Naranjas enteras

5 ideas para enamorarte... de ti misma

Se nos enseña que el amor es algo que se vive en los otros, pero la mejor manera de encontrar un buen amor en los demás es enamorarnos a nosotras mismas primero.

Gabriel García Oro

enamorarte a ti misma

25 de septiembre de 2018, 18:17 | Actualizado a

Todos buscamos el amor, ese que nos acompañe a lo largo de nuestra vida, que nos cuide, nos empuje a conseguir todo aquello que nos proponemos y no nos ponga peso en las alas. Todos buscamos, sí, pero en esa búsqueda no podemos olvidarnos de enamorarnos de nosotros mismos para, luego, encontrar el amor en los otros.

En nuestra sociedad perduran concepciones erróneas del ser humano que se transmiten de generación en generación y que no dudamos en aceptar como verdad. Una de ellas es, sin duda, esa que nos empuja a buscar nuestra media naranja. Esta frase hecha es muy perjudicial, ya que nos está diciendo que cada individuo es solo una mitad que necesita de otra para ser feliz.

Pero no es así. Somos seres completos.

Naranjas enteras que deben juntarse desde la libertad, no desde la necesidad ni desde el querer encontrar en los otros lo que debemos buscar en nosotros mismos. Pero nuestra concepción del amor no es esta.

Cómo enamorarte a ti misma

¿Por dónde empezar a enamorarnos de nosotros mismos? Es más sencillo de lo que parece, pues se trata de hacer todas aquellas cosas que normalmente hacemos para enamorar a otras personas, pero dirigidas a nosotros.

Se trata de dedicarnos tiempo. Prestarnos atención. Ser respetuosos. Cariñosos. Interesarnos por nuestras preocupaciones… Eso, en definitiva, que hace que nos enamoren.

Podemos establecer cinco grandes puntos, pero lo más importante es que cada uno encuentre su camino y se enamore de sí mismo a su manera, porque nadie nos conoce mejor de lo que podemos llegar a conocernos nosotros.

  1. Trátate con el máximo respeto. Del mismo modo que rechazaríamos a alguien que, a las primeras de cambio, nos insultara, nos dijera que somos idiotas o que todo lo hacemos mal, debemos rechazar esa manera de hablarnos. Hablémonos con cariño, con delicadeza. Si fallamos en algo, no pensemos que somos tontos, sino, simplemente, animémonos a hacerlo mejor la siguiente vez. Es decir, cuando nos dirijamos a nosotros, hagámoslo con el máximo respeto. ¡Somos importantes!
  2. Cuida tu cuerpo. El amor es espiritual, cierto, pero como la mente, el espíritu se siente bien en un cuerpo cuidado. Porque cuidarte es sentirse bien. Y sentirse bien es, por supuesto, la base de todo amor. Si dedicamos tiempo a cuidarnos, a arreglarnos, a perfumarnos si hace falta (no olvidemos que muchas veces el amor y el olfato están más relacionados de lo que nos han hecho creer), a, sí, todo aquello que nos cuida por fuera, nos veremos mejor por dentro.
  3. Ten citas contigo mismo. Dediquémonos tiempo. Tiempo a solas. De reflexión. De estar en contacto con nuestros pensamientos. Vayamos a tomar un café a solas. Un paseo. Un lo que sea, pero lejos del ruido de los demás para escuchar las cosas importantes de nosotros mismos.
  4. Sorpréndete. Un detalle. Un pequeño regalo. Un capricho. Algo inesperado. Las relaciones se construyen sorprendiendo a la rutina. Y eso es, precisamente, lo que tenemos que hacer: sorprendernos y salir de la rutina del día a día.
  5. ¡Sonríe! ¡Sonríete! Encuentra las partes divertidas de ti, de tu vida, de las situaciones. Busca la felicidad y sonríe, sonríe y sonríe. Porque todos sabemos que si tuviésemos que dibujar la felicidad, lo haríamos con una sonrisa. Y todos sabemos también que una sonrisa sincera y profunda enamora a cualquiera.

Deja las medias naranjas para hacer zumo

Se nos enseña que el amor es algo que se vive en los otros y se produce de puertas afuera. Al movernos hacia el exterior nos olvidamos de que el tesoro del amor está escondido en nosotros. Y solo cuando somos capaces de descubrirlo, podemos compartirlo.

Enamorarnos. Y enamorar. Y no vivir el amor como medias naranjas: naranjas cortadas por la mitad que solo sirven para exprimir (o ser exprimidas). Cada vez son más las voces que se alzan en contra de entender el amor como búsqueda de algo que nos falta y que lo defienden como algo nuestro que queremos compartir.

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