Recuperar la alegría

Volver a divertirse en pareja: un reto excitante

La relación de pareja refleja nuestra actitud frente a la vida. ¿Gozamos de lo que tenemos o nos quejamos sin cesar?

Silvia Salinas

divertirse pareja

30 de enero de 2017, 13:16 | Actualizado a

La alegría es una opción; está en nuestra forma de ver el mundo y podemos recuperarla para reavivar nuestras relaciones amorosas.

Pese a que la alegría está siempre allí, a la vuelta de la esquina, nos es cada vez más difícil acercarnos a ella. Si la perdemos de vista, su ausencia tiñe un aspecto fundamental de nuestra vida: la relación de pareja.

Resulta complicado pensar en una pareja feliz sin la chispa de la alegría. Pero, a menudo, bajo el peso de la rutina, la olvidamos. Sobre todo por lo que respecta a las relaciones de pareja.

Optimismo, buen humor y relaciones

Nadie duda del buen papel de esta emoción positiva. Cuando tenemos buen humor hay espacio suficiente en la mente y en el corazón para alojar todo lo que sucede en la vida, estamos en sintonía con ella, con el ritmo que nos propone, tanto para disfrutar como para encontrar los recursos que nos ayuden a salir de los malos momentos.

Entonces, ¿qué es lo que nos impide mantenernos en contacto con ella? Me parece escuchar algunas respuestas: “¿Cómo puedo estar alegre con lo que me está pasando?”. Es obvio que solemos tener problemas y asuntos muy serios de los que ocuparnos; como también es obvio que no tenemos que estar alegres las veinticuatro horas del día.

Pero esto no implica estar casi constantemente alejados de la alegría. Esta separación no la ocasionan los problemas sino nuestra manera de apegarnos a ellos.

Podemos liberarnos de lo negativo

¿Cuántas veces volvemos del trabajo a casa con los problemas a cuestas? Creemos que es inevitable, pero lo que contribuye a prolongar los malos ratos es seguir dándole vueltas las veinticuatro horas del día, ya sea en nuestro pensamiento o con otra persona, que suele ser nuestra pareja.

“¿Por qué a mí? Si hubiese actuado de otra manera... ¿Cómo ha podido pasar?”. Rumiamos sin cesar y estos pensamientos depositan en el ánimo y en la relación innumerables gotas de amargura. Tenemos la sensación de que “nos estamos ocupando del asunto” pero esos pensamientos nada tienen que ver con la solución del problema, al contrario, son un desgaste inútil.

No nos damos cuenta de que así de desgastados aparecemos el uno frente al otro en nuestra relación de pareja. Y llegamos a boicotear incluso los momentos dedicados a la diversión.

Salir de uno mismo y de la zona de confort

Es sábado por la noche. Los niños se han quedado con los abuelos y por fin se concreta la postergada salida a cenar a un restaurante elegante. La comida es un manjar exquisito y la música, la adecuada. Todo de maravilla, sin embargo, él o ella –o ambos–, no están allí. Se quieren y les gustaría disfrutar, pero siguen rumiando opiniones, juicios o ideas.

Así, la mente se va a lo que tendría que haber sido o lo que debería ser y “se ausentan”. En poco tiempo, llegan a la conclusión de que esto no les divierte, que deberían distraerse más, quizás un crucero de una semana, con todo el ocio organizado. Pero en la medida en que la mente sigue en el mismo surco, la excitación del viaje se desvanece rápidamente y el contacto con la alegría no llega.

Por eso es tan importante aprender a fluir. Dejarnos llevar por lo que estamos haciendo, disfrutar del presente y gozar de los pequeños momentos de diversión es transitar por el camino de la alegría. Salir a cenar, viajar o pasear sirve para ponernos en contacto con nuestra pareja si conseguimos salir de la caja de nuestros problemas, que, por muy grandes que nos parezcan, son sólo una parte de la vida. Fuera hay todo un mundo de posibilidades a nuestro alcance.

Reaprender a sentir

Para que los efectos de ese contacto perduren necesitamos hacer que dure el corte de nuestro propio “rollo”. Procurar dar cabida a nuestros problemas sólo cuando estemos trabajando en su solución. Necesitamos obviar las consideraciones superfluas y buscar algo que nos arranque del ensimismamiento.

No tenemos que pensar en grandes cosas, a veces, son los pequeños detalles los que nos sorprenden más gratamente: un gesto amoroso, un toque de humor, admirar un paisaje juntos... Si lo conseguimos, levantaremos la vista y podremos apreciar que somos parte del mundo y no su centro.

Es preciso darse cuenta de que el discurso interno hecho de las explicaciones sobre nuestro sufrimiento es, precisamente, una de las mayores fuentes de sufrimiento.

Necesitamos cortar con eso y proponernos no engancharnos nuevamente. Sólo así podremos estar presentes en la relación.

La diversión permite imponer este tipo de silencio en nuestra cabeza, aunque continuarlo es una práctica. Se trata de un silencio que crea un espacio para ponerse en contacto con nuestra pareja. Cuando eso sucede, surge la alegría porque recuperamos la plena capacidad de apreciar y sentir juntos; justamente el riego que el terreno de nuestra relación necesita.


Saber divertirse en pareja: 7 claves

Algunas estrategias pueden volver a darnos el ánimo suficiente para disfrutar y divertirnos con nuestra pareja.

1. Conecta con tu interior

Para pasarlo bien necesitamos saber qué es lo que nos divierte. A veces, estamos tan desconectados que no sabemos a ciencia cierta con qué disfrutamos realmente. Ir a una playa del Caribe parece la diversión ideal, sobre todo según las agencias de viajes... pero no tiene por qué ser el mejor plan para ti. Conecta con tus verdaderos deseos.

2. Elimina el ruido

No es fácil descubrir lo que nos divierte si lo estamos eligiendo en pleno “ruido”, sometidos a las exigencias de la vida moderna. Necesitamos apartarnos un poco, ir con nuestra pareja a tomar un café frente al parque, hacer una pausa silenciosa y preguntarnos qué tenemos ganas de hacer.

La respuesta debe intentar ser lo más sincera posible, auténtica como la alegría que sentíamos cuando éramos niños y nos divertíamos. En silencio, aprende a escuchar a tu niño interior.

3. Aprende a desconectar

Si decidimos olvidar, por un momento, los problemas, podremos disfrutar plenamente de nuestras actividades placenteras. No se trata de negarlos, sino de decidir que hemos de encararlos en otro momento.

Al principio, puede parecer forzado, pero es eficaz a la hora de acallar al comentarista interno que dice: “¿Cómo puedo estar pensando en divertirme con todo lo que tengo que hacer?”. Dale “hora” para otro momento.

4. Busca la novedad

No importa si se trata de un viaje o de una salida al teatro, lo importante es que sea algo nuevo o una nueva manera de hacer nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, una nueva manera de encontrarnos sexualmente.

Diversión es hacer algo diverso, es decir, distinto. Muchas veces pretendemos divertirnos con algo que alguna vez nos divirtió, pero eso ya perdió su frescura y ya no surte el efecto deseado.

5. Asume tu responsabilidad

Sé consciente de que la disposición al cambio depende de ti. No le adjudiques al otro la tarea de ser tu fuente primaria de diversión porque, de lo contrario, podrías creer que es tu pareja la que te aburre, huyendo de tu responsabilidad.

6. Lleva la iniciativa

Muchas veces, uno de los integrantes de la pareja tiene más energía que el otro para planear la diversión. Si eres tú, aprovéchalo. Cuando se tienen en cuenta los gustos del otro, no está de más insistir un poco. Es posible que después tu pareja lo agradezca y se anime a proponer más cosas.

7. Encara las grandes preguntas

De vez en cuando, deberíamos hacernos preguntas del tipo: “¿Cómo quiero vivir el resto de mi vida?, ¿qué cosas me dan placer y dejo de lado?”. Postergamos una y otra vez estas cuestiones sin darnos cuenta de que no vivimos para siempre. No hay que esperar al día en que las fuerzas nos fallen para darnos cuenta de que el reloj de la vida marcha en un solo sentido.