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Las secuelas psicológicas para el bebé en la gestación subrogada

Desde el punto de vista del recién nacido es una agresión injustificable éticamente. Es previsible que sufra secuelas psíquicas y dificultades con los vínculos afectivos.

Ibone Olza

maternidad subrogada

3 de mayo de 2017, 16:40 | Actualizado a

La gestación subrogada parece estar de moda. Es una nueva alternativa a la maternidad/paternidad que supone que el bebé es gestado por una mujer que no lo va a criar y que, a cambio, recibe un ingreso económico.

Más allá de los sentimientos de los padres y de la ética del "negocio", no podemos pasar por alto todo lo que implica para el recién nacido, los riesgos y los graves efectos psicológicos.

Maternidad subrogada: cómo afecta a los bebés

Tabula rasa. La idea de que los recién nacidos son como una tabla de cera en la que todo está por escribir es muy antigua, ya lo pensó Aristóteles. De hecho, durante siglos los científicos de la época, es decir, los filósofos, debatían al respecto de si al nacer el ser humano posee algún tipo de conocimiento o no.

El tema se zanjó definitivamente en el siglo XX con el desarrollo de la tecnología que permitió comprender el desarrollo embriológico y ver las reacciones de los bebés a diferentes estímulos desde momentos muy tempranos del embarazo.

Ahora sabemos que hay respuesta a la sensación dolorosa desde la semana 25 del embarazo, respuesta visual y preferencia por caras humanas desde la semana 26 y capacidad auditiva similar, y respuesta olfativa clara desde la semana 29.

¿Cómo influye en el bebé lo que siente su madre en el embarazo?

Los bebés en el útero perciben su ambiente y les afecta, enormemente, todo lo que vive y siente la madre.

Los estudios además han confirmado lo que se llama “teoría de programación fetal”, es decir, que durante algunos momentos del embarazo hay sistemas biológicos del bebé que quedan “programados” para dar una respuesta de por vida a un tipo de ambiente externo.

La construcción de la psique comienza en el embarazo, con el vínculo prenatal, y el neurodesarrollo del bebé está muy condicionado por el estado emocional de la madre, más aún si consume alcohol, tabaco u otros tóxicos.

Todos estos estudios e investigaciones confirman efectivamente que lo que se vive en el útero deja una huella que durará de por vida y que en muchos aspectos condicionara la salud física y emocional. Es decir, que el bebé y su cuerpo recuerdan la vida intrauterina.

¿Y qué pasa si lo separan de su madre?

Lo mismo podemos decir del nacimiento: cada vez es mayor la evidencia que demuestra como ese viaje que supone salir del vientre materno queda profundamente grabado en la psique y en el cuerpo.

Toda una serie de mecanismos neurohormonales hacen que nada más nacer los bebés esperen encontrarse con su madre, reconocerla, olerla, mirarla a los ojos, e idealmente, iniciar la lactancia.

Condiciona en muchos aspectos su desarrollo cerebral lo que vive en el embarazo, en el parto y en los primeros días. Deja una huella muy importante en su vida psíquica. Por todo ello cuando hablamos de gestación subrogada es imprescindible ponernos en la piel del bebé y hacernos las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo le afecta al bebé lo que viva y sienta la gestante?
  • ¿Cómo le afectará ser separado de su madre nada más nacer y despedirse de ella definitivamente?

El bebé gestado por subrogación, al igual que todos los de nuestra especie, espera encontrarse al nacer con la mujer que le ha gestado y que para él es su única madre. Espera ser amado y criado por ella.

La herida primal: el trauma de la separación

Ser separado de la madre nada más nacer y probablemente no volverla a ver suponen un trauma y una pérdida enormes: equivalentes a que su madre muera en el parto.

“Lo peor que le puede pasar a un recién nacido es que le separen de su madre”

Esta frase del neonatólogo Nils Bergman, investigador referente a nivel mundial, sintetiza muy bien toda la evidencia científica actual que demuestra lo doloroso que es para los bebés ser separados de su madre nada más nacer.

Las consecuencias son más dañinas y las secuelas más graves, obviamente, cuanto más prolongada es la separación. Precisamente por toda esa evidencia, sólo situaciones de cierta gravedad médica justifican esa separación inmediata.

Es lo que llamamos la herida primal. Muchos de los niños que han sido adoptados sufrieron esas separaciones tempranas y traumáticas de la madre lo que a veces favorece trastornos del vínculo o alteraciones muy graves de la conducta en la infancia o adolescencia que pueden ser muy difíciles de tratar: suelen ser precisos años de terapias.

Adopción vs subrogación

Hay una mayoría de niños adoptados que crecen saludablemente y sin secuelas del abandono inicial, pero también hay una minoría que sí tiene dificultades muy severas y graves trastornos de conducta, independientemente de cuanto les quieran y cuiden sus familias adoptivas.

Pero la adopción y la subrogación son dos situaciones muy diferentes. El abandono o rechazo que precede a la adopción, es decir, que una madre (¡y un padre!) abandonen o no se hagan cargo de su bebé, es algo que, al hijo-a “le pasa”. Por el contrario, que alguien decida gestar un bebé en el vientre de una madre de la que le separarán nada más nacer es algo que “le hacen”.

En el primer caso, adopción, la familia adoptiva repara ese daño aceptando y queriendo al bebé.

En el segundo, subrogación, es la propia familia la que decide hacer pasar al bebé por ese embarazo y parto con separación posterior negando el daño que todo eso puede causar, poniendo por encima su presunto derecho a ser padres.

Al bebé le afectará enormemente cómo viva psicológicamente la gestante el embarazo. Es difícil imaginar lo que pueda vivir un bebé gestado por una mujer que lo hace por su situación de pobreza.

Incluso en los casos de gestación “altruista” como Canadá hay gestantes que expresan “disfruté mucho del embarazo, pero nunca sentí una conexión maternal”. ¿Quién puede pensar que eso no afecta al desarrollo del bebé?

Mucho más que perder una madre

La gestación subrogada supone infringir una herida psíquica enorme a un recién nacido: separarle de la madre que lo gestó, y mantener la separación.

Además, se programa el parto o se realiza una cesárea en la mayoría de los casos, para favorecer que estén presentes los padres que han “contratado” la subrogación.

El bebe no se va a beneficiar de un parto espontáneo, no va a tener piel con piel con la madre, no va ser a amamantado…Supone toda una suma de pérdidas con muchos riesgos y posibles efectos adversos en la salud a muy largo plazo.

La memoria corporal no se podrá borrar, las sensaciones del embarazo y la ausencia de esa madre que le gestó perdurará de por vida

Desde el punto de vista del recién nacido la subrogación no solo es una agresión injustificable éticamente, además, es arriesgado y previsible que algunos de estos bebés puedan sufrir secuelas psíquicas y dificultades para los vínculos afectivos el resto de sus vidas.

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