Educar a gritos

Esto es lo que ocurre cuando le gritas a tus hijos

Está demostrado: gritar no sirve de nada como herramienta pedagógica. Aunque está muy aceptado en nuestra cultura de crianza, tienen graves consecuencias.

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28 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Muy desagradables, poco justificados y, a veces, inútiles como herramientas pedagógicas. Los gritos que les das a tus hijos producen todo esto:

  1. Aumentan el cortisol: el grito activa nuestras alertas innatas de peligro. El corazón se acelera, se empieza a segregar adrenalina y cortisol, la hormona del estrés, para dar respuesta a ese peligro.
  2. Impiden razonar: los gritos activan un área del cerebro que impide hacer lo que se demanda. Los niños no pueden pensar ni razonar, solo les permiten tres respuestas: huir, luchar o paralizarse.
  3. Alteran el cerebro: los gritos, el maltrato verbal y la humillación, o la combinación de los tres elementos alteran la estructura cerebral infantil: hacen que los dos hemisferios se desconecten.
  4. Crean falsos lazos: si mis papás dicen algo importante, gritan. Si no gritan, no debe serlo. Una familia que habla agresivamente produce en los hijos razonamientos de este tipo.
  5. Devalúan el mensaje: tenemos que evitar que nuestras palabras acaben devaluándose, como ocurre cuando gritamos en lugar de hablar, y también aprender a bajar nuestros niveles de alteración.
  6. No son eficaces: los gritos y las amenazas resultan contraproducentes: infunden terror a los más pequeños y los mayores advierten que somos personas que no cumplimos lo que decimos.

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