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Minimalismo vital: 5 consejos para simplificar tu vida

Acumulamos cosas, compromisos, información... hasta llenar nuestro día a día de complicaciones innecesarias. Libérate de ellas y recupera tus energías vitales.

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8 de agosto de 2018, 15:30 | Actualizado a

La única manera de liberar tiempo, dinero y energías para nuestras verdaderas prioridades es empezar a eliminar de nuestro día a día todo aquello que no es indispensable y que además nos complica la existencia.

La vida es como un buen plato: cuando los ingredientes son pocos y de alta calidad, apenas necesita preparación y se disfruta más.

1 ¿Por qué te complicas la vida?

En su bestseller Simplifica tu vida, Elaine St. James afirmaba: “Mantener una vida complicada es una gran manera de evitar cambiarla”. La primera pregunta que debemos hacernos es por qué necesitamos llenar todos los huecos de nuestra agenda y poseer tantas cosas que acabamos no utilizando y que nos sobrecargan la vida.

¿A qué tenemos miedo? St. James empezó a responderse a sí misma en un refugio de montaña donde redactó una lista de cosas que podía eliminar para comenzar a simplificar su vida.

2. Practica el minimalismo vital

Siguiendo el principio de Pareto, también llamado Regla del 80/20, el 20 por ciento de las cosas son las que nos aportan el 80 por ciento de la felicidad. Esto es aplicable a los amigos, si son pocos y buenos, pero también a algo tan cotidiano como las prendas de ropa. Si tenemos diez camisas en el armario, pero casi siempre nos ponemos dos, las que nos sientan bien y nos resultan cómodas, ¿por qué no regalamos el resto a una organización benéfica?

El “menos es más” es la base para simplificar nuestra vida. Tener menos cosas y de mayor calidad, con lo cual también suelen durar más, reduce el estrés de la elección y la acumulación.

3. Ordena por fuera y por dentro

“Como es adentro, es afuera”, reza el Kybalión. El lugar donde vivimos es un reflejo de nuestro interior, y viceversa. Si aspiras a funcionar de forma más sencilla y relajada, despréndete de todo lo que tienes en casa y no necesitas, especialmente las cosas almacenadas que acumulan polvo.

Un método muy eficaz es poner una etiqueta con una fecha a todo aquello que guardemos “provisionalmente” en una caja. Si al cumplirse un año –o a lo sumo, dos– no has necesitado abrir la caja, puedes regalar su contenido, porque se habrá demostrado que no lo necesitas.

4. Lo que no suma, resta

Examinar nuestros hábitos de compra y de vida es la mejor manera de empezar la criba. Puedes hacer una lista de todas aquellas cosas que haces
repetidamente: compras recurrentes, cursos y reuniones, citas frecuentes con amigos y conocidos…

Las dos preguntas clave son: ¿Cuáles de estas actividades enriquecen o facilitan mi vida? ¿Cuáles me generan problemas o agotamiento? Las primeras suman, y merece la pena mantenerlas; sin embargo, las segundas restan y prescindir de ellas aligerará tu vida.

5. El dinero también es tiempo

Dando la vuelta al viejo refrán, todo aquello que ganamos con dinero nos lo acaban cobrando en forma de tiempo, que es la única divisa que no se puede reponer. Un gasto mensual excesivo nos obligará a trabajar más horas –especialmente, en el caso de los autónomos– con lo cual, el tiempo del que disponemos para vivir se irá reduciendo, e incluso el poco que nos quede estará condicionado por el agobio financiero.

El proceso contrario es el llamado downshifting: recobrar tiempo y paz mental a cambio de asumir menos responsabilidades, tiempo de trabajo y sueldo. Vivir a crédito significa, en la práctica, hipotecar nuestra existencia.

6 Cambia el sí por un "no, pero..."

Una gran fuente de complicación vital es el hábito de aceptar todo lo que nos proponen, al creer que, si nos negamos, podemos perder la estima de la gente.

Cada “sí” que en realidad no deseamos dar dificulta nuestra vida.

Por lo tanto, simplificar pasa por practicar el “no” para liberarte de todos los compromisos y obligaciones innecesarios. Lógicamente, hay peticiones de personas queridas que no se pueden rechazar de forma tajante, así que una buena solución es añadir siempre un “pero…” que ofrezca una alternativa a esa demanda.

7. Simplifica con el kaizen

La desorganización nos hace ir a comprar a última hora –y más caro– en la tienda abierta de noche, entre otros parches para salir del paso.

Para solucionarlo, la filosofía del kaizen recomienda una pequeña mejora diaria para un gran cambio. Aunque nos fijemos solo cada semana un “objetivo de simplificación” –una compra grande al mes, renunciar a la tarjeta de crédito, liberarnos de trastos cada día de recogida de muebles–, al cabo de un año habremos transformado nuestra existencia.

8. Limita la información: desinfoxícate

No solo poseemos demasiadas cosas y gastamos mucho dinero a menudo en lo que no necesitamos. También en el ámbito informativo saturamos nuestra mente con más inputs de los que podemos procesar, lo cual nos suele generar una sensación de agobio y fatiga.

Este fenómeno es lo que Alfons Cornella denomina infoxicación: la intoxicación por un caudal excesivo y constante de estímulos que no somos capaces de procesar. La solución es poner un horario restringido a las noticias y redes sociales, liberando espacio para relajarnos, estar con nuestros seres queridos y seguir las propias prioridades.

9. Practica el mindfulness

El llamado multitasking –hacer muchas cosas a la vez– es otra forma de complicarnos la vida absurdamente, ya que lo único que logramos es agotarnos más rápidamente y multiplicar los fallos que al final nos hacen perder tiempo.

La simplicidad de los monjes zen que ponen toda su atención en una sola cosa –lavar patatas, caminar, meditar–, que ha inspirado el mindfulness, encierra otra gran clave para la vida simple.

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