Instinto de superación

¿Por qué nos autoengañamos? Por pura supervivencia

El cerebro usa este mecanismo como protección para filtrar aspectos de la realidad que serían insoportables o para mejorar nuestra autoestima. Pero tiene sus peligros...

Llorenç Guilera

evitar autoengaño

4 de julio de 2017, 15:20 | Actualizado a

El autoengaño es un recurso al que a veces acudimos para afrontar situaciones difíciles. En ocasiones lo hacemos de forma consciente, pero otras es el cerebro el que altera ligeramente nuestra percepción de la realidad.

Este mecanismo tiene sus virtudes y sus peligros: no hay que olvidar que ser realistas nos ayuda a alcanzar nuestras metas, identificar las dificultades y afrontarlas con el máximo de claridad y energía posible.

Hay que evitar que el autoengaño inconsciente se convierte en consciente si no queremos caer en alguna de las peores patologías conductuales, tanto a nivel individual como colectivo.

¿Cuándo utiliza el cerebro el autoengaño?

Los científicos han constatado que existen un mínimo de cuatro situaciones en las que probablemente recurramos de forma inconsciente al autoengaño:

1. El instinto de supervivencia

Es muy frecuente frente a grandes peligros o grandes catástrofes, como pueden ser una grave enfermedad, un tsunami o un acto de violencia delictiva.

El cerebro filtra los aspectos de la realidad insoportables y solo presta atención a los que puede digerir

Según un buen número de psicólogos evolucionistas, es un mecanismo universal de adaptación al entorno que tiene la utilidad de mejorar las expectativas vitales porque nos evita caer en el pánico.

“Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice el refrán. Ignorar la verdadera magnitud de la amenaza nos hace más fuertes y más agresivos contra ella y, por ende, más eficaces.

2. Transferir la culpabilidad

El segundo tipo de autoengaño tiene que ver con la autoestima.

Consiste en eliminar (o como mínimo reducir) la culpabilidad por las malas acciones realizadas en el pasado. Como ya no podemos cambiar los hechos, es más adaptativo no caer en la autopunición y el camino más fácil para conseguirlo es transferir la culpabilidad de nuestras malas acciones a terceras personas, a las circunstancias especiales o incluso a la propia víctima.

Esta forma de autoengaño entraña también un grave peligro, para nosotros:

Si no reconocemos nuestra responsabilidad nunca podremos corregir nuestros errores

Y también para los demás: fijémonos en el uso y abuso que hacen de este autoengaño los maltratadores, los torturadores y algunos asesinos.

Los mayores problemas de la humanidad no provienen de seres “crueles y malvados”, sino de aquellos que se consideran buenas personas, se presentan como tal ante nosotros y justifican su mala conducta para mantener intacta esa convicción.

3. La sobrevaloración de las propias cualidades

Si una determinada característica de nuestra personalidad (la falta de memoria, por ejemplo) no perjudica en exceso a nuestra autoestima, podemos reconocerla sin problemas. Pero si una característica nuestra (la inteligencia, por ejemplo) sí que puede estar vinculada a una pérdida de autoestima, automáticamente nos sobrevaloramos y pasamos a considerarnos favorecidos.

Este tipo de autoengaño tiene la virtud de mejorar nuestra autoestima y motivación para afrontar la vida. Pero también tiene un peligro: podemos caer en el narcisismo, la petulancia y la prepotencia.

Aplicado a la escala grupal, este tipo de autoengaño puede llevar a que un pueblo se considere elegido por dios; unos creyentes, en posesión de la verdad única; una nación, con más derechos que sus vecinas, o una raza, superior a todas y con derecho a eliminar a las razas que considera inferiores.

4. Sobrevalorar la capacidad de cambio y de autosuperación

Ejemplos típicos que encontramos en nuestro entorno: “Fumar me perjudica, pero lo dejaré el día que me ponga a ello” o “me sobran unos cuantos kilos, pero un día de estos empezaré la dieta y lo arreglo rápidamente”.

La automotivación es convencerte de que puedes cambiar y conseguir tus metas sin mentirte sobre tus posibilidades ni las dificultades a superar

Un par de ejemplos para diferenciar la automotivación del autoengaño: si soy obeso, torpe de movimientos y bailo mal, el autoengaño consiste en pensar que soy un excelente bailarín. En cambio, la automotivación me haría ver que mi obesidad puede desaparecer con una dieta apropiada, mi torpeza puede superarse con trabajo corporal intensivo, y puedo tomar tantas clases de baile como me hagan falta.

La automotivación y los sueños

Los buenos profesores, entrenadores, directivos, líderes políticos, son los que saben motivar a las personas a su cargo, evitándoles con firmeza y autoridad carismática caer en el autoengaño y guiándoles en el camino de superar las dificultades.

Cuando el entrenador del F. C. Barcelona Pep Guardiola (seguido en las principales escuelas de administración de empresas como modelo de liderazgo motivacional) acoge al excelente jugador canterano Leo Messi y le hace creer que puede llegar a ser el mejor futbolista del planeta, establece una hoja de ruta que conducirá a convertir este deseo en realidad.

Tener un sueño puede ser el primer hito de una historia personal o colectiva de superación

Quizá sea cierto, como han dicho algunos filósofos, que la vida no es más que un sueño, pero lo que está claro es que los buenos sueños alimentan las vidas más interesantes. Sin embargo, para que estos sueños lleguen a buen fin, conviene no caer en autoengaños conscientes, sino conocer las dificultades a vencer y afrontarlas con toda la fuerza y el optimismo de los que seamos capaces.

Cómo evitar el autoengaño

Hay signos que nos avisan de que nos estamos autoengañando. Si aprendemos a detectarlos, podremos desactivarlos.

Escucha a los demás

Comparte las decisiones arriesgadas con las personas afectadas. Pensar que sabes siempre lo que conviene a los demás sin necesidad de consultarlos es una prepotencia típica del autoengaño. Propón tu plan y escucha los planes alternativos que los afectados propongan. Es probable que alguno de ellos te sorprenda con una propuesta mejor que la tuya.

La inteligencia es un don que está repartido de manera desigual, pero tú no eres el único que lo posee.

Evalúa tus acciones

Solicita opiniones sinceras de personas a las que otorgas criterio y honestidad. Si siempre estás plenamente satisfecho de tus acciones y decisiones, lo más probable es que estés cayendo en el autoengaño de sobrevalorarte. Pide a personas a las que admiras que valoren sin reservas tus actuaciones y prepárate para recibir el gran desengaño: no eres perfecto al 100% en todo lo que haces. Nadie lo es.

Ábrete a las críticas

Analiza con humildad si tienen parte de razón. Escucha las críticas recibidas, vengan de donde vengan, y analiza en serio qué pueden tener de cierto. No caigas en el error de ningunearlas. Antes de quitarles la razón, mira de ponerte en la posición de los demás y entender bien qué te están diciendo.

Repara tus errores

Discúlpate inmediatamente, si has sido capaz de llegar a reconocer que en determinada actuación te equivocaste, y procura repararla sin dilaciones. No caigas en el autoengaño de pensar que los errores son irreparables y que es mejor olvidarlos, que el tiempo todo lo borra.

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