Acepta la incertidumbre

Dudo, luego decido: así tomamos decisiones

Solemos estigmatizar la duda, pero es el paso previo y esencial en todo proceso de decisión. Integrar las dudas en nuestros razonamientos nos lleva al camino del acierto. Sin duda.

Sergio Sinay

como tomar decisiones duda incertidumbre

19 de diciembre de 2018, 19:53 | Actualizado a

Durante todo el día tomamos y ejecutamos muchas decisiones. Algunas de ellas son conscientes; la mayoría, no. Escogemos cómo vestirnos, el plato de la carta y aunque no lo sepamos, nos decidimos por una palabra en lugar de otra al dialogar. Las situaciones en que no existe opción son muy pocas.

¿Por qué llevas esa ropa y no otra? ¿Por qué almuerzas un bocadillo de queso? No es casualidad...

Frente a una realidad de múltiples opciones, es imposible no dudar y, consecuentemente, no decidir, ya sea por acción o por omisión.

Duda y decisión, partes de un todo

Dudamos y decidimos, y a menudo lo hacemos del mismo modo en que respiramos: inconscientemente. Estamos vivos gracias a que respiramos, del mismo modo que somos responsables de nuestras vidas gracias a que hemos resuelto dudas y hemos tomado decisiones.

En general, se piensa en duda y decisión como términos opuestos. Y de ahí se suele deducir que quien sabe decidir nunca duda, y que aquel que duda no toma decisiones sólidas. Pero duda y decisión son, en realidad, términos consecuentes y complementarios, uno sigue al otro y resultan partes esenciales de un proceso de resolución de situaciones.

El diálogo interior

La duda la dispara normalmente un factor externo. Por ejemplo, una opción laboral o profesional. Aunque el detonante sea externo, el verdadero antagonismo se da en nuestro interior.

Una parte de mí quiere una cosa y otra parte, lo contrario. Así somos, universos en los cuales reina la diversidad. Estamos constituidos por múltiples aspectos: temerosos y valientes, generosos y avaros, lúcidos y confusos... Quedarse con solo uno sería una radiografía incompleta de nosotros mismos.

Ante una duda, se pone en movimiento dentro de nosotros un rico mecanismo que podemos comparar con una obra de teatro. En ella, los personajes - nuestros diversos aspectos - dialogan y, al final, llegan a un pacto por esta razón, en el mismo proceso de decidir se nos presenta una valiosa información sobre nuestros aspectos interiores.

Dudar para aprender

Habitualmente se confunde decisión con acción. Se piensa que alguien pasivo no toma decisiones. Pero hay formas pasivas, silenciosas, inmóviles de decidir. Hace miles de años, el maestro chino Sun Zu afirmó, en El arte de la guerra, que el mejor guerrero es el que gana sus batallas sin combatir.

Resuelve tus problemas... sin hacer nada

Descubre el método Wu Wei

Resuelve tus problemas... sin hacer nada

Aquí hay una decisión. Este estilo de decisión no reniega de la duda, la integra, porque no convierte a la persona en alguien dubitativo, sino en un buen evaluador. El periodo de duda nos permite comprobar si las opciones que se nos presentan ante una situación son de la misma envergadura, de la misma trascendencia.

La duda es un estado transitorio. Siempre se resuelve, incluso cuando parece que no. La persona que dice "No sé, decídelo tú por mí" ha hecho, aunque de manera subliminal, una evaluación y ha tomado una decisión: que lo decida el otro.

Aceptar la duda, discriminar sus componentes, permitirnos escuchar nuestros argumentos internos, quizás antagónicos, nos ayudará a hacer de ella un proceso de aprendizaje, de autoconocimiento y de transformación personal.

Es muy importante que una decisión mis diferentes argumentos y acepto mis propios desacuerdos, dejaré espacio a un factor fundamental: el arrepentimiento. Es primordial que cualquier decisión consciente lo haga. Si dejo espacio para el arrepentimiento, podré darme cuenta de si necesito cambiar mi decisión, postergarla o cancelarla. En cualquiera de los casos no haré de mí un culpable. Seré responsable.

Vivir la incertidumbre

Incertidumbre no es confusión, no es duda, no es indecisión. Se trata, sencillamente, del estado que tiñe las situaciones que nos involucran como pasajeros, pero no como conductores. En estos momentos no hay duda por resolver ni decisión por tomar. Con la incertidumbre se vive y solo se trata de hacerlo en los mejores términos posibles.

Hay situaciones de la vida que nos involucran y no controlamos. Entonces es cuando surge la incertidumbre.

En cuanto a la duda, podemos creer que se nos presenta como una maestra para que, al atravesarla, podamos descubrir qué parte de verdad hay en cada una de las alternativas que se nos ofrecen. Si lo conseguimos, si podemos reconocer lo esencialmente válido de cada opción, se reducirán los márgenes de error.

Las dudas no se cancelan ni se descartan, se resuelven. Resolver una duda es, muchas veces, crear una nueva forma, una opción que antes no existía. Por eso, aprender a dudar es aprender a decidir. Y cuando lo entendemos de esta manera, decidir de un modo consciente y responsable, más allá de los resultados, será una manera de estar en paz con nosotros mismos.