Prioriza tu bienestar

Pirámide de Maslow: escalando hacia la felicidad

Nuestro bienestar se construyen satisfaciendo nuestras necesidades. Desde las más básicas hasta la autorealización. ¿De qué depende lograrlo?

Pirámide Maslow felicidad

28 de abril de 2017, 15:28 | Actualizado a

Hablamos mucho de la calidad de vida y el bienestar de las personas. Y cuando analizamos el camino de su búsqueda, lo describimos siempre como un trabajo personal que debe hacer cada uno para sí mismo y para su entorno,

Que la felicidad es más una obligación que un derecho, también lo hemos dicho también muchas veces. Como que ser felices es parte del compromiso que implica el privilegio de estar vivos.

Ambos conceptos, el de felicidad y el de bienestar, no son equivalentes, pero es evidente que están íntimamente ligados, aunque la primera sea más subjetiva y la segunda pueda medirse de forma más evidente, Especialmente si valoramos la satisfacción de nuestras necesidades tanto personales como sociales.

Pirámide de Maslow: de las necesidades básicas a la felicidad

Abraham Maslow, uno de los padres de la filosofía humanista, decía en su libro El hombre autorrealizado que el individuo tiene naturalmente muchas necesidades y que su relación con su existencia depende de su posibilidad de satisfacerlas.

Esta simple sentencia cambió el panorama de la psicología social y de la tarea asistencial para siempre.

Maslow decía, además, que todas las necesidades eran importantes, pero que la urgencia de satisfacerlas no era la misma en todas. Para explicarlo utilizaba una imagen tan didáctica como poderosa:

Las necesidades de las personas (y también de las comunidades) podrían ordenarse según su prioridad acomodándolas unas sobre otras como si fueran los bloques de una pirámide.

La evolución consiste en escalar la pirámide desde el primer nivel hasta el último y más elevado, recordando que no se puede llegar al segundo escalón sin haber superado el primero, es decir, no se pueden resolver las necesidades más elevadas sin ocuparse primero de las de la base.

¿Qué tipos de necesidades hay?

La pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, nos plantea cinco niveles comunes a todos los seres humanos:

Primer nivel: necesidades básicas

Se agrupan aquí, principalmente, todos los requerimientos primarios de la supervivencia: alimento, agua, techo, descanso, aire respirable...

Segundo nivel: necesidad de seguridad

Relacionado con el deseo de sentir que su entorno físico y social es estable, ordenado y predecible, incluye desde la certeza de ser capaces de seguir satisfaciendo las necesidades primarias en el futuro, hasta situaciones más complejas, como un trabajo estable o un proyecto personal viable.

Tercer nivel: necesidades de pertenencia

Se refieren al hambre que por fuerza sentimos de ser aceptados por los demás, de estar integrados a un grupo y a la vivencia que se suele llamar “de la doble pertenencia”: Yo pertenezco a este grupo y este grupo me pertenece. Soy parte de esto que de alguna manera me define.

Cuarto nivel: necesidad de valoración y reconocimiento

Un grupo de necesidades que incluye tanto el reclamo de ser queridos como el de ser valorados por lo que hacemos, así como respetados por lo que somos. Es la necesidad de aprobación y de prestigio. Y, por extensión, el sentirnos competentes e idóneos en el desempeño de la tarea elegida.

Quinto nivel: necesidad de autorrealización

Lo que se suele describir como la satisfacción de llegar a ser todo lo que uno es capaz, de sentirse a gusto con la propia existencia; la certeza de poder hacer las cosas siendo congruentes con lo que somos, lo que pensamos y lo que sentimos.

La posibilidad de escalar toda esa pirámide satisfaciendo las necesidades de cada nivel está relacionada, claro, con el buen uso de todas las capacidades y habilidades con las que uno nace, con las que desarrolla y con las que adquiere a lo largo de su vida.

Como es obvio, este proceso, que podemos llamar de crecimiento personal, depende no solo de aquellas condiciones que hemos recibido desde la cuna, depende también, y sobre todo, de nuestra actitud, nuestras experiencias y los hechos a los que debemos enfrentarnos en la vida, incluyendo la educación.

Fortalezas y debilidades: desactiva el piloto automático

Todos llegamos con más fortalezas que debilidades a la edad adulta, más allá de establecer que hay personas más afortunadas que otras en ese desarrollo y crecimiento (por sus condiciones económicas, familia, escuela...).

Es un hecho sabido por los terapeutas que conocer estas y aquellas aumenta el poder de cada uno y su influencia sobre el resultado de su camino vital.
Todos sin excepción contamos con un gran número de capacidades para afrontar y poder solucionar los problemas que nos plantea la vida.

  • Nacemos con la capacidad de emulación de las conductas de nuestros educadores.
  • Con un determinado nivel de inteligencia y de sensibilidad.
  • venimos de serie con las maravillosas herramientas de la intuición y la creatividad.

Pero no todos sacamos provecho de su potencial. Es necesario, rescatar, desarrollar y sostener las capacidades de cada uno.

Además de aprender a hacerlas conscientes, ya que cuando las utilizamos de forma automática, difícilmente conseguimos sacarles todo el partido.

Las personas que pasan por sus vidas con el piloto automático puesto están funcionando con solo una parte de su potencial

Si no somos conscientes, repetimos mandatos y grabaciones por hábito o por miedo, sin animarnos a buscar otras posibilidades.

Las sociedades que promueven estas conductas automatizadas empujan a sus miembros, especialmente a los más jóvenes, a que equivoquen el camino, a que pierdan el rumbo, a que terminen sintiéndose amenazados, frustrados o inseguros respecto a lo incierto del mañana.

Una pirámide para la sociedad

Hay que tener en cuenta, tal y como dijimos al principio, que esta escala de necesidades se aplica tanto a los individuos como a las comunidades, que tienen y necesitan satisfacer las mismas necesidades.

La sociedad, sin su evolución en su propia pirámide, la no podrá conseguir el mínimo nivel de satisfacción como grupo humano ni abrir la puerta a la posibilidad de bienestar y felicidad de todos sus miembros.

Como leí no hace mucho en una pintada callejera:

“La calidad no está en las cosas que hace el hombre, sino en el hombre que hace las cosas”

Artículos relacionados