Entrevista Marc Antoni Broggi

"Si morir es inevitable, morir mal no debería serlo"

Todavía es un tabú, pero hemos de apropiarnos al máximo de la propia muerte. No se trata de luchar contra la enfermedad hasta el final, sino de ayudar y saber parar.

Eva Millet

Marc Antoni Broggi

30 de junio de 2017, 13:27 | Actualizado a

Marc Antoni Broggi, como cirujano, y presidente del Comité de Bioética de Cataluña, lleva años involucrado en el siempre espinoso tema de la muerte. Su larga experiencia profesional le ha procurado un conocimiento práctico sobre una cuestión que, de entrada, es tabú, pero cuya gestión a nivel médico ha experimentado una auténtica revolución en los últimos años.

En su libro Por una muerte apropiada (Anagrama), Marc Antoni Broggi recoge estas innovaciones, explica qué es una buena práctica en estos momentos y cómo hay que gestionar este trance. Su lectura no deja de ser un primer round en un enfrentamiento que es necesario porque, como asegura Broggi: “Si morir es inevitable, morir mal no debería serlo”.

¿Por qué un libro sobre el morir apropiadamente?

Es una inquietud que siempre he sentido, pero el hecho desencadenante es el trabajo que hicimos en el Comité de Bioética de Cataluña sobre el tratamiento de los pacientes al final de la vida, donde existían carencias importantes. Hicimos una serie de recomendaciones a los profesionales, que ahora se reorientan para el público en general en este libro, a fin de informar sobre los cambios que ha habido, los nuevos derechos y modos de implicación.

Morir apropiadamente era tabú en la medicina en España. Ni siquiera existían unidades especializadas de curas paliativas, ¿verdad?

Sí. Los departamentos de curas paliativas son una revolución dentro de los tratamientos de estos enfermos. Cataluña fue una de las pioneras, a finales de los 80, y después se fue extendiendo al resto de España. Yo me dirijo a la gente para que sepa que existen estas cosas, porque la muerte es un tema que se desconoce mucho.

¿Por qué sucede esto? ¿No se quiere afrontar?

La muerte no es un tema agradable; preferimos vivir de espaldas a ella. Y aunque no pensar demasiado en ella es sano, también es sano hacerlo cuando se necesita. Y para esto sí que es imprescindible una cierta preparación.

¿El morir bien es un concepto individual o cultural?

Hay cosas generales: todo el mundo está de acuerdo en que morir bien es morir sin dolor. Pero es cierto que hay una gran parte de anhelos que son personales. Además, cada situación es diferente, por lo que es bueno no tener una idea muy preconcebida de lo que quieres cuando llegue el momento, para adaptarse a las circunstancias.

¿Algún ejemplo?

Alguien puede estar convencido de que quiere morir en casa, pero no siempre es posible... Uno ha de aprender a adaptarse a las situaciones que vayan a venir, pero, por otro lado, también ha de apropiarse al máximo de su propia muerte. De ahí el título del libro.

¿Cómo explicamos el significados de la palabra apropiada?

Una muerte tuya y, al mismo tiempo, correcta. Que, además, me permita apropiarme de ella o, por lo menos, que no se me expropie el decidir sobre ella. La gente debería tener una ayuda médica a su lado en esos momentos, pero para utilizarla según sus conveniencias, no según las conveniencias de otros.

¿Y si uno no está en condiciones para pedir o para decidir qué quiere?

Por eso hemos instituido aspectos como que el enfermo pueda hacer un documento de voluntad anticipada (lo que antes se conocía como el testamento vital), donde quede claro que lo que quiere no puede ser contradicho y, sobre todo, que lo que no quiere no se le imponga.

Evitar el dolor es algo básico para una muerte apropiada. Pero, ¿puede medirse el dolor de una forma clara?

Se ha de partir de la base de que el dolor, el sufrimiento (y no hace falta que sea físico), es subjetivo. Es quien lo experimenta quien señala cuál es el grado. Por lo tanto, hemos de hacer caso al paciente. Es evidente que entre los profesionales hay una experiencia y unas formas de saber si una persona tiene dolor, pero es importante que el dolor se vea como una experiencia personal y que la ayuda que hemos de dar al enfermo debe ser definida por él.

¿La tecnología se ha convertido en un enemigo de la muerte apropiada?

Hoy, las posibilidades médicas para alargar la vida son enormes y eso puede resultar un problema. Antes, lo que se podía hacer era muy poco, y este poco se había de intentar (era aquello de “doctor, haga todo lo posible...”), pero ahora lo que se puede hacer para prolongar la vida es tanto que podemos llevar al enfermo a una situación que no querría. Es aquí donde empieza el conflicto. El cambio habría de ser del “haga todo lo posible” a “haga todo lo conveniente”.

Sin embargo, siguen dándose auténticos vía crucis en pacientes terminales. ¿Qué los propulsa, el miedo a morir o la arrogancia médica?

Hay de todo. Por un lado, la gente que no tiene claro que llega un momento en el que has de decir basta. Por otro, los profesionales que se han educado más para luchar contra la enfermedad que en ayudar al enfermo. Ese es el cambio fundamental: no se trata de luchar contra la enfermedad siempre, sino de ayudar al enfermo y saber parar.

¿Aquí entraría la empatía de la que habla en su libro?

Sí, la compasión o empatía es un valor esencial para dar un buen acompañamiento. Además, obliga a los profesionales a personalizar los pasos a seguir. Pero a veces, parar o no, no es un problema de los médicos, sino de los familiares del enfermo, que no entienden que, a veces, su conciencia se queda tranquila (con aquello de “hacer todo lo posible”) a costa del sufrimiento del paciente.

Hay que saber dejar ir...

Este es el objetivo de mi libro, entender que este cambio de mentalidad es posible y que es posible hacerlo bien si se tienen en cuenta dos actuaciones básicas: luchar contra el dolor e impedir que se hagan cosas que la persona no querría. Y que se hagan con valores, como la compasión y la empatía.

¿Uno tiene que aprender a prepararse para su muerte?

Sí, es bueno tener una cierta preparación. Siempre se está a tiempo de prepararse para morir. Para ello se tiene que ver que la muerte es algo inevitable y que tan inevitable como morir es la vida que queda hasta ese momento. Y, aunque esta sea corta, ha de aprovecharse para redondear la vida. La manera de hacerlo es saber ver que la vida existía antes de ti y seguirá existiendo después, que tú has tenido la suerte de verla, vivirla y de estar con los tuyos.

¿Se necesita humildad para morir bien?

Se necesita adquirir una nueva humildad a la hora de morir. Es normal que durante la vida estés bastante contento con ella, pero hay un momento en el que te has de retirar un poco... antes de retirarte completamente.

¿El miedo es un factor que distorsiona este viaje?

Sí, el de todos: de los profesionales, de los familiares y del afectado. Uno de los valores a reivindicar es precisamente el coraje de aproximarse a la persona que se está muriendo para ayudarle. El miedo es lógico, pero se ha de vencer para acercarse a estos problemas.

¿Siempre se debería morir acompañado?

Hay gente que dice que todos morimos solos porque es una experiencia muy íntima. Esta soledad quizá la siente todo el que va a morir, pero hay que distinguir entre la soledad y el abandono. Nadie debería sentirse abandonado en este trance, y todos (profesionales, familiares, amigos...) deberíamos cooperar para que el enfermo nunca se sienta así.

¿A nivel profesional, puede llegar uno a familiarizarse con la muerte?

Sí, lo has de hacer. Aunque ello no implica que no te afecte. La profesionalidad no significa ser frío delante del dolor y el sufrimiento, sino saber verlos, saber ayudar y no quedar destruido por su proximidad.

¿Se siente más preparado para su muerte después de todo este trabajo?

Sí, pero no porque haya escrito el libro, sino porque siempre me ha interesado prepararme. De todas formas, le digo que hasta que no me encuentre con ella no sabré si lo estoy o no.

Etiquetas:  Duelo Salud

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