¿Adictos a la perfección?

Librarnos de la autoexigencia nos hace más felices

Somos mucho más que nuestro deseo de tener una vida perfecta. Somos emociones, intuiciones y sensaciones. Somos únicos, completos y perfectamente imperfectos.

Mireia Darder

adictos perfección

8 de agosto de 2017, 20:37 | Actualizado a

Rafaela llegó a mi consulta después de un tiempo en el que se había encontrado muy bien tras terminar la terapia. Estaba preocupada y decepcionada por estar atravesando un periodo de mucha inseguridad y malestar justo cuando pensaba que estaba completamente recuperada.

Si antes se sentía tan conectada con la vida, ¿cómo era posible que ahora estuviera tan confundida y perdida, que dudara de todo? En algo se había estado equivocando...

Enganchados a la perfección

–Me sentía plena y feliz. Todo era perfecto, y poco a poco se ha ido derrumbando. Estaría bien que todo se mantuviera perfecto todo el tiempo –me dijo.

–Voltaire escribió que lo perfecto es enemigo de lo bueno –le contesté.

–¿Qué quieres decir? No entiendo.

Mira, tengo una amiga que se dedica a alquilar pisos. Siempre dice que se dará permiso para descansar cuando los tenga todos alquilados y arreglados, algo que no acaba de ocurrir nunca o que, cuando sucede, no dura. Espera que la situación sea perfecta para vivir y disfrutar...

Lo que vemos como perfecto y lo que nos exigimos para conseguirlo y mantenerlo nos daña más que nos beneficia

–¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

–Tú estás pidiendo mantener una situación ideal que viviste en cierto momento y no aceptas que no pueda permanecer en el tiempo ni ser eterna. Y si lo perfecto es opuesto a lo bueno, igual lo bueno para ti ahora es pasar por este periodo de inseguridad y duda. Tal vez así puedas aprender algo nuevo. La vida es cambio. De todos modos, lo que no entiendo es por qué te culpas de lo que te sucede...

–Pienso que he hecho algo mal. Me paso todo el rato dándole vueltas para averiguar qué error he cometido para sentirme así.

–¿Te das cuenta de este juez interno tan castrador vive en ti y que te dice lo que tienes que hacer y cómo deberían ser las cosas?

- Siempre he creído que tenía que hacer las cosas desde desde lo que es correcto. También siento que tengo que hacer todo lo posible para que los demás estén bien.

–¿Has pensado en que no estás haciendo las cosas desde lo que tú quieres? Actúas desde el deber.

Parece que solo hay un modo de hacer las cosas, pero hay otras formas de actuar más cercanas al placer

Además de la mente que nos dicta lo que tenemos que hacer y lo que no, existen en nosotros otras partes que también cuentan. El cuerpo, las emociones y el instinto, por ejemplo, nos hacen humanos. Y es bueno darles voz y espacio. La perfección es cosa de dioses, los humanos somos limitados y nos equivocamos.

–Es que yo querría ser una superwoman –rió–. Y hacerlo siempre todo bien, sentirme siempre feliz... ¿Me estás diciendo que no puede ser?

Ser perfectos: pura fantasía

La adicción a la perfección es un mal de nuestra cultura y sociedad. Sin embargo, para ser perfectos es imprescindible amputar partes de nosotros mismos que no encajan con el ideal de perfección que tenemos. Por ejemplo, si queremos tener un cuerpo perfecto, tenemos que reprimir nuestra pereza e imponernos una disciplina férrea de actividad física y dieta o ir al cirujano para que directamente nos “corte” ciertas partes del cuerpo y “agrande” otras.

“La evolución solo se produce después de la catástrofe. Si no hay catástrofe, uno se ancla en la rutina y la atrofia psíquica”, asegura Boris Cyrulnik

Está bien tener un ideal que sirva de modelo de referencia para mejorar y desarrollarse. Pero cuando este se convierte en un corsé y se va hinchando desconectándose de nosotros como totalidad, es un lastre que nos va alejando de la felicidad y nos arrastra a la deriva. Nos distancia de nuestra humanidad, de lo que es la vida en verdad.

La perfección es una idea de la mente. Es nuestra parte racional la que se empeña en perseguir una fantasía

Nosotros somos más que eso. Tenemos unas emociones, un instinto y un cuerpo que son lo que son. La cultura patriarcal ha situado la razón por encima de la emoción y el cuerpo. Y a menudo, lo que dicta la mente no se corresponde en absoluto con lo que nuestra emoción y nuestro cuerpo reclaman.

Ser humano implica estar sometido a ciclos vitales, a tristezas y a alegrías, a cansancio y hambre, a pasar de la infancia a la vejez...

Para la terapia Gestalt, más que ser perfecto se trata de tener todas las posibilidades ante sí y vivir de la manera más completa posible. Esto significa aceptar que, como Rafaela, tendremos momentos de plenitud, de sentirnos muy capaces, de fluir y vivir en el presente y disfrutarlo; y momentos en los cuales nos sentiremos confundidos, incapaces, tristes e incompletos.

“Luchar por la perfección es matar el amor, porque la perfección no reconoce la humanidad”, asegura la analista junguiana Marion Woodman, autora de Adicción a la perfección. “Por más energía que se emplee, el ego no puede llevar a cabo sus ideales de perfección porque hay otra realidad interior”.

La realidad interior está constituida por el instinto, las emociones y todas aquellas pulsiones más inconscientes

Uno de los aspectos en los que ponemos más empeño es la búsqueda de la pareja ideal. Vamos descartando candidatos lamentando nuestra mala suerte por no encontrar a la persona perfecta, que es aquella que se ajusta exactamente a nuestros ideales. Incluso a veces nos enamoramos y nos casamos... para después pasarnos la vida intentando cambiar al otro.

Cómo amar lo imperfecto

¿Y cómo podríamos olvidarnos de ser perfeccionistas? Seguramente recuperando nuestra humanidad, que es lo que nos permite desarrollar la capacidad de amar al otro tal cual es, en su completitud, es decir, con sus partes de luz y de sombra. Llegar a amar sus defectos como tendríamos que amar los nuestros.

Porque también nuestros defectos son nuestra mejor definición.

Igual no existe aquello que perseguimos, puede que lo que necesitemos esté justo delante de nuestros ojos y no lo veamos, puede que no haya nada que cambiar ni de lo que somos ni de lo que vivimos.

Como se plantea la escritora francesa Virginie Despentes, “el ideal de la mujer blanca, seductora pero no puta, bien casada pero no a la sombra, que trabaja pero sin demasiado éxito para no aplastar a su hombre, delgada pero no obsesionada por la alimentación, que parece indefinidamente joven pero sin dejarse desfigurar por la cirugía estética, madre realizada pero no desbordada por los pañales y por las tareas del colegio, buena ama de casa pero no sirvienta, cultivada pero menos que un hombre, esta mujer blanca feliz que nos ponen delante de los ojos, esa a la que deberíamos hacer el esfuerzo de parecernos [...], nunca me la he encontrado en ninguna parte. Es posible incluso que no exista”.

6 ideas para superar tus ansias de perfección

1. Revisa tus autoexigencias

Averigua en cuántos aspectos de tu vida estás inmerso en esa carrera por querer ser perfecto y mira si puedes relajarte en alguno. Sobre todo nosotras, las mujeres, parecemos convencidas de que la realización personal pasa por encontrar a la pareja perfecta, ejercer una profesión con éxito, tener una vida más allá del cuidado de los hijos, poseer un cuerpo de medidas similares a las de las modelos...

Antes nos conformábamos con ser una única cosa: buena madre, buena profesional, buena deportista, buena amante... En la actualidad, tenemos que ser las mejores en todos los ámbitos. Esto es agotador.

2. Elimina la palabra fracaso

Ya lo has leído: Lo perfecto es enemigo de lo bueno. Por lo tanto, te pueden estar pasando cosas buenas para ti que no coincidan con tus ideales sobre cómo tendrías que ser. No ser perfecto no significa haber fracasado, olvídate de esta palabra.

Lo que ocurre es que existen otras partes en ti que no has tenido en cuenta y que seguramente no valoras, partes que te podrían enriquecer. Por ejemplo: querría conseguir pesar unos cuantos quilos menos, pero no consigo adelgazar. Mi cuerpo, mi hambre y mis emociones parece que tienen algo que decir también sobre este aspecto. Si los miro y observo, puedo aprender cosas nuevas sobre mí misma.

3. Eres humano, te equivocarás

Para aprender hay que poder cometer errores. Las equivocaciones nos demuestran que nos hemos arriesgado para conseguir algo: solo probando podemos avanzar. Porque, en realidad, cuando nos equivocamos estamos aprendiendo cómo no se hace una cosa. Muchas veces perseguimos la perfección siendo rígidos e inflexibles, sin permitirnos hacer cosas que nos llevarían a nuevos aprendizajes... y a ser más felices.

4. Ábrete al instinto y las emociones

Los ideales de perfección nos alejan de lo amoroso y del deseo. Cuando perseguimos una idea hasta el extremo de sacrificarlo todo por su causa, nos estamos amputando otras partes alejadas de la razón. Conectarse con la emoción, con el instinto y el deseo significa salir del corsé y de la cárcel del ideal que no nos deja ser completos, que nos aleja de nosotros mismos.

5. Déjate guiar por tu cuerpo

Confía en la sabiduría del organismo y en su capacidad de autorregulación. Poniendo la atención en nosotros mismos, mirando hacia nuestro interior, nos podemos conectar con nuestras sensaciones corporales y así encontrar una salida a los ideales de perfección. Si nos dejamos guiar por lo que el cuerpo necesita, nos ponemos en contacto con una sabiduría ancestral que ha logrado que la vida exista.

6. La perfección está en ser como eres

Cuando no podemos conectar con esa sensación de plenitud y de sentirnos perfectos tal cual somos aquí y ahora es porque estamos funcionando desde nuestros pensamientos, desde nuestra mente. Es decir, solo estamos escuchando y actuando desde una de nuestras partes y no con la totalidad de lo que somos.

Pero si nos conectamos con el universo y con nuestra sabiduría interior, podremos compartir la perfección de todo cuanto hay en el mundo. Si consigues conectar con tu esencia, con la fuente de todas las cosas, puedes sentir tu completitud y ya no hay necesidad de perseguir ningún ideal.

Cuando tienes esta conexión, sientes que todo es perfecto tal y como es. Todos estamos conectados con todo y con nosotros mismos, todos somos seres completos. Esta es la sensación que describen disciplinas orientales y religiones como el budismo, que la despiertan a través de técnicas como la meditación.