Cultura de la violación

Porno y crimen: cuando el sexo es agresión

Un 88% de las escenas pornográficas contiene agresiones físicas a mujeres, violaciones, azotes, bofetadas, y humillaciones. Más de medio centenar de estudios certifican la relación entre la pornografía y la violación.

Gabriel Núñez Hervás

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26 de octubre de 2018, 16:23 | Actualizado a

Asistimos desde hace pocos meses a una eclosión de mensajes de todo signo sobre la realidad pornográfica del siglo XXI. Lamentablemente, en la defensa de un discurso humanista y racional sobre la función criminal del lobby porno, aparecen demasiados argumentos sin la menor firmeza, algoritmos morales, deshechos científicos… y así solo se consigue retroceder.

Una investigación ambigua sobre la conexión del porno con las agresiones sexuales es tan destructiva como una denuncia falsa.

Resulta comprensible intentar justificar estos errores por la percepción del dramático papel que juega la pornografía en nuestras vidas, pero hasta las causas con las mejores intenciones tienen que respetar el rigor para evitar descalificaciones.

Entre el diluvio de informaciones, posts, noticias, rumores y reflexiones dedicadas a la indiscutible relación del consumo de pornografía con las conductas agresivas, violentas y humillantes del hombre contra la mujer, se han filtrado traducciones e interpretaciones tan poco afortunadas como lesivas para la causa.

Sobre la teoría que vincula al porno con la violación se arrojan prejuicios, miedos, muchas resistencias y menos ciencia de la exigible.

Investigaciones recientes sobre pornografía y agresión

Las redes sociales son especialmente permeables a recoger y rebotar las ocurrencias e inventos que nublan las mentes de sus usuarios. Por esta razón hemos decidido eludir el jaleo viral para dedicarnos a encontrar investigaciones mucho más firmes.

  • Agresión y comportamiento sexual en los vídeos de pornografía más vendidos: una actualización del análisis de contenido es un estudio reciente, objetivo y estricto, que han realizado Ana J. Bridges, Robert Wosnitzer, Erica Scharrer Chyng Sun y Rachael Liberman. En él se analiza el contenido de los vídeos pornográficos que encabezan las listas de visitas en Internet, con el objetivo de actualizar las representaciones de agresión, degradación y prácticas sexuales violentas y comparar los resultados del estudio con los análisis de contenido.

    Los hallazgos indican altos niveles de agresión en la pornografía tanto en forma verbal como física. De las 304 escenas analizadas, el 88,2% contenía agresión física, principalmente azotes, náuseas y bofetadas, mientras que el 48,7% de las escenas contenían agresión verbal, principalmente insultos.
Porno: máster en violación

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  • En Estados Unidos, el Centro Nacional de Explotación Sexual (NCOSE), se dedica a investigar las vinculaciones de la pornografía con el tráfico sexual, la violencia contra las mujeres y los niños. Según la NCOSE, la pornografía implica una deshumanización de las personas y es una manera antiética de ver y tratar a los demás.
  • Pornografía, consumo y satisfacción: un metaanálisis es una impecable investigación de Paul J. Wright, Robert S. Tokunaga, Ashley Kraus y Elyssa Klann, refrendada por la NCOSE, en la que se analizan cincuenta estudios que relacionan el consumo de pornografía con las agresiones sexuales y con la insatisfacción y la frustración sexual y relacional.

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