Ponte en marcha

3 pasos hacia el cambio: pasión, decisión ¡y acción!

El mapa no es el territorio. Encontrar la salida no es salir. Planear no es hacer. Para cambiar necesitamos un objetivo, talento, decisión y pasar a la acción.

Jorge Bucay

decidete

27 de septiembre de 2017, 17:28 | Actualizado a

El mejor dibujo de una rosa no huele a rosa. Todo lo que pueda decirse del amor es nada si nunca lo has sentido. La acción, la intervención, es imprescindible.

Y la intervención eficaz frente a un hecho cualquiera, y tanto más cuanto más importante y trascendente sea el hecho, requiere de más de un paso.

El camino del cambio

Cualquier conducta que pretenda un fin determinado requiere, previa o simultáneamente, de la presencia por lo menos de estos cinco elementos, que aparecen más o menos en este orden: intención, evaluación, decisión, pasión y acción.

Intención y evaluación

Antes o después de hacer un afinado diagnóstico de la situación debo aclararme acerca de cuál es mi propósito. Ninguna acción puede ser eficaz si no está vinculada a un determinado fin, si no está en función de una necesidad propia o de un grupo, si no tiene un sentido conocido.

Aunque parezca demasiado obvio, vale recordar que es difícil comenzar el camino en la dirección adecuada si desconozco hacia dónde me dirijo, y que difícilmente lo conseguiré si no sé desde dónde parto.

Sin cumplir estas dos condiciones, aunque avancemos estaremos caminando entre tinieblas, como si giráramos desconcertados en un espacio de telones grises (para utilizar la hermosa y dramática imagen del poeta Hamlet Lima Quintana)

Decisión

La elección del cómo, la medida de nuestros recursos, el momento de la iluminación, el reino del talento.

Es bueno saber que todos tenemos aspectos más sanos, más maduros y más sabios que otros; que todos tenemos facetas que brillan con especial intensidad, que todos anidamos un lado genial.

Este talento del que hablamos no se define solamente en base a cuántas personas harían esto mejor o peor que tú, ni en base a cuánta aprobación despierta tu desempeño, sino que se determina en función de aquello que tú haces mejor. Repito, aunque parezca un juego de palabras, que no se trata de lo que haces mejor que otros (aunque así sea), sino de aquello que tú haces mejor que otras cosas, aquello que mejor se te da, entendiendo que ese “mejor” no habla de resultados.

En este contexto, lo mejor es:

  • La facilidad especial que tienes para esa tarea.
  • Es tu capacidad para interpretar y modelar normas preestablecidas.
  • La tendencia permanente a encontrar nuevas y propias maneras de desarrollar un propio modo de hacerlo, creativo y diferente.

Nuestro talento parece conseguir la alquimia de que nos parezca fácil y placentero lo que a otros les resulta tortuoso y tedioso.

El talento es ese conjunto de habilidades, actividades, tareas, disciplinas o áreas en las que nos movemos con especial soltura, alegría y eficacia. Son siempre producto de cierta información genética que nos ha regalado una determinada capacidad y de nuestra activa tarea de desarrollarla.

Es, en resumen, esa combinación y suma de lo innato más lo que hicimos con ello.

Puede ser que la naturaleza te haya dotado del más refinado oído musical, de la más adecuada estructura ósea y de los dedos que más fácil y ágilmente pueden moverse sobre un teclado. Sin embargo, nunca conseguirás que emane de ti el más talentoso de los pianistas si no te dedicas a ejercitar esos dones sobre un piano con disciplina y consecuencia durante muchos años.

Pasión

Me detengo en este punto para volver sobre algo de lo que tantas veces hemos hablado. El mapa no es el territorio. El mejor dibujo de una rosa no huele a rosa. Todo lo que pueda decirse del amor es nada si nunca lo has sentido. Es la emoción y el compromiso con la vida lo que le concede sustancia a lo vivido.

La pasión es la energía de la acción, el combustible de tus músculos, el fuego sagrado de tu conducta.

Sin la pasión, seguirás siendo un espectador impávido de tu existencia, aunque ayer, hoy y mañana estés en el centro del escenario. Y aunque todos te aplaudan o te abucheen, tú no estarás allí si en tu papel de cada momento no está involucrado el corazón.

Acción

Pregunta un viejo acertijo iniciático: Haciendo equilibrio sobre un tronco, cinco ranitas son arrastradas por el río hacia una caudalosa cascada, hacia una muerte segura, hacia un cruel destino. Al pasar cerca de la orilla, tres de ellas deciden saltar... ¿Cuántas de nuestras protagonistas conseguirán salvarse?

La respuesta correcta, con los datos que tenemos, es: ¡Ninguna!

Decidir saltar no es saltar. Encontrar la salida no es salir. Planear no es hacer. Para modificar una realidad, sea interna o externa, se necesitan todas estas cosas de las que estamos hablando y, muy especialmente, se necesita que en el final aparezca nuestra acción.

No quedarse a mitad de camino

Hace muchos años, América transitaba un duro momento de luchas ideológicas, de banderas enfrentadas y de futuros impredecibles. Fue allí donde la canción y la poesía se pusieron al servicio de la protesta y su arte se volvió herramienta.

Fue en ese tiempo en el que Silvio Rodríguez compuso La maza, y la gran Mercedes Sosa la cantó por todo el mundo. Su letra sigue emocionando hoy a quienes, sin vivir aquel proceso, comprenden el lamento de dejar nuestras cosas a mitad de camino:

¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera?

¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?

Si no creyera en lo que creo,

si no creyera en algo puro...

si no creyera en lo más duro,

si no creyera en el deseo,

si no creyera en cada herida,

si no creyera en lo que duele

si no creyera que uno puede,

hacerse hermano de la vida...

¿Qué cosa fuera, corazón,

qué cosa fuera la maza sin cantera?

Un amasijo hecho de cuerdas y tendones,

un revoltijo de carne con madera,

un instrumento sin mejores resplandores

que lucecitas montadas para escena...

¿Qué cosa fuera, corazón, qué cosa fuera?

¿Qué cosa fuera la maza sin cantera?

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