Humana pese a todo

La cárcel de la autoexigencia

En tu mundo es un fracaso lo que para muchos sería un gran éxito. Pero siempre falta algo: podrías sacar mejores notas, estar más delgada, cantar mejor...

Roy Galán

carcel autoexigencia

3 de agosto de 2018, 08:43 | Actualizado a

Fue sencillo.

Plantaron en ti la semilla de la exigencia.

Que siempre tuvieras la sensación de que nunca era suficiente.

Que daba igual lo bien que quedara, tú siempre lo veías mal.

Tú siempre te veías mal.

Porque había un notable entre siete sobresalientes.

Porque no quedaba lo suficientemente recto.

Porque sobraba un poco de grasa por aquí.

Porque esto podría estar más limpio.

Porque todo era tu culpa.

Porque si te esforzaras un poco más.

Todo sería mejor.

Fue terrible.

Porque tu meta fue lo perfecto.

Y la perfección no existe.

La angustia, las taquicardias, la sensación constante de fracaso.

Sin darte cuenta que tu mínimo era el éxito de muchos y muchas.

Que lo que hacías era hacerte daño a ti misma.

Era una cuestión de autoestima.

Y luego te rompiste.

Porque nadie puede aguantarlo todo.

Y tuviste que mirarte con nuevos ojos.

Empezar a quererte por lo que simplemente eras.

Imperfecta y humana.

Tuviste que aceptar que no importa el resultado.

Que lo realmente significativo es el camino.

Y el placer.

Por viajar.

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