Creciendo juntas

¿Qué es un círculo de mujeres?

Estos espacios las hacen sentirse escuchadas, valoradas e integradas en algo más grande. También les ayudan a madurar y a transformar problemas y emociones en conciencia y sabiduría.

Núria Badia

círculos mujeres que son

31 de julio de 2018, 11:59 | Actualizado a

Cuando Alicia Pometti y yo nos conocimos, surgió el deseo común de visibilizar y compartir con otras mujeres esa sabiduría femenina que a menudo la sociedad ignora, negándonos el lugar de poder que nos corresponde.

Le hablé de la increíble experiencia interior que fue para mí leer Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, y decidimos crear un círculo con el apoyo de la asociación SerHacer de Vigo.

Desde hace año y medio, un grupo de mujeres se reúne en un círculo de apoyo y complicidad.

¿Cómo establecer un círculo de mujeres?

Empezamos por definir los objetivos: queríamos un lugar donde poder abrirnos emocionalmente con seguridad y en el que nos aportáramos acogida, escucha, facilidad, generosidad y complicidad. Un espacio de apoyo y confianza mutuos que nos infundiera valor y alegría de vivir.

Iniciamos la andadura con un pequeño grupo de mujeres prácticamente desconocidas. Decidimos reunirnos una vez cada quince días; el único requisito era (y sigue siendo) comprometerse con la asistencia y haber leído el capítulo que estemos trabajando.

Cualquiera puede coordinarlo y cualquiera, también, formar un nuevo círculo. “Cuando vi el anuncio recordé que yo también había sido una loba”, cuenta Estela. “Me encontraba perdida y sentía la necesidad de recuperar mi esencia. Decidí asumir el reto de confiar en mujeres que no conocía y que, con el tiempo, han llegado a ser amigas y confidentes.”

Misión: desnudar el alma

La misión del círculo es alimentar y cuidar nuestra naturaleza instintiva femenina, profundamente estudiada en el libro de Pinkola Estés a través de su arquetipo representativo: la mujer salvaje.

“En nuestras reuniones, cada una lee las frases que más le han impactado y que resuenan con sus experiencias”, dice Maruxa.

Partiendo de estos contenidos, entablamos un diálogo-debate-conexión-apertura, entre el tema psíquico que se está tratando y las emociones, reflexiones y circunstancias personales de cada una: intentamos traspasar las fronteras del miedo, abrir nuestras heridas e intercambiar puntos de vista, sugerir posibles soluciones o, simplemente, escuchar sin prejuicios los problemas del alma de cada una, y del grupo, que van surgiendo.

“Cada una es el espejo donde se reflejan las demás para aprender, crecer y evolucionar. Descubrimos que todas somos Una”.

La máxima es la confidencialidad, el no juzgar ni ser juzgada: “Nos apoyamos unas a otras desde nuestra perfecta imperfección”, asegura Estela. “En el círculo se genera una energía especial, fruto de la unión de mujeres muy distintas en apariencia, pero con la misma intuición y la misma fuerza interior”, afirma Susana.

Resultados: el crecimiento de una y de todas

La experiencia está siendo extraordinariamente positiva, amorosa y de un valor incuestionable para nuestro crecimiento individual y grupal.

Nos sentimos apoyadas, integradas en algo más grande y acogedor, valoradas y escuchadas. Estamos estrechamente vinculadas a un espacio mágico y de poder donde podemos transmutar problemas y emociones en conciencia y sabiduría.

Intentamos traspasar las fronteras del miedo, abrir las heridas e intercambiar puntos de vista.

  • “Es un lugar donde aprendo a encontrarme a mí misma”, asegura Custodia.
  • “Gracias al grupo, he podido desarrollar mayor confianza en mí y en las demás; me he vuelto más empática, más compasiva”, confiesa Ofelia.
  • “El círculo funciona como un hilo conductor de energía, casi siempre positiva, pero alguna vez también negativa; y lo estupendo es que podemos deshacernos de ella porque tenemos como norma solucionar lo que nos impide avanzar”.

Somos mujeres valientes, con una gran necesidad de amar, comprender y, sobre todo, crecer, madurar; ir al encuentro de nuestra mujer salvaje, la mujer ancestral que habita nuestra piel y nuestros huesos, nuestras células y nuestra memoria.

Desde aquí quiero expresar nuestro infinito agradecimiento y animaros a crear espacios como este.

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