Nos toca desaprender lo aprendido

Nadie nos enseña a ser críticos ni a rebelarnos contra el sistema. Pero algunas personas pueden enseñarnos a volver a construirnos, a escapar de esa bruja en la casita de chocolate hipotecada.

desaprender aprendido

30 de noviembre de 2018, 15:13 | Actualizado a

Nadie nos enseña a cuestionarnos las cosas.

Porque nos quieren sumisos y sumisas.

Nos quieren aceptando lo injusto como parte de la vida.

Cuando lo injusto lo hacemos nosotros con nuestros actos.

Nadie nos enseña a decir no.

A rebelarnos contra el sistema.

A poner en riesgo nuestra comodidad.

Nuestros estatus sociales.

Nadie nos enseña el valor de lo común.

A ser solidarios o empáticos.

A no seguir el redil como ovejas programadas.

A liberarnos de esta esclavitud que supone ser lo que los demás quieren o esperan.

Nadie nos enseña a ser nosotros a pesar de los demás.

A desobedecer cuando obedecer sería ir en contra de la propia existencia.

A necesitar muy poco.

A valorar mucho lo que tenemos.

A tratar y cuidar de todo como si fuéramos parte de ese todo.

Nadie nos enseña a producir de otras maneras.

A replantearnos el consumo de animales o el uso de plástico.

A enfrentarnos al sexo o a la muerte.

Nadie nos enseña nada de esto sino otras cosas que luego no nos sirven, o nos hacen daño, o hacen daño a otros o simplemente nos impiden seguir creciendo.

Y entonces nos toca desaprender lo aprendido.

Nos toca escapar de esa jaula y de esa bruja en la casita de chocolate hipotecada y regresar a casa para volver a construirnos.

Nos toca buscar las migajas de pan que otras personas nos han ido dejando en sus pensamientos.

Porque nadie nos enseña esto, pero nos queda la gente.

La gente diversa que conoces en un viaje, la gente que escribe y comparte lo que sabe, la gente que habla y te cambia el mundo y te hace comprender.

Allí donde nos quieren ignorantes, está la gente para ayudarnos.

Toda esa gente de la que aprender.

Que sobre vivir.

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