Cultura de la violación

Porno: máster en violación

La pornografía es el manual de instrucciones del violador: reduce a la mujer a la nada, normaliza la brutalidad en el sexo y aplaude las violaciones.

Gabriel Núñez Hervás

Porno y violadores

28 de abril de 2018, 16:02 | Actualizado a

La pornografía ha materializado el viejo sueño cinematográfico de traspasar la pantalla. Ha invadido nuestras vidas y ha reorientado el modelo sexual hacia la violencia impune contra la mujer.

La pornografía es la escuela de los violadores

El porno se ha ido construyendo como una auténtica escuela de violadores. Hay una frase clásica de Robin Morgan, una de las primeras feministas que combatieron valientemente los mensajes del porno, que define tan profética como lúcidamente la situación:

“La pornografía es la teoría. La violación es la práctica”.

Este impecable e irrebatible argumento ha sufrido furibundos ataques, no solo por parte de la industria del porno y del heteropatriarcado sino por otras corrientes feministas que llevan décadas defendiendo inexplicablemente las virtudes del porno para una supuesta liberación sexual de la mujer.

Somos manada

Yo sí te creo, hermana

Somos manada

Sin embargo, las teorías que asociaban el consumo de pornografía a una supuesta catarsis (muy cercanas en tono y espíritu a esa creencia de que gracias a la prostitución hay menos violaciones)han quedado tan obsoletas como descalificadas frente a la evidencia de la conexión entre el modelo que aplaude el porno y la conducta mimética de muchos violadores, que ya llegan a grabar sus propias agresiones para poder compartirlas con los amigos y sentirse así como auténticas estrellas porno.

Los héroes del porno

Lamentablemente, la afirmación de Robin Morgan, siendo ya precisa y certera en su momento, ha cobrado desde hace unos años una vigencia dramática, porque el porno ha multiplicado no solo su capacidad de alcance, sino su aprobación social, y lo ha hecho intensificando hasta niveles inconcebibles la violencia contra la mujer como elemento definitivo y definidor del propio concepto de pornografía.

Juicio al porno que ve La Manada

(Mala) educación sexual

Juicio al porno que ve La Manada

Es cada día más inusual encontrarse con una escena porno en la que las mujeres no sean sistemática y brutalmente insultadas, agredidas y vejadas de todas las maneras posibles. Sus agresores se han convertido en los héroes de varias generaciones.

El porno normaliza la violencia

La continua exposición a las ultraviolentas escenas pornográficas, y el concepto que de su mensaje se aprehende sobre las relaciones sexuales constituyen un auténtico máster para violadores.

El porno muestran no ya complacencia con la posibilidad de violar y agredir a una mujer (a cualquier mujer, incluyendo adolescentes y niñas), animan al espectador a hacerlo impunemente y alientan a la realización de este crimen de una manera continua e invasiva.

No eres tú, son ellos

Cultura de la violación

No eres tú, son ellos

El porno actúa autorizando, legitimando, normalizando y aplaudiendo esta práctica. El porno celebra la anulación absoluta de la mujer, mostrando un desprecio infinito por su condición humana y por su dignidad.

La enorme influencia del porno en los menores

La infancia es el objetivo último del porno, y es víctima de esta lacra en todos los sentidos. Cada vez hay más violaciones de niños circulando en redes pederastas.

Pero la cosa no acaba ahí: los niños acceden al porno cada vez más pronto (entre los once y los doce años) y este define su primer acercamiento al sexo y su relación con él. El número de casos en los que niños y adolescentes reproducen lo que ven en la pantalla no para de crecer.