Rompe con tus límites

Reflexiona: tu intuición te impide ser feliz

Las ideas preconcebidas que tenemos sobre qué nos aporta felicidad muchas veces nos limitan. Tomar conciencia de los prejuicios nos ayudará a actuar más sabiamente.

Sonja Lyubomirsky

intuición decisiones razonadas

27 de julio de 2018, 15:12 | Actualizado a

En su éxito de ventas Blink: el poder de pensar sin pensar, Malcolm Gladwell promovía la idea de que las decisiones tomadas en un abrir y cerrar de ojos (blink significa “pestañear”, “parpadear”) –basadas en una información deficiente, o por mera sensación e instinto– a menudo suelen ser mejores que las que han sido cuidadosamente pensadas y razonadas.

La cultura en general, alimentada por los reportajes de los medios de comunicación, ha recogido esta gratificante idea con entusiasmo. Después de todo, la idea de depender de la intuición para las decisiones y juicios importantes –¡de no tener que trabajar nada!– resulta increíblemente atractiva. Por el contrario, yo sostengo que pensarse las cosas dos veces –o incluso tres– puede ser la mejor manera de pensar.

¿Cómo tomamos decisiones?

El debate acerca de si pensar las cosas una vez es mejor que pensárselas dos veces (o ene veces), o viceversa, tiene una historia muy larga. Empezando por Platón y Aristóteles, filósofos, escritores y, en las últimas décadas, psicólogos cognitivistas y sociales han establecido la distinción entre las dos diferentes vías que recorre nuestro cerebro cuando hace juicios y toma decisiones.

  • La primera vía (que recibe el poco pegadizo nombre de Sistema 1; yo lo llamaré “intuitivo”) es la que Gladwell describe en Blink. Cuando nos dejamos llevar por nuestras intuiciones, corazonadas o emociones del momento para decidir si deberíamos salir corriendo de nuestro trabajo, estamos confiando en nuestro sistema intuitivo. Tales decisiones son tomadas con tanta rapidez y de forma tan automática que no somos conscientes de qué fue exactamente lo que influyó en ellas. Mi objetivo es aclarar los errores sobre nuestra felicidad que influyen en estos primeros razonamientos hechos a la ligera.

Conviene esperar, no precipitarse en sacar conclusiones. Pensar las cosas una vez no nos llevará muy lejos.

  • La segunda vía en la que operan nuestras mentes (denominada por los científicos Sistema 2, pero a la que aludiré como “racional”) es mucho más prudente. Cuando confiamos en la razón o en el pensamiento racional para cambiar de empleo, hacemos acopio de energía y esfuerzo, nos tomamos nuestro tiempo, analizamos la situación de manera sistemática y crítica y puede que echemos mano de principios o normas propias. Esto es precisamente lo que te pediría que hicieras.

Las trampas de la intuición

A lo largo del último medio siglo, una enorme cantidad de literatura psicológica ha documentado los numerosos errores y prejuicios que conducen a los seres humanos a tomar malas decisiones basándose en sus intuiciones. Sin lugar a dudas, solemos cometer costosos errores cuando elegimos, y esto se debe a que nuestro sistema intuitivo –en el que muchos confían sobremanera– depende normalmente de apresurados atajos mentales o reglas de carácter general (“¿Te has enterado del tiroteo en el cine? Prefiero ver la tele en casa”), lo que suele conducirnos al autoengaño.

Sin embargo, a pesar de las trampas inherentes al sistema intuitivo, nuestros primeros pensamientos fruto de la intuición a menudo son bastante más convincentes que aquellos otros producto de la reflexión. En efecto, dado que los juicios intuitivos a menudo parecen surgir espontánea, automática y voluntariamente, los experimentamos casi como algo que “se da por sentado” o como un hecho reconocido.

Nuestras reacciones iniciales están gobernadas por las mentiras que nos creemos sobre qué nos da la felicidad.

En consecuencia, cuando tenemos la firme convicción de que debemos coger nuestro empleo y darle una patada, aunque sea ese un sentimiento enraizado en los mitos sobre la felicidad, concedemos a esa intuición un significado e importancia adicionales porque “nos hace sentir bien”. Efectivamente, tendemos a preferir las corazonadas, aunque a todas luces sean irracionales.

No es mi intención sugerir que pensar las cosas dos o tres veces sea siempre una estrategia óptima, sobre todo cuando nuestra cabeza y nuestro corazón nos aconsejan lo contrario. Pero lo cierto es que nuestras reacciones iniciales (o primeras ideas) a los momentos de crisis (por ejemplo, “Mi vida va de mal en peor” o “Nunca más volveré a encontrar el amor”) están contaminadas por los prejuicios y gobernadas por las mentiras que nos tragamos acerca de lo que debería y no debería proporcionarnos la felicidad.

Mi objetivo, por lo tanto, es poner al descubierto y desmantelar tales prejuicios y falacias. El reto, claro está, consiste en transformar las respuestas habituales ante los cambios importantes de la vida o revelaciones, desde las estrategias puramente intuitivas enraizadas en la falta de información sobre la felicidad a otras más racionales.

Una vez que se comprenden las suposiciones que gobiernan las reacciones, uno debe decidir la manera de actuar o si cambia o no (y cómo) su perspectiva. De esta forma, se sustituirá la confianza en los mitos de la felicidad por una mente preparada, una mente equipada para tomar mejores decisiones fundadas en la razón y para pensar en lugar de parpadear.

Intenta adoptar la perspectiva de un observador objetivo. La clave radica en liberarte de los detalles nimios.

Veámoslo con un ejemplo: el aburrimiento en el matrimonio.

Tu primera reacción ante esa situación puede que sea: “Ya no quiero a mi marido tanto como antes, así que nuestro matrimonio no debe de funcionar o él ya no es la persona indicada para mí”. Utilizando las evidencias teóricas y empíricas, me propongo desenmascarar la falacia que se esconde detrás de esa reflexión –la idea de que el matrimonio es siempre satisfactorio– y hacer sugerencias sobre la manera de abordar, remediar o manejar la situación.

4 recomendaciones para tomar mejores decisiones

Entonces, ¿cómo decides cuáles son los siguientes pasos que debes dar en circunstancias como estas? Los psicólogos aportan sugerencias prácticas respaldadas por pruebas.

  1. Lo primero que has de hacer es tomar nota mental de las primeras intuiciones o corazonadas sobre el camino que deberías estar tomando –quizá incluso escribirlas– y luego archivarlas durante algún tiempo. Tras una temporada pensando en la situación de manera sistemática, puedes reconsiderar la corazonada inicial a la luz de la nueva información o nuevas ideas.
  2. En segundo lugar, busca la opinión de alguien ajeno (un amigo imparcial o un asesor) o, simplemente, haz el esfuerzo de intentar adoptar la perspectiva de un observador objetivo. La clave radica en liberarte de los detalles nimios del problema propio (digamos que en este momento experimentas una pérdida de pasión) e intentar reflexionar sobre la categoría general a la que pertenece el problema (pongamos por caso, la evolución de la atracción física en una relación duradera).
  3. El tercer paso consiste en que consideres lo “contrario” de lo que la corazonada te esté invitando a hacer y repases mentalmente de manera sistemática las consecuencias.
  4. En último lugar, cuando la encrucijada implique la toma de múltiples decisiones (en lugar de solo una), has de sopesar todas las alternativas de manera simultánea. Las investigaciones ponen de manifiesto que tal decisión “conjunta” es mejor y menos proclive a la parcialidad que las decisiones “por separado”.

Evitar el exceso de análisis

Aunque estas cuatro recomendaciones no son la panacea, en potencia sí que pueden ponernos en la buena dirección del camino que debemos tomar ante los desafíos y puntos de inflexión de la vida. Sin embargo, deberíamos estar muy atentos a que nuestro análisis razonado y sistemático no acabe degenerando en un exceso de reflexión que nos lleve a rumiar o pensar obsesivamente sobre todas las elecciones vitales; rumiar es un hábito peligroso que probablemente acabe haciendo de detonante de un círculo vicioso de preocupación, pesadumbre, desesperanza y “parálisis por análisis”. Si los segundos y terceros juicios que hagamos se repiten o empiezan a moverse en círculos, entonces estaremos rumiando, no analizando.

En resumen, cuando nos enfrentamos a una revelación o cambio vital fundamental, lo natural es querer actuar rápida e instintivamente. Pero es de gran utilidad esperar y pensar, y no precipitarse en sacar conclusiones. Pensar las cosas una vez no nos llevará demasiado lejos. Aunque no es fácil determinar la manera óptima de proceder, podemos empezar rechazando lo primero que se nos ocurra, y mantenernos abiertos a las múltiples reacciones potenciales a los momentos críticos de la vida.

Los mitos de la felicidad

No puedo aconsejar a cada persona que siga una trayectoria específica; cada uno debemos escoger y moldear nuestro propio camino exclusivo. En función de nuestros antecedentes personales y redes de apoyo social, así como de nuestra personalidad, metas y recursos, los caminos y rodeos en concreto podrán ser más o menos adecuados, beneficiosos o gratificantes.

Los investigadores han demostrado que cuando las personas se comportan de acuerdo con su personalidad, intereses y valores se sienten más satisfechas, seguras, competentes e implicadas en lo que están haciendo, y se sienten “a gusto” por ello.

El objetivo es utilizar los estudios más recientes para ampliar nuestra perspectiva sobre los momentos críticos a los que nos enfrentamos, desmantelar las falsas creencias sobre la felicidad que rigen nuestras reacciones iniciales y tener herramientas para extraer nuestras propias opiniones y perfeccionar nuevas habilidades.

Enriquecidos con una sensatez contraria a la intuición y un instructivo distanciamiento de los problemas, la siguiente crisis nos encontrará con una mente preparada. Aunque en un principio nuestros momentos de crisis pueden parecer decepcionantes o confusos, en realidad son oportunidades para cambiar nuestras vidas o, como mínimo, adquirir una visión de futuro más clara.

Con este nuevo punto de vista, estaremos más capacitados para utilizar los principales desafíos en realizar importantes avances. En última instancia, todos podemos identificar los pasos a dar para seguir el propio camino hacia una vida plena y ayudarnos a alcanzar y superar nuestros potenciales de felicidad.

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