El arte de no hacer nada

9 consejos para conseguir más haciendo menos

Llevar a tu vida cotidiana el método Wu Wei de la no acción: implica dejar de reaccionar sobre la marcha, dejando que el equilibrio se restablezca por sí mismo.

Francesc Miralles

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29 de octubre de 2018, 09:00 | Actualizado a

1. Deja enfriar las emociones.

Las acciones precipitadas que se toman en caliente tienen luego un gran coste en las relaciones personales y en forma de tiempo.

Por eso, un proverbio chino aconseja: “Nunca escribas una carta cuando estés enojado” ya que las emociones pasan, pero las palabras y acciones que salen de nosotros se quedan en la memoria de los demás.

2. Comprende el valor de la no acción.

El hecho de no actuar en momentos de crisis no significa pasividad ni conformismo. Es aceptar que ese no es el momento adecuado para solucionar las cosas.

Como los sabios taoístas, no haciendo permitimos que el resto del mundo se recoloque de modo natural, con lo que muchas veces el problema se
resuelve sin nuestra intervención.

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3. Aplícate el lema “Lo contrario es lo conveniente”.

Cuando los nervios están a flor de piel, para compensar el desequilibrio haz lo contrario de “lo que te pide el cuerpo”. Por ejemplo, si tu impulso es enfrentarte a aquella persona que crees que te ha faltado al respeto, despáchala con unas palabras amables o incluso no digas nada.

Si te resulta imposible no hacer nada, asegúrate al menos de que emprendes una acción y no una reacción.

4. Practica el Wu Wei creativo.

En la era del multitasking y la dispersión, fluir con una sola cosa, sin hacer nada más, nos conecta al Tao que no tiene tiempo ni espacio. Puedes experimentarlo limitándote a caminar por la naturaleza, o a pasear por tu ciudad, sin ningún otro propósito que moverte, o también tocando un instrumento, o bien leyendo un libro sin prestar atención a nada más.

Hay formas muy creativas de no hacer nada, ya que al descansar la mente se hace el vacío que permite engendrar nuevas ideas.

5. Regálate momentos de descompresión.

El arte de no hacer nada es muy productivo en ámbitos más allá del conflicto. Cuando hemos soportado altos niveles de presión y actividad, un descanso total nos prepara para el siguiente desafío.

Tal como hacen los gatos antes de movilizar todas sus fuerzas, cuanto más completo es el reposo, mejor será nuestra eficacia a la hora de movernos.

6. Evita los pronósticos.

Un motivo por el que tendemos a actuar con urgencia es porque creemos que así podemos moldear el futuro.

Sin embargo, los acontecimientos externos dependen de muchas variables que no podemos controlar. Entender que cualquier cosa puede suceder, más allá de lo que hagamos, nos permite refugiarnos en la no acción hasta que nuestra iniciativa sea indispensable.

7. Identifica tu responsabilidad.

Cuando sientas la necesidad imperiosa de tomar cartas en el asunto, pregúntate si el resultado que quieres obtener depende de ti. Si depende de otras personas, está fuera de tu ámbito de influencia.

Sin embargo, la mayoría de los conflictos que vivimos se pueden desactivar ajustando nuestra visión. Da igual lo que suceda; si tú no estás en lucha, la
guerra no te alcanzará.

8. Haz oídos sordos a los influencers negativos.

Al igual que Ulises ordenó a sus hombres que se taparan los oídos con cera para no escuchar el canto de las sirenas que les harían naufragar, hay que huir
de todas esas personas que meten cizaña
para que actuemos de modo negativo.

9. Actúa en lugar de reaccionar.

En el tercer punto de Los 7 hábitos de las personas altamente efectivas, Stephen Covey aconsejaba: “Priorizar y alcanzar las metas más importantes, en vez de reaccionar constantemente a las urgencias”.

Cuando te resulte imposible no hacer nada, asegúrate al menos de que emprendes una acción y no una reacción. Esto último significa ir a remolque de las circunstancias –por ejemplo: mi jefa me ha hablado mal, por lo tanto ahora trabajaré peor–, mientras que la verdadera acción significa crear iniciativas que surgen de tus prioridades vitales.

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