Experimenta

El cuerpo nos habla de emociones

Nuestro malestar desaparece cuando podemos experimentar nuestras emociones con libertad y desde una buena conexión con el propio cuerpo. ¿Lo probamos?

liberar tus emociones

5 de enero de 2018, 13:08 | Actualizado a

Ahora mismo está ocurriendo algo en ti que empezó hace tiempo, concretamente en el momento de tu nacimiento, y que finalizará cuando fallezcas. Solo te pido que, para descubrirlo, prestes un poco de atención a algunos asuntos que te propongo en este artículo.

Una pequeña distracción que me gusta mucho, y que seguramente tú también has practicado en alguna ocasión, es la de sentarse en algún lugar concurrido y ver pasar a la gente observando la gran cantidad de formas de caminar y moverse.

Cuando miramos con más detenimiento, es fácil percatarse de que, detrás de esos movimientos, hay una persona con una forma corporal y unos gestos concretos. A veces he pensado qué me sugerían esas formas y han aparecido palabras como “rabia”, “miedo”, “alegría”, “ira”… curiosamente, palabras que corresponden a emociones.

Otras veces, me he preguntado cómo debe de ser vivir en ese cuerpo tan diferente al mío, cómo serán esas sensaciones corporales tanto internas como externas y cómo facilitan o dificultan la vivencia de las emociones a las que me refería antes.

Hoy sabemos que las emociones son estados del organismo innatos y comunes a todas las personas. Nadie tiene que enseñar a alguien a estar triste o furioso, ya que las emociones están compuestas por poderosas sensaciones corporales que se organizan en un comportamiento.

Experimentar libres

Las emociones son respuestas del organismo a nuestro estado y nos dicen qué hacer con él. Si, por ejemplo, perdemos el contacto con un ser querido, el cuerpo experimenta una serie de cambios. Entonces decimos que “estamos tristes” y, según la intensidad del estado emocional y si no lo reprimimos, acabamos por llorar. Finalmente, llorar proporciona alivio y se obtiene consuelo de los demás.

La cólera es una reacción de sacudirse algo irritante de encima y el miedo es una declaración de que existe un peligro y, además, una acción para buscar ayuda. Como podemos apreciar, las emociones buscan un cambio de las situaciones externas y, al mismo tiempo, un cambio interno de la sensación corporal. En muchas ocasiones, piden hacer terapia aquellas personas que buscan ayuda para “expresar sus emociones”.

No es un problema de expresión lo que provoca su malestar sino un problema de poder volver a experimentar libremente esa emoción.

Si una persona en algún momento de su vida cree que va a dejar de ser amada o que va a ser despreciada por mostrar su tristeza y llorar, y que esa pérdida de amor será peor que quedar sin consuelo, está claro que su organismo empieza a desarrollar los mecanismos respiratorios y posturales adecuados para amortiguar las sensaciones corporales que puedan llevar a la vivencia y descarga de la tristeza a través del llanto.

El ejemplo anterior es aplicable a cualquier otro tipo de emoción; o sea que, cada vez voy a sentirme menos triste, o menos colérico, e incluso menos alegre. Y, paralelamente, me sentiré peor ya que, al inhibir la emoción, el cuerpo, de alguna forma, enferma.

Alexander Lowen, uno de los grandes difusores de la Bioenergética, decía: “Cuando una persona tiene una depresión es el cuerpo el que se deprime”. La inmensa mayoría de las formas de dejar de sentir se traduce en bloqueos corporales que a su vez se concretan en estructuras fijas, en formas de moverse fosilizadas.

Permitir el cambio

Recuerdo a un paciente que decía que nunca se enfadaba y cuya queja constante era: “Los demás se aprovechan de mí porque soy demasiado bueno”. Se quejaba con voz sumisa mientras cerraba con fuerza su puño izquierdo. Aquel hombre pudo empezar a decir “no” a las demandas excesivas de los demás tras conseguir golpear con fuerza un cojín con el puño.

Después se deshizo en un llanto triste y hondo mientras recordaba todas las veces que le habían prometido algo y después se lo habían negado. Como él, todos somos un organismo en proceso de cambio continuo, no somos un organismo estático y aislado del entorno.

Nuestro cuerpo percibe el contacto con los otros y se emociona, y desde esa realidad interactuamos y notamos la emoción del otro recibiendo una “nutrición” emocional, lo cual hace que nuestro organismo tenga una posibilidad de cambio y también de enriquecimiento. En la medida en que tomamos conciencia de nuestras zonas de rigidez emocional y, por tanto, de bloqueo físico, tenemos una posibilidad de hacer algo diferente y desarrollarnos como personas.

Podemos poner rígido el cuerpo para espantar a los otros, pero también puede darnos miedo dañarlos y acabamos rígidos y temerosos al mismo tiempo. Igualmente, si no conseguimos algo, hinchamos el tórax actuando como si fuéramos muy importantes con la finalidad inconfesable de que nos acepten incondicionalmente. Podemos estar tan desilusionados que, agotados, dejemos caer el cuerpo y nuestra mirada hasta la flacidez, en la resignación y la derrota.

Pero estas no son más que formas de presentarnos ante el mundo. No son una “identidad inamovible y determinante” sino creencias que podemos cambiar a través de un trabajo personal para conectar con nuestras emociones y sensaciones corporales, confiando en la regulación y sabiduría como organismo que tiende a la salud y al equilibrio con el entorno y consigo mismo.

Sanamos al conectar

Es el contacto con los demás, el contacto emocional y corporal lo que nos sana. A través de él podemos vivir la comunicación, la vulnerabilidad y la intimidad.

El amor y la intimidad modifican nuestra expresión emocional al permitir experiencias más profundas en las que las creencias y las defensas están menos presentes, en las que podemos recuperar la espontaneidad y la confianza en la bondad de todas nuestras emociones. Favoreciendo una cierta circulación energética en el cuerpo, que es fácil de mantener a partir de pequeños estiramientos o de movimiento que nos permitan mantenerlo flexible y consciente.

Ahora, mientras sigues sosteniendo esta revista, puede que empieces a sospechar que lo que está ocurriendo en ti y que empezó cuando naciste es una realidad que puedes elegir, si confías en tu cuerpo y en lo que él te dice con tus emociones.

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