Evita celos y conflictos

Conflicto: ¿cómo te llevas con tus suegros?

El triángulo que conforman los padres con las parejas de sus hijos genera relaciones especialmente delicadas que necesitan respeto mutuo y equilibrio.

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26 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Cuenta un amigo mío que la primera vez que fue a la casa de los padres de la que luego sería su esposa, esta le dijo a su madre:
–Vamos a ver si me conoces tan bien como dices, mamá. He venido con cuatro amigos. Uno de ellos es mi novio. A ver si puedes adivinar cuál es.
Mi amigo y los otros tres se pararon frente a la señora, que los escrutó con ojo clínico. En unos segundos, su futura suegra señaló a mi amigo y sentenció:
–Ese es.
–Increíble, mamá. ¡Muy bien! ¿Cómo lo supiste?
–Porque desde el primer momento no me gustó.

La llegada del intruso a la familia

¿Por qué son tan frecuentes los conflictos con la familia política?

Comencemos por lo que es obvio: cuando a una familia llega el novio o novia de un hijo o una hija, es un intruso. No pertenece al grupo que hemos conformado, no es uno de nosotros, viene de otro lado. Es un forastero. Como tal tiene otra cultura: otras costumbres, otras ideas, otra escala de valores… Eso ya es suficiente para que sea mirado con desconfianza a la hora de la cena.

Sumémosle a su condición de extranjero y de extraño (lo que la mayoría de las veces se percibe como raro y no pocas como malo) que tiene ciertas intenciones más o menos conocidas: pretende abducir a uno de los nuestros. Llevárselo consigo vaya a saber dónde y allí, seguramente, convertirlo.

Es posible que seamos razonables y no nos dejemos llevar por estos sentimientos arcaicos. Que comprendamos que lo mejor para nuestros hijos es que, alguna vez, quieran y puedan dejarnos. Y hasta que aceptemos que, cuando lo hagan, no sea con alguien igual a nosotros ni (lo que es casi lo mismo) con alguien que sea como habíamos imaginado que sería.

Sin embargo, aunque tengamos toda esta sabiduría, los sentimientos más viscerales están allí y convengamos que no constituyen un buen cimiento para forjar un vínculo.

Celos de familia

Desde el lado del novio o la novia, es evidente que en la familia de origen de su pareja están sus competidores más amenazantes. Si lo que él o ella pretende es pasar buenos momentos, lo más probable es que los celos aparezcan en relación con alguien con quien se sospecha que la pareja podría pasarlo bien. En cambio, si lo que pretende es formar una familia… ¿A quién va a dar celos? ¡A su otra familia, claro está! Y esa es, en la mayoría de los casos, la familia de origen.

Nuevamente, es posible que como nueras y yernos seamos muy civilizados y entendamos que conseguir que nuestra pareja nos siga eligiendo no se basa en eliminar la competencia. Pero, de igual modo, se comprende que haya cierta lógica en la suspicacia hacia los suegros o sus sucedáneos (cuñados, sobrinos, etc.).

¿De qué lado estás?

Ya se sabe que en las relaciones triangulares siempre se anda sospechando que los otros dos se han aliado en nuestra contra. Por eso las demandas siempre caen sobre el que queda en medio.

La clave para salir de este juego de sospechas, lealtades y traiciones radica en fortalecer el lado del triángulo más debilitado: la relación directa entre suegros y nuera o yerno. Y con eso no me refiero a que compartan tiempo juntos “para que se lleven bien”. Me refiero a que puedan hablar entre ellos de las cosas que les molestan o preocupan.

Sabiendo que la relación con la familia política es un terreno resbaladizo, tendremos especial cuidado en mantener una comunicación franca y respetuosa. Establecer límites, por supuesto, pero de una manera amorosa y directa.

Habitualmente se usa a la pareja de intermediaria: “Dile a tu madre…”, “Tu esposa siempre...”. Esta conducta se ampara en un intento de mantener una buena relación con la familia política. Si esa es la verdadera intención (de lo cual dudo: creo que más bien es un intento de probar la lealtad de la pareja o el hijo) no es, de seguro, el resultado. Todos saben quién está detrás de los mensajes de uno y otro, y ello aviva las sospechas de tramas secretas y complots maliciosos.

Cuando la suegra eres tú

Tus intenciones posiblemente son las mejores. Solo quieres ayudar, hacerles a tu hijo o hija y su pareja la vida más fácil… Pero debes comprender que tus intenciones de participar y tus consejos son vividos muchas veces como intromisiones y críticas.

Como madre de un adulto que ha formado una pareja, debes estar dispuesta a aceptar quedarte un poco fuera. Ya no tienes que cuidar a tu hijo o hija ni, mucho menos, de la pareja que ha elegido (por más tóxica que a ti te parezca). En todo caso, esa será responsabilidad de él o de ella. Tu función no es criar a sus hijos. Ni ayudarlos con esa crianza. Tu función es querer a esos niños, consentirlos y llenarlos de amor, regalos y golosinas (lo que se dice: malcriarlos). Y ayudar en lo que te pidan, si te lo piden.

No creas que todas las decisiones extrañas que ahora toma tu hijo/a son obra de su pareja.

No creas que todas las decisiones extrañas que ahora toma tu hijo/a y su pareja son movilizadas por tu yerno o nuera. Tu hijo/a también ha cambiado y ya no piensa siempre como tú. Es muy posible que sea él o ella quien esté detrás de eso que tanto te desagrada o que, al menos, esté muy de acuerdo. No lo supongas rápidamente un dominado o una dominada. Son los menos de los casos.

Si puedes resistir todas estas tentaciones y eres respetuosa con el espacio de la pareja, es muy posible que gradualmente te vayan invitando más y más
a participar. En cambio, si te pasas inmiscuyéndote, dando consejos no solicitados o atribuyéndote decisiones que no te competen, lo más probable es que tu hijo o hija y especialmente tu yerno o nuera comiencen a poner barreras para impedir que te acerques más allá del límite.

Cuanto más empujes, más se resistirán. Cuanto más consientas su espacio, más te convocarán.

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