No es amor

Violencia en la pareja: cómo detectarla y salir de la relación

Los maltratadores pueden parecer personas encantadoras. Cuesta reconocer el abuso, pero todavía cuesta más decidir que no te lo mereces y que no va a cambiar.

Coral Herrera

Violencia en la pareja

13 de junio de 2018, 18:34 | Actualizado a

A veces la gente llega a las relaciones con mucho dolor acumulado, con frustraciones, desconfianzas, miedos, prejuicios y viejos rencores... Arrastran estructuras de guerra y actitudes hostiles que les impiden partir de cero y que pueden convertir cualquier relación en un infierno.

Cómo reconocer a un maltratador

Algunas personas que parecen encantadoras son gente dañina que sabe cómo manipular a su pareja, aprovecharse de ella, minar su autoestima para dominarla y lograr sus objetivos. Esa gente quiere cambiarte, no te acepta tal y como eres, pretende aislarte de los tuyos sin que te des cuenta. A su lado, sientes que no puedes ser tú misma porque te juzga, se burla, te humilla o te trata mal. Solo hace comentarios destructivos, disfruta viéndote sufrir, te hace sentir responsable de sus problemas, te culpa y te maneja con chantajes y amenazas. En lugar de facilitarte las cosas te las complica, te chupa los recursos y las energías para su beneficio personal.

Cuando te encuentras con alguien así, tienes que liberarte de la culpa y del miedo y romper la relación, alejarlo de tu vida. No importan los problemas que tenga: tú no eres responsable y no vas a curar a nadie, no vas a salvar a nadie, no vas a cambiarle la vida a nadie que no quiera cambiar por sí mismo. El alcohólico, el ludópata o el mentiroso compulsivo que se curan por amor son puro cuento: de las adicciones y los problemas solo se sale cuando uno quiere salir y cuando pide ayuda profesional si siente que no es capaz de hacerlo solo.

En el ámbito de la pareja, esta prescripción se convierte en norma irrenunciable. Es fundamental elegir buenos compañeros de viaje, gente linda con la que poder construir una relación basada en la honestidad y en la confianza.

Huye de la gente con traumas que pretende que tú les salves de su dolor, de la gente con problemas que se queja constantemente, de esos que le ponen “peros” a todo, de los que te dicen: “No me voy a enamorar de ti, no quiero tener pareja”, pero les encanta sentirse queridos y admirados.

Huye de los chicos inseguros que no han trabajado su masculinidad, porque suelen ser autoritarios y celosos, y no saben hablar de sus sentimientos, no saben expresarse ni comunicarse. Son posesivos, machistas, dominantes y te piden que seas sumisa para así sentirse bien. Tú te mereces a alguien que sepa querer, que no sea egoísta, que sepa tratar bien a quien quiere, y que quiera y sepa disfrutar del amor. Tú y toda la gente que tenga ganas de enamorarse y de vivir una historia de amor bonita, sin jerarquías y sin violencias.

Para ser más felices, o al menos para poder estar bien, hay que quererse y cuidarse mucho, y priorizar nuestra salud emocional antes que cualquier otra cosa.

No te engañes, el abuso no es amor

Uno de los actos de amor más grandes hacia una misma es terminar las relaciones que no nos hacen felices. Por ejemplo, aquellas en las que no somos correspondidas. Cuando uno de los miembros está muy enamorado y el otro no, entonces duele. Cuando ambos están muy enamorados pero uno se desenamora poco a poco, entonces duele. Y duele mucho. Cuando no hay reciprocidad ni tampoco valentía para reconocer que no la hay, entonces empiezan los malentendidos, los conflictos, los llantos, los reproches, las acusaciones, las sospechas, los celos, las mentiras, el sufrimiento... y el autoengaño.

Y no hay mayor problema que el autoengaño. Cuando no queremos leer las señales que el cuerpo y el comportamiento de la otra persona nos transmiten, o incluso cuando somos nosotras las que no nos estamos enamorando o las que nos estamos desenamorando, estamos autoengañándonos.

Nos cuesta admitir que algo no funciona, que algo está pasando, que nos vamos acercando al final… Resulta muy difícil decirle a nuestra pareja lo que sentimos cuando estamos pasando por una crisis, cuando no surge el romanticismo o cuando se acaba.

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Pero si no somos sinceros, el dolor está asegurado: cuando no se sabe qué está pasando, se sufre mucho. Cuando preguntas y te responden mentiras, también se sufre mucho. Cuando la otra persona cambia su comportamiento y su forma de mirarnos, de relacionarse con nosotras, lo notamos y sufrimos mucho.

El autoengaño forma parte del autoboicot, que es un arma para hacerse la guerra a una misma. Hacerse autoboicot es, por ejemplo, enamorarse siempre de personas que nunca se van a enamorar de ti, de personas que no te convienen, o engancharse a relaciones que no van a ningún lado.

Autoboicotearse es tratarse mal a una misma: ponerse los obstáculos, fabricarse los miedos, exponerse al dolor más absoluto. Llegamos a unos niveles de violencia espantosos buscando la manera de hacernos daño y de ser infelices, por eso es tan importante trabajar en mejorar la relación con una misma. Porque batallar en dos frentes (el primero en el que tú te haces daño, y el segundo en el que te lo hace otra persona) es demasiado duro, y a veces nuestra mente y nuestro corazón no lo soportan.

Trabaja tu autoestima

Cuanto más te quieres menos te torturas, menos te castigas, menos te autolesionas, menos te destrozas la vida. Si trabajas tu autoestima y aprendes a quererte bien, entonces vas a luchar siempre por tu bienestar, vas a alejarte de la gente dañina, vas a buscar buenas compañías, vas a escucharte y a confiar en ti, vas a facilitarte la vida, a protegerte y a mimarte y vas a alejarte rápido de relaciones que se están terminando, que no te hacen bien ni te hacen feliz.

La vida es muy cortita, y solo tenemos una: ya que vamos a estar un rato, que sea al menos un buen rato. No podemos permitir que se nos vayan los meses y los años esperando milagros románticos o apariciones estelares ni se nos vaya la energía en luchar contra nosotras mismas.

Hay dolores que no pueden evitarse, como la pérdida de un ser amado. Pero otros muchos sí se pueden evitar, por eso es tan importante que nos sintamos libres para unirnos a quien queramos, o para separarnos cuando la relación no nos hace bien. Y hay que hacerlo con rapidez: cuanto menos sufrimiento soportemos, mejor. El sufrimiento va mellando nuestra salud emocional hasta que nos destroza, no es gratuito. Hay que evitar sufrir, porque es el germen de todas las enfermedades mentales.

Tenemos que ser adultas y responsables de nuestra salud, tenemos que tomar las riendas de nuestro bienestar emocional y mental, tenemos que aprender a tomar decisiones que nos ayuden a estar bien. Hay que usar el sentido común, y responsabilizarse de lo que hacemos, lo que sentipensamos y lo que decimos: la clave es siempre trabajar la honestidad y la coherencia en el ámbito de los sentimientos.

No estamos condenadas a sufrir por amor una vez que Cupido nos ataca con sus flechas: podemos pararnos a leer las señales, evaluar si nos merece la pena empezar una relación, darnos consejos sensatos a nosotras mismas y pedir ayuda a la gente que nos quiere si comprobamos que nos cuesta pensar con claridad.

Podemos mirarnos con amor, tratarnos bien, evitarnos problemas. Podemos ser prácticas y sensatas en el amor, podemos decir “No”, echar marcha atrás cuando queramos y evitar el autoengaño y el autoboicot. Podemos elegir las mejores compañías. Podemos, en fin, poner en el centro nuestro bienestar y nuestra felicidad.

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