Entrevista a Eulàlia Torras de Beà

"El apego protege la salud mental de los bebés"

Psicóloga, psicoanalista y psiquiatra infantil y juvenil. Ha publicado los libros La mejor guardería, tu casa y Aprovecha el tiempo con tu hijo.

Laura Gutman

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1 de octubre de 2018, 17:21 | Actualizado a

Tiene 87 años, varios hijos, nietos y bisnietos. Aunque nació en Argentina, vive en Barcelona, donde ha desarrollado una carrera pionera como psiquiatra. Existe una fundación que lleva su nombre.

Su obra señala la importante necesidad de facilitar que los bebés puedan pasar tiempo con sus padres, frente a la tendencia creciente a llevarles a la guardería nada más terminado el permiso por maternidad, a los cuatro meses de edad. Facilitar el desarrollo del apego seguro puede ser clave en la salud mental posterior

Entrevista a Eulàlia Torras de Beà

¿Cuándo pensaste en dedicarte a la psiquiatría?
Ya desde pequeña, con nueve o diez años, pensaba que quería dedicarme a los niños, no sabía bien a qué, tal vez como maestra. Mi primera idea fue dentro de la enseñanza. Y cuando descubrí la psiquiatría, enseguida me dediqué a atender a los niños.

Dentro de la psiquiatría infantil, ¿qué te preocupa más?
Los niños temerosos, asustados, que no pueden separarse de su madre ni un segundo y que están constantemente atentos a ella, vigilando sus movimientos.

En nuestra sociedad se suele interpretar como que son niños que han estado “demasiado mimados” o consentidos. ¿Tú lo ves así?
Para nada. En general suele ser lo contrario: las más de las veces han sido cuidados con humor cambiante, a menudo por una madre insegura y temerosa, de forma que el niño nunca supo a qué atenerse y, por tanto, desarrolló un apego ansioso. Lo que suele suceder es que ese niño no se sentirá con la suficiente confianza y su temor será que ella desaparezca. Eso provocará que el niño no pueda separarse y que se detenga el desarrollo de su capacidad para aprender y de su autonomía. El apego tiene una función evolutiva muy clara.

“En la consulta recibimos niños temerosos, que no pueden separarse de su madre un segundo".

A veces los padres piensan que su bebé o su hijo pequeño les “toma el pelo” y que exagera en sus demandas...
Esta posición es una muestra de recelo y desconfianza que lleva a no hacer caso al niño debido a que los padres están convencidos de que el hijo quiere aprovecharse de su buena fe, es algo que genera distancia y antiempatía, y que devuelve al hijo una imagen negativa de sí mismo.

Los bebés también sufren…
A veces sí. Y el sufrimiento, la ansiedad y el estrés son dañinos, sobre todo para un cerebro inmaduro como es el del bebé, y para su evolución, y también para la relación de apego, de amor y de confianza del bebé hacia sus padres.

¿Cómo detectamos si un bebé está sufriendo?
El bebé que sufre puede mostrar su malestar con llanto, desesperación, pérdida de apetito o dificultades para dormir. A veces se desvalorizan estos signos de malestar, pensando que al bebé ya se le pasará, que se acostumbrará y que no sucede nada...

Pero sí sucede...
Cuando los bebés lloran, es mejor tomar siempre sus expresiones como algo serio, puesto que siempre necesitan atención. En caso contrario, se corre el riesgo de que el apego seguro pase a ser apego ansioso, algo que puede afectarles durante toda su vida.

Cuéntanos más de las circunstancias que rodean al desarrollo de un apego ansioso.
Se pueden corresponder con periodos de fuerte ansiedad o con estados depresivos de la madre por causas del entorno o personales. Cuando la madre atraviesa un periodo depresivo, atiende al niño, lo alimenta y lo baña, pero si está decaída, inexpresiva, apagada, cerrada en sí misma, no se muestra muy interesada en su bebé.

¿Cómo responde ese bebé?
El bebé puede reaccionar “apagándose”, desentendiéndose, pasando a un apego evitativo, incorporando rasgos de inseguridad, temor, depresivos en su carácter; incluso desconectando y, si el problema se cronifica, desarrollando rasgos autistas.

Estamos ante el origen de una enfermedad mental…
Por suerte, los bebés están preparados para tener padres que cometen errores. El problema empieza cuando el desencuentro es la regla, cuando es permanente.

¿Los niños piden solo aquello que de verdad necesitan?
Para el desarrollo emocional es siempre mejor hacer caso del malestar del niño. Aunque en algún momento sea verdad que exagera, generalmente lo suele hacer porque está asustado. Incluso es mejor que un hijo en un momento dado nos tome el pelo, que no que, por desconfianza, lo abandonemos a su malestar.
El niño necesita sentirse seguro, comprobar que, ante su sufrimiento, sus padres serán incondicionales, que lo quieren y que lo que a él le sucede es muy importante para ellos, y que estarán allí para apoyarlo, protegerlo y para ayudar a calmar su ansiedad.

Con tu enfoque de la psiquiatría fuiste pionera en España.
Sí, porque en aquel momento no había casi nada. Yo empecé en el Hospital Sant Pau, en el servicio de Folch i Camarasa, que me enseñó mucho. Como otra cosa que tenía en mente era el psicoanálisis, me psicoanalicé. Era algo pionero, los inicios del psicoanálisis en Barcelona en los años 60.

¿Te puedo preguntar la edad?
87 años.

¿Cuántos hijos tienes?
Tengo tres hijos. También tengo seis nietos y dos bisnietos.

¿Y alguno de ellos ha seguido su profesión y se ha hecho psicólogo?
Sí. El mayor es médico, psicoanalista; la segunda es pediatra, pero se dedicó a la atención precoz. Y el tercero es informático. Mi marido también fue psiquiatra. En toda mi familia siempre decimos que somos muy “psi”.

Tu desarrollo profesional lo hiciste formando una familia...
Bueno, porque tenía ayuda. No de mi marido, sino de mis suegros. Venían y me ayudaban con los niños. Si no, no se puede hacer.

¿Qué nos cuentas sobre tus libros de divulgación?
Publiqué mi tesis doctoral sobre dislexia. Luego, para padres: La mejor guardería, tu casa y Aprovecha el tiempo con tus hijos, que es una
segunda versión del anterior.

¿Cuál es el principal mensaje de este libro?
Trato de explicar bien la importancia de una crianza razonable para que el niño crezca y llegue a adulto en las mejores condiciones posibles. Es prevención, no curación. Cuidar bien de los niños, como forma de que evolucione bien el cerebro y de que tenga los menores problemas de salud posibles, no solo mentales...

"Si el niño menor de un año asiste a la guardería veinte horas por semana, la situación es de riesgo".

Háblanos de esos riesgos que trae para la criatura el institucionalizar la crianza, es decir, llevarlo a la guardería...
El psicólogo Jay Belsky, que ha conducido importantes investigaciones en Estados Unidos y en Gran Bretaña sobre la cuestión de la crianza, habla del riesgo psicológico que representa para los niños la asistencia a non maternal care (a cuidados no maternales, que es una forma de referirse a la guardería) más de diez horas semanales si el niño tiene menos de un año.

Estudió a bebés pequeños...
En realidad, él se refiere a niños de unos nueve o diez meses. Ni se le ocurría que niños menores pudieran hallarse en esa situación. Considera que si el niño asiste a una guardería veinte horas por semana, la situación es de riesgo, y que si asiste treinta horas por semana, podemos tener la seguridad de que habrá problemas de agresividad, reacciones antisociales y de desadaptación.

Qué poco ha trascendido un estudio tan importante...
Se refiere también a lo importante que es la edad a la que comienza el niño su asistencia a una institución y considera un riesgo empezar dentro del primer año. A medida que aumentan las horas de asistencia a la institución, aumentan también los problemas de conducta, y de esa manera se incrementa su gravedad.

“Compartí que el problema eran las muchísimas horas de guardería"

Hay padres que creen que la guardería es lo que necesitan los bebés, que es lo mejor para ellos. ¿Cómo han recibido estos padres el mensaje de tu libro?
Hay de todo. La primera versión de este libro apareció porque en un congreso de la Universidad de Murcia, el tema se prestaba a explicarlo desde este ángulo. Les indiqué que el problema eran las muchísimas horas de guardería, sin mucho contacto.
Al acabar, un compañero me dijo: “Si lo ves así, no puedes dejarlo dentro de un cajón. Esto mismo que has explicado hoy, ¿por qué no lo llevas a que lo publiquen?”. Y entonces yo dije: “Bueno, vamos a pensarlo...”. Y el gerente de la Fundación Eulàlia Torras me dijo: “Hay que llamar a ‘La Contra’ de La Vanguardia”. Pero yo era tímida y no estaba para entrevistas...
Me pidió un extracto de lo que yo había dicho. Envió dos o tres folios a La Vanguardia y por la tarde ya me estaba haciendo la entrevista Víctor Amela. Entonces, cuando se publicó, recibí un montón de comentarios de la gente. “¡Qué suerte que usted diga esto! Porque siempre he querido cuidar de mis hijos y me han dicho de maruja para arriba!”. Uno de los padres me dijo: “Yo trabajo en guarderías y a pesar de eso, no he mandado allí a mis hijos”.
En una ocasión, en televisión, el entrevistador me dijo que aunque la guardería había sido un logro de la izquierda, él también había buscado fórmulas para no mandar a sus hijos muchas horas a la guardería. Pero también hubo una que dijo:“No dejen salir a la calle a esta señora, que es un peligro público. Nos quiere inquietar a todos”. Y también había otras madres que me discutían, me decían que ellas necesitaban salir a la calle y a trabajar...

Igual en estos últimos años ha cambiado la conciencia de la necesidad de los bebés, ¿no?
Sí, mucha gente se ha movido. Una compañera de Alicante, que sacó el blog Más tiempo con los hijos, nos pidió a unos colegas y a mí que participásemos en este movimiento, a ver si conseguíamos concienciar a la gente, presionar a la Administración y conseguir ayudas, no es que intentásemos llegar al nivel de Suecia, pero por lo menos conseguir un año de baja maternal para ayudar a los padres.

¿Cómo de cómoda te sientes compartiendo tu visión de este tema?
Cuando me entrevistó el periodista Jaume Barberà, puso detrás un letrero que decía: “Políticamente incorrecta”. Y es que si a estas alturas no puedo decir lo que pienso, con bisnietos y todo... ja, ja, ja.

Fuiste testigo del sufrimiento de muchos niños...
Pero ese sufrimiento es algo que puede ver todo el mundo. Quien no lo ve es porque no lo quiere ver.

Quien no ve el sufrimiento de un niño, igual es porque no puede contactar con el sufrimiento del niño que ha sido. Entonces bloquea su propio dolor y no ve nada.
Después de que se publicase mi entrevista en La Vanguardia, el dueño de la tienda de enfrente de mi casa me dijo: “Qué bien que hace usted en decir esto, porque yo veo llegar niños aquí, a la tienda, y luego los veo cuando van a la guardería... y cambian mucho”.

Del vientre a la guardería

Cada vez más a menudo, antes de que nazca el bebé ya está decidido llevarlo a una institución cuando tenga cuatro meses y la madre o el padre terminen su permiso laboral por maternidad.

Según distintas estadísticas, hoy en día, entre el 40 y el 45 por ciento de los niños comienzan la guardería a los cuatro meses. Antes, hace cuarenta años, llevar a un niño a la guardería a los dos años era llevarlo muy pronto.

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