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Cómo evitar que las dudas nos paralicen

En los momentos clave de la vida o el deporte, si dudamos, fallamos. El bloqueo que sufrimos limita nuestras capacidades y nos impide superarnos.

Gaspar Hernández

dudas nos paralizan

18 de julio de 2018, 11:47 | Actualizado a

Necesitamos dudar; solo los autómatas no dudan. La duda nos suele ayudar a discernir, a solucionar problemas, a llegar a conclusiones. Sin embargo, hay dudas mantenidas en el tiempo que pueden ser contraproducentes.

Dudar es sinónimo de inteligencia, pero puede paralizarnos.

Un reciente estudio de la Universidad de Liverpool revela que dar vueltas a un mismo problema nos puede conducir a la ansiedad y la depresión, las patologías mentales más comunes en el reino Unido. El estudio concluye que es mayor el impacto psicológico del pensamiento compulsivo –pensar una y otra vez en algo que nos preocupa o que sucedió en el pasado o que tememos del futuro– que el impacto psicológico del propio problema que creemos estar resolviendo.

Y luego están las dudas que nos paralizan. La psicóloga Ivonne Anzola, terapeuta psicocorporal especializada en rendimiento deportivo, trabaja con muchos deportistas y es una gran amante del golf. Y de la práctica del golf ha aprendido una lección muy importante: “Si dudas, fallas”. En el golf, o en los momentos clave de la vida, si dudamos, fallamos.

Cómo ganar el juego interior contra las dudas

Timothy Gallwey, que divulga el llamado “juego interior” en la vida, en el tenis y en los deportes en general, lo cuenta en su libro El juego interior del golf. En toda actividad humana hay dos escenarios: uno exterior y otro interior, que se juega en la mente y es la clave para superarse.

Según él, toda acción humana está basada en una confianza innata en las capacidades del cuerpo. Una persona no puede dar un paso sin la convicción de que podrá dar el siguiente. Para bajar unas escaleras, el cuerpo se aventura en el espacio, dando por supuesto que una pierna y luego la otra se moverán hacia delante y sostendrán su peso.

“Si empiezas a dudar de que tus piernas se moverán correctamente para llevarte escaleras abajo, esa vacilación puede arruinar la continuidad natural de la acción. Entonces empezarías a pensar en cómo debías bajar las escaleras. Si permites que la duda se desarrolle, destruirá toda tu fe inherente y deteriorará la fluidez natural de tus movimientos.”

Según Gallwey, lo más importante es la distinción entre “la voz de la duda” y nosotros. Cuando llama a nuestra puerta, nadie dice que tengamos que abrirla. “Mucho menos invitarla a tomar un café.” Si la invitamos a menudo, caeremos en el bloqueo: el famoso afán de perfeccionismo.

Según Ivonne Anzola, en el golf –y en la vida–, cuando dejamos de buscar la perfección, estamos libres de tensión y ecuánimes ante cualquier resultado. También el maestro espiritual Sesha, divulgador del vedanta Advaita, recomienda ir con cuidado con la duda porque consume mucha energía y sirve para poco. Recomienda que nos digamos: puedo o no puedo. O ahora es el momento o aún no es el momento. Las personas que se pasan el día dudando se bloquean. Y si no se bloquean, la duda tampoco dará lugar a una acción más inteligente.

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