Tus aspiraciones no son las suyas

¡No proyectes! 4 consejos para respetar los sueños de tus hijos

En ocasiones, imponemos una pesada losa a nuestros hijos: cumplir aquellos propósitos que nosotros no pudimos realizar. El precio a pagar será muy caro: su felicidad.

Ramón Soler

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19 de octubre de 2018, 14:52 | Actualizado a

Como padre, más de una vez me he encontrado pensando cómo a diario mi hija me muestra que mis utopías son las mías, tal vez válidas para mí, pero no para ella.

Ella nació con sus propios gustos, dones y talentos, con sus propias necesidades de búsqueda, de exploración, de desarrollo y crecimiento, y por más que yo le indicara con dos años (mea culpa) que igual sería adecuado decirle hola al vecino, sabiamente ella me contestó que declinaba mi oferta porque no quería hablar con una persona con la que no tenía confianza.

Tal vez uno de los aprendizajes más complejos de la paternidad/maternidad sea el de intentar evitar proyectar nuestras carencias, mandatos culturales (adquiridos en nuestra familia de origen) y nuestros sueños fallidos en nuestros hijos.

Cómo forzamos el camino de nuestros hijos

Algunos padres que no lograron cumplir sus sueños de vida en su juventud fuerzan a sus hijos a seguir los pasos que ellos no pudieron dar para sentir la satisfacción de ver sus propósitos cumplidos.

A muy temprana edad, comienzan a inculcar a sus hijos sus propias utopías, les ofrecen únicamente la versión idealizada de ese mundo proyectado (que nunca coincide con la realidad de sus hijos) y elaboran una compleja red de manipulaciones para impedirles descubrir la existencia de otras opciones.

Desde que son bien pequeños, a través de mandatos, restricciones, ocultaciones, censura y coacciones, obligan a sus niños a seguir un camino que no es el suyo. Palabras que no pueden pronunciar, comidas prohibidas, acciones censuradas, actividades descartadas, juegos dirigidos, amigos que no convienen, etcétera, conforman la realidad sesgada de unos niños concebidos (consciente o inconscientemente) para cumplir los anhelos perdidos de sus padres.

Estamos ante lo que yo llamo los “sueños de cristal”, sueños de vida frágiles y quebradizos que, al no estar basados en aspiraciones y necesidades reales, terminan por resquebrajarse cuando estos niños, ya adultos, se rompen en mil pedazos.

La infelicidad y la insatisfacción hacen mella en su salud emocional y, cuando buscan las causas de su malestar, comprenden que estaban viviendo una vida que no era la suya.

He atendido muchos casos de personas que han seguido los sueños de sus padres creyendo que eran los suyos, pero que, en algún momento, han sufrido una profunda crisis de identidad que les ha llevado a cuestionarse su vida y, tras la terapia, a cambiarla de una manera radical.

A veces, las crisis se presentan en forma de tensiones musculares o de enfermedades físicas, como si el cuerpo avisara a la persona para que deje de cumplir los sueños ajenos y se centre en los suyos. En otras ocasiones, sin que exista un motivo aparente, la persona cae en una profunda depresión o sufre un demoledor ataque de ansiedad. A pesar de tener un trabajo estable y una vida acomodada, deja de disfrutar, se siente vacía por dentro. De nuevo, su cuerpo le avisa de que está desconectada de sí misma.

¿Estás viviendo tu vida, o la que tus padres querían para ti?

Recuerdo, en especial, el caso de Judith, una joven tranquila y “obediente” que entró en crisis cuando sintió la necesidad de oponerse a los planes de boda que su madre había diseñado para ella. Judith, discreta y sencilla, deseaba una boda íntima, mientras que su madre había proyectado una ceremonia en una iglesia de renombre y una celebración en el restaurante más caro y opulento de la ciudad.

En terapia, Judith se percató de cómo, desde pequeña, había vivido a la sombra de su madre, una mujer tradicional y autoritaria que siempre le marcaba lo que tenía que hacer. Le compraba la ropa que debía llevar, le obligaba a dejar de ver a las amigas que no cumplían con su criterio de perfección e, incluso, decidió por ella la carrera que tenía que estudiar.

Todo ello, según su madre, para que su hija fuera más feliz de lo que ella había sido.

Aunque Judith aún no tenía hijos, darse cuenta del yugo bajo el que había vivido le sirvió para reflexionar sobre la maternidad y la crianza: “Ya sé lo que no debo repetir con mis hijos cuando los tenga. No debo forzarles a ser lo que no son. Mi madre quería modelarme como si fuera de barro para que cumpliera su sueño de ser la mujer perfecta según sus ideales. Pero los niños deben ser libres para poder ser ellos mismos”.

Cuando se ha vivido bajo el peso de un destino ajeno, el cambio no resulta fácil, ya que implica percatarse de que no estaban siguiendo sus propios sueños, sino los de sus padres. Estas personas deben atravesar el duelo por su pasado para renacer de nuevo reforzados y confiados. Es un proceso duro, pero el resultado siempre merece la pena.

4 formas de fomentar sueños propios en tus hijos

Si tienes hijos y deseas animarles a seguir sus propios sueños, en lugar de que vivan y padezcan sueños de cristal, estos consejos pueden ser un buen punto de partida.

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No decidas por ellos

Desde que son bebés son muchas las decisiones que nuestros hijos deben tomar por ellos mismos. Al principio, estas estarán relacionadas con sus necesidades básicas: cuándo comer, dormir, dejar los pañales. Más adelante, a medida que maduren, realizarán sus elecciones personales sobre sus juegos, amigos, ropa, estudios, parejas, etc.

Muéstrales que confías en su criterio, seguir su propio camino es lo que les va a hacer realmente felices.

Muéstrales otras realidades

Tus sueños, tus gustos, tus decisiones vitales son las tuyas, no tienen por qué ser las de tus hijos. Que no vivan una infancia plagada de prohibiciones
y restricciones.

Ábreles las puertas a conocer muchas realidades, muchas vidas diferentes, muchos tipos de comidas, ropas, juegos para que ellos puedan realizar sus propias elecciones vitales en base al amplio abanico que han conocido en su infancia.

No te estreses

Disfruta el presente de tus hijos. No te preocupes o proyectes su futuro. El ahora es lo que importa. No te pierdas su infancia y no hagas que ellos pierdan la suya por tus preocupaciones.

Nuestros hijos no van a ser pequeños durante muchos años, libérate y libérales a ellos de la carga del “qué va a ser de su vida”.

Cumple tus propios sueños

Para evitar cargarles a ellos con la presión de nuestros sueños frustrados, es importante que nosotros busquemos espacio para desarrollar algunas de nuestras pasiones y elecciones que, en nuestra infancia, quedaron truncadas.

Haz tu viaje soñado, escribe ese libro del que tanto hablas, hazte ese cambio de look radical que tanto deseas, lánzate y emprende por fin ese negocio de tus sueños que llevas tantos años proyectando.