomar nota de todas las ideas que tengas para no desperdiciar estos momentos de máxima creatividad.

Que duren todo el año

Dibuja o fotografía los lugares agradables y relajantes que encuentres. De esta forma, podrás guardarlos en tu memoria para convertirlos en tus lugares de meditación, en tu rincón de paz.

Visualizar de nuevo estas imágenes te conectará con la calma y la tranquilidad que tenías en aquellos momentos. Si dedicas unos minutos cada día a cerrar los ojos y recordar estos lugares, te será mucho más fácil evocar la sensación de paz que vivías allí.

Puede que, cuando vuelvas a la rutina del trabajo y al estrés cotidiano, sientas que has perdido tu paraíso de tranquilidad, pero si practicas a diario estas visualizaciones, comprobarás que, a pesar de la vorágine de tu día a día, puedes mantener tu calma.

Si consigues disfrutar de ese lugar personal de paz y descanso y logras mantenerlo contigo a lo largo de todo el año, habrás dado un gran paso para recuperar tu equilibrio y mantener tu calma interior. De esta forma, serás tú la que tengas el control de ti misma en cada momento y no estarás expuesta a los caprichos o los altibajos de los demás.