Entrevista a Ibone Olza

"El parto es un viaje psíquico muy vulnerable"

Reconocida psiquiatra infantil y perinatal, Ibone Olza ha publicado varios libros sobre lo crucial del momento del parto y la maternidad respetada.

Entrevista Ibone Olza

6 de agosto de 2018, 13:00 | Actualizado a

Ibone Olza es psiquiatra infantil y perinatal. Profesora de la Universidad de Alcalá (UAH). Autora de libros como ¿Nacer por cesárea?, Lactivista y Parir: el poder del parto. En el año 2001 cofundó el foro Apoyo Cesáreas y en el 2003 la asociación El Parto es Nuestro.

Entrevista a Ibone Olza

Cuéntanos cómo llega una psiquiatra a escribir un libro sobre el parto.

Dejándose llevar por la vida…La verdad es que, aunque mi vocación siempre fue la psiquiatría infantil, no pensé que terminaría dedicándome a trabajar con los recién nacidos. A raíz de mis propios partos y de la hospitalización de mi segundo hijo en Neonatología fue que empecé a interesarme por la perinatalidad. En aquellos años (finales de los noventa) las UCI neonatales eran lugares durísimos para los bebés, sus padres solo podían visitarles a ciertas horas y pasaban la mayor parte del tiempo solos en incubadoras. Pensé que como psiquiatra infantil podría contribuir a la humanización de los cuidados a los recién nacidos hospitalizados… Posteriormente a raíz de todo ese activismo y de cofundar El Parto es Nuestro fui conociendo y atendiendo a muchas madres que habían tenido partos traumáticos o que deseaban evitarlos, y me impliqué en la formación a los profesionales. Todo ello fue transformando profundamente mi visión del parto.

Describes el parto como un “evento neurohormonal”, ¿qué significa exactamente?

El parto lo dirigen hormonas que se liberan tanto en el cerebro de la madre como en el del bebé, hasta producir un escenario único en la vida, irrepetible: todo lo que entonces sucede queda profundamente grabado. Es bonito comprender cómo la naturaleza ha priorizado que el primer encuentro madre bebé sea amoroso y gozoso.

¿Qué sabemos ahora sobre la psicología del parto?

Esta es una de las preguntas que trato de responder en el nuevo libro. Cuando escuchamos los relatos de mujeres que han vivido un parto fisiológico, encontramos que para la mayoría el parto es un viaje psíquico muy intenso hacia las profundidades del ser…Se caracteriza por un estado alterado de conciencia durante la dilatación. Cuando el parto es respetado, las mujeres salen del mismo sintiéndose poderosas, capaces de cualquier cosa, listas para criar a sus bebés con fuerza y con seguridad en sí mismas.

Esa no es la realidad que viven la mayoría de las mujeres que dan a luz en los hospitales.

Por eso es importante que esto se conozca. Estas investigaciones recientes parten de los relatos que hacen las mujeres, algo que tradicionalmente no se había escuchado y que cambia la comprensión de esa psicología del parto. Un buen parto puede ser muy sanador para la madre.

¿Cómo afectan intervenciones como el uso de oxitocina o la episiotomía a esa vivencia?

Es un tema complejo, por eso hablamos de la cascada de intervenciones. Es importante comprender que cualquier acción de los profesionales que altere ese proceso psíquico de la madre ya es una intervención y puede obstaculizar o detener el parto. Así muchas mujeres se encuentran con el pack completo: al llegar al hospital se paran las contracciones, para acelerarlo se les da oxitocina y se les acuesta en una cama con un monitor, al no poderse mover casi y con la fuerza de las contracciones producidas por el gotero de oxitocina el bebé empieza a sufrir, a recibir menos oxígeno y finalmente hay que sacarlo rápido con fórceps o con cesárea…Es decir, muchas veces las intervenciones son necesarias porque anteriormente se han hecho cosas que complican el parto sin que fuera necesario.

¿Qué consecuencias puede tener un mal parto?

Todo aquello que sucede en el parto, precisamente por esas neuro hormonas, queda muy grabado en la memoria de la madre y en el cuerpo del bebé. Si la madre pasa mucho miedo en el parto por una complicación obstétrica o porque se siente ignorada y ninguneada, puede desencadenare un trastorno de estrés postraumático posparto.

¿Eso qué significa para esa madre?

Esa madre puede estar reviviendo esos momentos de terror durante meses o incluso años con cualquier detalle que recuerde el parto, como ver una embarazada o pasar delante del hospital… Además suele haber mucha rabia y frustración, y dificultades para retomar las relaciones sexuales o para volver a ser atendida por profesionales sanitarios.

En muchos casos el trauma afecta al siguiente embarazo y parto,

Algunas optan por parir en casa para evitar verse en una situación similar, otras piden directamente una cesárea programada o una anestesia general… Es muy importante prevenirlo tratando de manera respetuosa y empática a todas las mujeres, y tratarlo detectándolo a tiempo y ofreciendo una psicoterapia especializada.

¿Y para el recién nacido? ¿Cómo le afecta la manera de nacer?

También para él esa vivencia queda muy grabada. Seguramente lo más dramático para el bebé sea ser separado de su madre nada más nacer.

Que justamente es lo que se acostumbra a hacer...

Sí, lamentablemente. Pero esto supone un estrés inmenso, que es mayor cuanto más se prolongue esa separación, que puede alterar la respuesta al estrés de por vida… Inclusive en su vida adulta.

¿Le seguirá afectando?

Ahora se sabe que por ejemplo las cesáreas programadas se asocian con un aumento de patologías en los niños como el asma o la obesidad. Desde el punto de vista psíquico todavía sabemos poco sobre la huella que deja el nacimiento. Hay experiencias muy interesantes y reveladoras con técnicas como la hipnosis o la regresión de personas adultas que han comprendido que parte de su sufrimiento venía de la manera en que nacieron, pero todavía hay que avanzar en ese conocimiento con estudios científicos.

¿Cómo se trata el trauma de un mal parto?

Lo primero sería comprender todo lo que ha sucedido en el mismo. Es importantísimo hacer una historia detallada de todo lo que aconteció y de cómo lo vivieron la madre y el bebé. Listar todas las intervenciones, pensar en sus consecuencias para la madre y para el bebé. Ver si hay trauma físico y psíquico en ambas partes y ver cómo ha afectado la lactancia…Y estudiar las consecuencias a corto, medio y largo plazo, en la relación de pareja, en la sexualidad…Una vez que se ha completado la valoración hay que diseñar un plan de tratamiento para cada plano o esfera, igual hay que comenzar apoyando la lactancia o cuidando el vínculo y meses después abordar las secuelas del parto en la vida sexual, por ejemplo. Son procesos largos y difíciles por la invisibilidad que suele rodear este tipo de trauma.

¿Todo este conocimiento significa que tiene que cambiar la atención al parto?

Creo que sí, que es inevitable que así sea. Cuanto más nos dicen las neurociencias de todo lo que acontece en el parto, más importante es respetar el proceso interviniendo lo mínimo, solo cuando sea estrictamente necesario.

Ahora sabemos que para que el parto no se complique es muy importante cuidar las emociones de la madre.

Que la mujer se sienta segura, protegida, cuidada, que no se le saque de ese peculiar estado emocional, que se refuerce su confianza en que ella va a poder. Al final del parto es frecuente sentir miedo a morir, o pensar que una ya no puede más. Ahí, en ese momento, es clave el apoyo de la matrona.

Afortunadamente el cambio ya se ha iniciado: en los últimos años muchos profesionales han realizado un esfuerzo loable por actualizar sus prácticas y ofrecer una atención al parto basada en la evidencia.

En Parir... también hablas del sufrimiento de los profesionales de la atención al parto, ¿a qué te refieres?

Muchísimas matronas, obstetras, pediatras, sufren por la manera en que se atienden los partos hoy en día. Se encuentran ante un conflicto repetido: a menudo ellas saben que a la madre se le están aplicando procedimientos o técnicas que no están indicadas y que obstaculizan el parto, pero no pueden impedirlo.

En algunos casos la atención es claramente violenta.

Mujeres a las que se les castiga por haber presentado un plan de parto, o se les hace una cesárea solo porque es la hora de irse a dormir, o se les programa una inducción para cuadrar la agenda vacacional del médico…En esas situaciones algunas profesionales se enfrentan a un verdadero dilema moral, temen perder sus puestos de trabajo si se oponen a hacer intervenciones no necesarias, o se sienten cómplices de esa violencia obstétrica. Son situaciones complejas que requieren un debate colectivo y social sobre qué tipo de recibimiento queremos brindar a los bebés que nacen y a sus madres.

¿Cómo tendría que ser la atención al parto?

Decididamente de manera cuidadosa e individualizada. Es absurdo que dejemos un momento tan especial y delicado en manos de desconocidos con el riesgo que ello supone. Idealmente el parto lo deberían atender matronas que ya conocieran a la mujer desde la gestación o incluso antes, en equipo con obstetras a los que recurrir si hay patología o surgen complicaciones. Teniendo siempre presente que incluso si hay que hacer una cesárea o usar unos fórceps hay que seguir respetando ese momento casi sagrado que es el nacimiento de un ser humano.

Etiquetas:  Maternidad Bebés

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