Inteligencia colectiva

Biografía humana: entenderme a través de los demás

La humanidad es una red de biografías entrelazadas: amplía tu mirada y conecta contigo a través de los otros.

Laura Gutman

inteligencia colectiva biografia humana

6 de agosto de 2018, 12:25 | Actualizado a

En cada uno de nosotros están todos los demás. Comprenderlo es abrirse a un camino de mayor conocimiento y libertad sobre el niño que fuimos y quienes somos, de amor y complicidad con cuantos nos rodean y de compromiso con la vida. Una red que se entrelaza a partir de las biografías humanas que todos podemos construir.

La humanidad –y el pensamiento humano– han ido evolucionando porque vivimos intercambiando capacidades, herramientas, morales, costumbres, ideas, aprendizajes y experiencias.

Un mundo interconectado: una oportunidad de autodescubrimiento

Nos parecemos a las hormigas: tenemos un cerebro colectivo. En muchos casos aprovechamos los aciertos y desaciertos del prójimo. En cambio, cuando los individuos (o las comunidades) nos rigidizamos encerrándonos en nuestras propias ideas, defendiéndolas con pasión, nos protegemos por miedo a lo desconocido. Así nos perdemos la posibilidad de acceder a la inmensa cantidad de opciones que se abren a cada paso.

De hecho, a lo largo de la historia, las épocas menos prósperas han sido aquellas en las que los individuos nos hemos recluido en ideas o situaciones fijas, prohibidas o contrarias al intercambio con lo diferente.

Personalmente apuesto por el vínculo con lo distinto, con el “otro lado”. Adoro vivir en este tiempo de acceso a Internet:

  • Internet facilita el intercambio sin restricciones. Es un sistema altamente democrático, porque casi cualquier individuo en este mundo puede utilizarlo. Nos relaciona más y mejor a quienes somos diferentes.
  • Entre muchísimas otras aplicaciones, Internet nos permite acceder a una inmensa biblioteca virtual, a todas las culturas y todos los pensamientos. Obvio que no todo lo que circula en Internet es confiable, pero no es esa la cuestión. Lo importante es la infinita gama de posibilidades de intercambio y comunicación con lo diferente.

¿Qué tiene que ver esto con la metodología de construcción de las biografías humanas? Justamente, para reflexionar necesitamos mirar más allá de lo evidente. Siempre hay algo más grande, un escalón más alto, una totalidad que incluye nuestra pequeña porción de realidad. Mirar más y mejor será posible cuando ampliemos el campo de observación.

En ese sentido, acceder a algo que no está disponible a simple vista es un buen primer paso. Abordar una biografía humana es un “lugar” posible por donde comenzar a hilar un pensamiento: una vida. Una vida humana de un solo individuo. Uno entre millones.

Biografías entrelazadas

Cada uno de nosotros nació de una madre y de un padre. Y a nuestra madre y a nuestro padre les pasó lo mismo: nacieron de una madre y de un padre. Y si además tenemos hermanos, en un ratito podemos armar un entrecruzamiento de ascendencia y descendencia colosal. Y eso solo con relación a los lazos sanguíneos.

Si además agregamos los lazos de amistad, las relaciones ocasionales, los maestros, los enemigos, los vecinos, los compañeros de ruta, las creencias, las furias, los dioses, las muertes, las pérdidas, los antepasados y sus legados, las herencias, los deseos, los abortos provocados o espontáneos, los anhelos, las guerras personales o sociales, la violencia, las enfermedades, los abusos, los engaños, el dinero, las tierras, los regalos o las enseñanzas... tendremos un sólido tejido que nos pertenece, que vibra y que hace que funcionemos de una determinada manera.

El entrelazamiento que tenemos es muchísimo mayor de lo que registramos. Por lo tanto tendremos que ampliar la mirada, siempre más y más y más. No somos “uno”, sino que “somos con lo otro”. Eso “otro” que no nos gusta, posiblemente tenga mucho que ver con nosotros. Si pudiéramos conservar esta visión, viviríamos nuestra vida con mayor agradecimiento y confiaríamos en que aquello que nos sucede es perfecto y está al servicio de nuestro destino.

Ampliar, ampliar, ampliar la perspectiva. Siempre podemos aumentar la lente para observar totalidades y así ser comprensivo y compasivo con todos. Porque –admitámoslo– todos tenemos nuestras razones. Nosotros y los otros. Siempre.

Porque la realidad es que compartimos una inteligencia colectiva y es gracias a ese fenómeno de fusión de unos con otros que logramos evolucionar. Logramos saber más, vivir mejor, tener un mundo más amable y generar mejores recursos materiales y espirituales para nuestra descendencia.

Atravesar por la experiencia de organizar la propia biografía humana o interesarse en esta metodología ayuda a mirar todo el tiempo escenarios completos. Este ejercicio constante nos induce a escuchar de un modo diferente las noticias en la tele, a evaluar las quejas de nuestros allegados con otra disponibilidad, a apoyar a un amigo, no como aliado, sino como abogado del diablo, a pedir consejo a quien nos dice lo que no nos gusta.

El objetivo de la biografía humana

¿Es importante la vida de cada persona? Para cada uno, no hay nada más importante. Pero pensemos más allá considerando el propósito de nuestra existencia. Si permanecemos pendientes de nuestros miedos, se nos va la vida sin haber llegado a ofrecer nuestras virtudes al prójimo.

Intentemos aprender de los antropólogos, de los historiadores, de los arqueólogos, de los filósofos y de los astrólogos, quienes reflexionan sobre la evolución del mundo y de los seres vivos más allá de nuestro barrio (nuestra aldea moderna). Esa comprensión ampliada nos va a ofrecer un punto de vista realista sobre nuestra pequeña realidad cotidiana. Abordar el devenir de la historia de los seres humanos, las diferentes civilizaciones, los desafíos y las herramientas que hemos utilizado para sobrevivir y para encontrar un propósito trascendental son enseñanzas necesarias.

El propósito de construir la propia biografía humana no es el bienestar de un solo individuo, sino que el objetivo descansa en la prosperidad universal. Conocerse a sí mismo sirve para que el conocimiento universal crezca. El propósito siempre es mayor.

Saber cómo hemos nacido en otros milenios, cómo ha sido nuestra relación con el universo, cómo hemos adorado a nuestros dioses, cómo hemos obtenido alimento y confort, cómo hemos amado, cómo hemos entendido el más allá y cómo hemos usado los recursos de la tierra nos da un panorama alentador y direccionado sobre nuestro devenir individual.

Cada acceso a una nueva biografía humana es una sola vida, pero también es la manifestación análoga de muchas vidas, incluso de todo el universo. Así como en el iris del ojo, en el lóbulo de la oreja, en la palma de la mano o del pie está contenido todo el cuerpo humano, del mismo modo en cada individuo está contenida la humanidad entera. Y en la humanidad está contenido el movimiento de los astros en el cielo. Y al revés. Por eso no importa por dónde empecemos. El propósito es comprender más y más y arribar así a significados trascendentales.

Si permanecemos pendientes de nuestros miedos, se nos va la vida sin haber llegado a ofrecer nuestras virtudes al prójimo.

Por eso insisto en que la solución que cada individuo anhela para su propia vida es una pequeñez. Todos tenemos derecho a vivir mejor, sufrir menos y no tener tantos problemas. Pero lo interesante es descubrir que cuanto más transpersonal sea nuestro interés por comprendernos más y comprender los escenarios en los que se tejen nuestras historias, menos problemas tendremos o más fácilmente se desanudarán nuestros conflictos.

¿Cómo construir tu biografía humana?

  • Busca apoyos. La biografía humana es un sistema de indagación para establecer una realidad bien real. La visión es niñocéntrica: está basada en el punto de vista del niño que hemos sido. Para abordar esta indagación, se requiere la intervención de un profesional entrenado capaz de traer la voz del niño que hemos sido.
  • Sé honesto. Es un recorrido, objetivamente hablando, ingrato y doloroso. Pero es apenas el primer paso para establecer la realidad infantil a la que aún estamos aferrados y vislumbrar un futuro altruista y generoso hacia el prójimo.
  • Acepta. La amabilidad y el interés genuino por el otro no son actos de la voluntad. Dependen de la seguridad interna que hemos adquirido una vez hemos recorrido el dolor por no haber sido suficientemente amados, y de reconocer que eso que nos pasó durante la niñez ya no lo podremos recuperar. Lo que sí podemos hacer es comprender la dimensión del desamparo vivido. También será menester observar qué mecanismos de supervivencia emocional hemos utilizado cuando fuimos niños.
  • Percibe los obstáculos. Aquello que hemos aprendido a hacer durante la niñez para sobrevivir al desamor, y que se ha convertido en reacciones automáticas durante la adultez, puede transformarse en obstáculos en la vida cotidiana, porque nos deja ciegos y convencidos de nuestras razones.

Al ampliar la mirada, logramos saber más, vivir mejor, tener un mundo más amable... y generamos mejores recursos materiales y espirituales.

  • Amplía tu visión. A medida que revisamos nuestros territorios emocionales, es importante no perder el punto de vista global. Quiero decir, cuando somos niños entendemos el mundo desde nuestras necesidades acuciantes. Pero cuando somos adultos es preciso abandonar el “ombliguismo”, la creencia de que la medida de todas las cosas depende de nuestro confort individual.
  • Actúa con generosidad. El propósito de toda indagación es lograr un conocimiento espiritual que nos permita amar más y mejor, comprendiendo que hemos venido al mundo para ofrecer nuestros atributos y capacidades a los demás. Caso contrario, la humanidad se perderá la posibilidad de mejorar. El amor presente en todas las relaciones, desprovisto de necesidades infantiles, es el hilo invisible de la humanidad.

Recuperar una mirada abierta

A pesar de vivir en un periodo de interconexión virtual, las personas nos aferramos a nuestras antiguas ideas. Peor aún: a las ideas de mamá, aunque no seamos conscientes de ello. Resulta que proponer a un individuo un recorrido por su biografía humana no le garantiza que vaya a resolver cómo educar a su hijo, ni va a salvar su matrimonio ni le va a devolver a un depresivo crónico la alegría de vivir. No. Eso es una nimiedad.

Cada biografía humana tiene que devolverle al individuo una mirada amplia, abierta, global y trascendente de sí mismo. Habrá valido la pena que cada persona haya abordado algún tipo de indagación personal honesta y profunda cuando tenga la certeza de que su nuevo “saber” es tal solo si opera en beneficio del bien común.

Enfrentarnos al miedo

Ahora bien, si pretendemos conocernos más, tendremos que hacer algo con el miedo. Porque el miedo nos paraliza. Nos deja encerrados en nuestras cuevas de cristal, en edificios inteligentes con ascensores veloces y monitores de seguridad, pero cuevas al fin. ¿Qué nos impide salir de allí? El miedo real que sentimos como consecuencia del desamparo atroz que hemos vivido durante la niñez. Por eso es tan importante abordar eso que ni siquiera recordamos. “Eso” que no recordamos es la enorme cantidad de experiencias desgarradoras de nuestra infancia.

Pero ¿dónde buscar aquello que no conocemos? ¿Cómo obtener registros confiables de experiencias diferentes? En este punto, el mayor caudal es el intercambio intelectual con personas muy distintas. Para ello tenemos que estar dispuestos a dejar nuestras creencias y razonamientos vetustos.

Estudiar, conocer, escuchar, observar, leer, aprender lo diferente... Es lo que nos dará mayor perspectiva.

Nunca estuve en África ni en Asia. Ojalá logre conocer esos continentes antes de despedirme de esta vida. Porque si no accedo a esos territorios distantes, habré pensado desde una lente demasiado parcial. Por lo tanto, estúpida. ¿Qué será del mundo en los próximos 50 años? Imposible imaginarlo. Cuando yo era niña, incluso adolescente o joven, Internet no existía o lo desconocíamos. Y aquí estamos, respirando virtualmente cada día.

Si las cosas pueden llegar a cambiar tanto, puede que todo lo que pienso, escribo y sostengo... en algunos años o dentro de algunas generaciones quizá sea obsoleto. ¿Entonces? No pasa nada. Seguramente servirá para que otras personas, gracias a estos pensamientos aquí descritos, piensen algo mejor y más adecuado para su bienestar.

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