"Él sigue en mi cabeza"

James Rhodes contra la violencia sexual infantil

El pianista James Rhodes pide la aprobación urgente de la ley de violencia sexual contra la infancia.

Ana Montes

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17 de septiembre de 2018, 18:51 | Actualizado a

Hace esfuerzos titánicos por volver a contar lo que durante años le robó su infancia y aún el sueño y muchos momentos cotidianos y hasta íntimos como cuando “me acuesto con mi novia”, confiesa el pianista británico James Rhodes (1975) que desde hace un año reside en Madrid.

Su agresor, el profesor de gimnasia del colegio privado masculino que desde los 5 años y durante cuatro años le sometió a continuas violaciones, a pesar de haber muerto, “sigue en mi cabeza; y quiero vomitar”, explicó hoy conmocionado el músico en rueda de prensa, en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid.

Ley de protección integral frente a la violencia contra la infancia

Por eso, junto a organizaciones de infancia como Save The Children y la Fundación Vicki Bernadet, nombre que porta el de otra víctima infantil como él, ha pedido agilizar la aprobación de la Ley de protección integral frente a la violencia contra la infancia, cuyo anteproyecto puso en marcha el Gobierno el pasado 7 de septiembre por lo que no sería efectiva hasta finales de 2019. Para todos ellos, los niños y niñas víctimas que conviven ya o podrían vivir esta terrible situación necesitan que se apliquen con “urgencia” medidas y recursos que les protejan y les atiendan especialistas.

“Si no hay una intervención y prevención precoz, puede ser gravísimo. Por eso exigimos al Gobierno la misma valentía que hemos necesitado nosotros para sobrevivir”, explicó Vicki Bernadet.

Entre sus propuestas piden que los delitos sexuales no prescriban hasta que el agredido cumpla 50 años (hoy 33) ya que algunas víctimas tardan años en hablar. También, introducir la educación afectivo-sexual en el sistema educativo para explicar a los niños los comportamientos que resultan o no adecuados en los adultos y reducir así los abusos.

Además, implantar la detección y prevención en los centros educativos formando a profesores; más coordinación institucional con un seguimiento de los casos y un protocolo en los centros médicos cuando llega un niño agredido; crear una fiscalía y juzgados de instrucción especializados en violencia hacia la infancia; agilizar y priorizar los procesos judiciales a menores que suelen tardar de 3 a 4 años; y dotar de servicios a las víctimas.

Una ley urgente

Solo en 2017, en España hubo 4.211 denuncias por violencia sexual infantil, según datos del Ministerio de Interior. Pero no existen datos reales ya que el terrorífico entorno social donde se desenvuelven estos pederastas es el ámbito familiar y escolar. Estos casos casi nunca se denuncian aunque 1 de cada 2 agresiones sexuales en España es a niños y adolescentes, “algo inaceptable en un país como el nuestro”, ha señalado Andrés Conde, director general de Save The Children.

Ese sufrimiento que, por la inexistencia en su país de una ley como la prevista y que sería pionera, le costó a Rhodes graves perjuicios morales, autolesiones y “hasta tres operaciones de espalda” para reparar el daño que le infligió su torturador, desea ahorrárselo a otros menores que en España (1 de cada 5) sufren la lacra del “abuso sexual”.

Tras el término, demasiado edulcorado para el pianista, asegura que se esconden más que abusos porque cuando ya han pasado “todo empeora”. Por eso dice que las víctimas suelen acarrear muchos desórdenes como los bipolares.

“Muchos no quieren hablar sobre esto, o nos da vergüenza, o sentimos culpa u odio, o nos suicidamos”, en alusión a los varios intentos por acabar con su vida.

“A los adultos, se nos da muy bien hablar pero hemos olvidado escuchar. Y los niños no solo hablan con palabras sino también con hechos”, matizó el músico que en su libro más reciente, Fugas, como en su primer libro de memorias (Instrumental. Memorias de música, medicina y locura) también repasa algunos de los fantasmas de su vida.

Sangraba entre las piernas y tenía sangre en la cara. Estaba nerviosísimo porque no quería ir a gimnasia pero sus padres siempre le mandaban a clase y en el colegio lo achacaban a que tenía que madurar, explica lamentándose de que “hoy, en 2018, aún a un niño como yo le volverían a enviar a clase” porque la sociedad no quiere aceptar esta dramática realidad. Quizás por eso, del 70% de los menores que revelan una agresión solo se denuncian las violaciones de un 15%, por falta de credibilidad de su entorno, y son desestimados el 70% de los casos que llegan al sistema judicial.

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