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Salud psicológica

Cómo devolver el equilibrio a tu vida

Restaura tu bienestar psicológico y físico conociendo varias claves de la medicina tradicional.

Enric Costa Vercher

16 de enero de 2017, 12:42 | Actualizado a

En la medicina tradicional, la salud depende del equilibrio entre los cinco elementos y su relación con los sentidos, las constantes físicas, los temperamentos y las actitudes mentales. Cuando esa armonía se rompe, aparece la enfermedad y solo a través de su restablecimiento se da una auténtica curación.

La mejor descripción de los cinco elementos, de sus características y de sus propiedades, nos la proporciona el Sankhya, que es una de las doctrinas o visiones cosmogónicas de la tradición hindú. El éter es el primer elemento y contiene en su esencia a todos los demás; después, el aire contiene y produce el fuego y a los que vienen detrás de este; el fuego produce el agua y la tierra; el agua produce la tierra, y la tierra no es productora de ningún otro elemento: es el más denso y pesado. Estos cinco elementos son completamente necesarios para que todos los seres puedan tener realidad, puedan existir. No se puede carecer de ninguno de ellos: cada ser tiene un equilibrio dinámico de los cinco elementos que le caracteriza como individuo sano; si se rompe, aparece la enfermedad. Y si se vuelve a restablecer el equilibrio perdido, el individuo recupera la salud.

Devuelve el equilibrio a tu existencia

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que la medicina tradicional de todas las culturas se resume en el conocimiento de los elementos y de cómo servirse de ellos de acuerdo con las leyes naturales para mantener la salud y alejar la enfermedad.

Cada uno de los elementos se corresponde con un órgano de los sentidos y con su función: el éter se relaciona con el oído y la audición; el aire, con la piel y el tacto; el fuego, con los ojos y la vista; el agua, con la boca y el gusto, y la tierra, con la nariz y el olfato. Esta correspondencia entre elementos y funciones sirve a la medicina tradicional para estudiar las enfermedades que pueden aparecer cuando los cinco elementos están en desorden o desequilibrados.

Medicina tradicional para recuperar el bienestar

A pesar de las coincidencias, la tradición médica china no habla de elementos sino de “movimientos” y los nombra de forma diferente, al menos en la bibliografía de la que disponemos en Occidente.

Por la dificultad que supone la traslación del lenguaje ideográfico chino a una lengua occidental, el erudito y diplomático francés George Soulié de Morant, su primer traductor, confundió la tierra y el metal. Las equivalencias exactas entre los elementos de la tradición hindú y los de la tradición taoísta y budista china son las siguientes: el éter se corresponde con el movimiento tierra, el aire con la madera, el fuego con el fuego, el agua con el agua y la tierra con el metal.

Los 4 elementos del temperamento y de la salud

La diferente denominación –en un caso “elementos” y en otro “movimientos”– se debe a los dos modos distintos de describir la realidad que tienen las dos tradiciones.

La concepción hindú (de la que deriva la concepción occidental) concentra su atención en la estructura material de los elementos, mientras que en la concepción china prima la atención en la estructura energética o las características dinámicas de esos elementos. Esta diferencia fue integrada sin contradicción por los antiguos médicos occidentales, que describieron cuatro grandes tipos de estructura orgánica de las personas según el elemento preponderante (excepto el éter, por ser este un elemento inmaterial): constituciones de tierra, agua, fuego y aire.

Sin embargo, la conducta y la actitud mental de los individuos que respondían a estas constituciones físicas no recibieron el nombre de los elementos, sino los de los cuatro temperamentos: colérico, sanguíneo, melancólico y flemático. La reacción de cada uno de ellos ante el medio o la realidad es diferente, así como también sus actitudes y estados mentales. Sus características principales son:

1. Colérico

Este “temperamento” responde a la constitución fuego. Se trata de un individuo egocéntrico y autoritario, pertinaz, tozudo y con tendencias paranoico-obsesivas, cuyo origen está en una sobrevaloración del ego.

2. Sanguíneo

Por su constitución aire, es una persona móvil e inestable, extrovertida y amante de la comunicación, con tendencia a la dispersión mental y a la carencia de concentración, lo cual suele llevarle a cuadros de ansiedad y agitación.

3. Melancólico

Se corresponde a la constitución agua. Tiene tendencia a la apatía y la tristeza, con fobias y complejos que le impiden actuar, gran memoria emocional y tendencia mental a la resignación y la depresión.

4. Flemático

Un individuo de constitución tierra es poco emotivo. En cambio, es reflexivo y detallista. Puede llegar a ser un tiquismiquis, un obsesivo compulsivo en la obtención de objetos. En exceso, puede aparecer el síndrome de Diógenes (no desprenderse ni de la basura).

Para la medicina tradicional existía, pues, una coincidencia entre la constitución física y el temperamento o forma de reaccionar psicofísicamente ante la realidad. Consecuentemente, su medicina era psicosomática, holística, integral. De este modo, la salud física y el equilibrio mental requieren que los elementos y temperamentos se mantengan en armonía. A ese conocimiento responden la sentencia del templo de Esculapio, dios clásico de la medicina y la curación: “Nada en exceso”, y el consejo del Buda al indicar “el camino del medio”.

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