Nacimientos respetados

¿Un orgasmo durante el parto? Sí, ocurre y esta es su explicación científica

No es un cuento chino. Es una realidad científica comprobada y que muchas mujeres a lo largo de la historia han podido experimentar.

Marta Trigo

parto orgásmico

4 de enero de 2017, 12:38 | Actualizado a

Dar a luz con la ayuda de una explosión de placer propiciada por un orgasmo. Parece raro, pero puede ocurrir, y ocurre. El dolor queda reducido a soportable y la madre siente que acaba de vivir el acto de amor más importante de su vida. Recuperar el contacto con la sexualidad uterina y crear un ambiente favorable son básicos para lograrlo.

Sucedió en un hospital de Londres. Una mujer estaba a punto de dar a luz a su primer bebé. Una estudiante de comadrona, una experimentada doula y el padre estaban ahí, silenciosos e invisibles, compartiendo aquel momento sagrado. La futura madre estaba de pie, y en el preciso instante en que, extasiada, empezó a decir ‘¡Qué placer!’, ‘¡Es como hacer el amor!’, ‘¡El bebé viene!’, justo cuando el perineo empezó a moverse, la puerta de la habitación se abrió de par en par súbitamente.

Una médica entró gritando: ‘¡Necesito ver cómo va todo, tienes que tumbarte encima de la mesa!’. La parturienta suplicó en vano varias veces que no la molestara. Casi una hora después necesitó una inyección de oxitocina sintética para expulsar al bebé... Es fácil interrumpir un orgasmo”. Michel Odent describe esta asombrosa escena en su libro Las funciones del orgasmo.

Orgasmo y placer intenso mientras se da a luz

¿Es verdad que hay mujeres que pueden tener orgasmos durante el parto? ¿Qué distingue a estas pocas privilegiadas? Esta es la pregunta que se hicieron obstetras como Michel Odent o Frédérick Leboyer en los años 70, a partir de la observación continuada y atenta de innumerables partos con una mente excepcionalmente abierta.

Su curiosidad e intuición, y la rigurosidad con la que llevaron a cabo sendas investigaciones, les llevaron finalmente a defender una afirmación que ya había sido esbozada con anterioridad: la función principal del orgasmo es parir. O dicho de otro modo: todas las mujeres deberíamos parir con el orgasmo más grande de nuestras vidas.

La (otra) función del orgasmo

En todo el proceso de parto intervienen varias hormonas, entre ellas la oxitocina y la adrenalina. La oxitocina natural, no la sintética que se aplica en los hospitales, es una hormona que actúa en el cuello del útero (o cérvix) induciendo y manteniendo las contracciones uterinas necesarias para el nacimiento del bebé y el alumbramiento de la placenta.

Pues bien, la hormona responsable de que sintamos lo que llamamos orgasmo es la oxitocina. De hecho, se la conoce como la hormona del amor. ¿Segregamos la misma hormona cuando tenemos un orgasmo y cuando parimos? ¿Es una casualidad? En absoluto.

Cuando hace miles de años nuestras antepasadas se pusieron de pie, muchos cambios se dieron en sus cuerpos y en su cerebro para adaptarse a esa nueva postura. Uno de ellos fue que el útero (imaginemos que es un globo) pasó de estar en posición horizontal, o semi horizontal, a estar en vertical con la abertura hacia abajo. Es decir, a merced de la gravedad.

Para garantizar que los retoños de las hembras en bipedestación no se cayeran durante el embarazo, hubo que perfeccionar mucho el sistema de cierre de ese globo, ya que el peso del bebé hacía presión hacia abajo sobre él. Así fue como se desarrolló la compleja sexualidad humana: cuando la naturaleza perfeccionó en nuestros cuerpos el mecanismo que cierra herméticamente el útero y, por lo tanto, también el que acciona su apertura.

Este complejo mecanismo es el orgasmo femenino: un potente cóctel especializado en el que se encuentran entre otras hormonas la oxitocina, que facilita la apertura de este globo a través de unas pulsiones o dilataciones que desafortunadamente conocemos como contracciones. Y decimos desafortunadamente porque la simple mención de la palabra contracción provoca dolor.

Parir es una función natural de los cuerpos femeninos, así como también lo es menstruar, orinar, defecar, respirar, digerir. ¿Es normal que una función fisiológica duela? En principio, no, y cuando lo hace, acudimos al médico suponiendo que hay un problema que hay que solucionar. Eso es así en todas las funciones menos en las relacionadas con la sexualidad reproductiva.

En nuestra cultura, menstruar y parir duelen. Sí, es cierto que parece que a lo largo y ancho del mundo a las hembras mamíferas de diferentes culturas el parto les duele en menor o mayor intensidad. Pero también es cierto que no se conoce una sola cultura en la que nadie interfiera en el proceso natural de un parto, sea forzando a las mujeres a parir en posiciones incómodas, sea indicando a la mujer cómo tiene que parir, sea presenciando o participando con rituales durante el parto... Por lo tanto, es difícil saber cómo serían los partos humanos sin intervención alguna.

¿Por qué duele el parto?

En cuanto a por qué duele hay varias razones y teorías. Algunos investigadores mencionan el útero espástico como fuente principal del problema. “Durante siglos, la mayoría de los úteros han sido espásticos, y por eso los nacimientos han sido dolorosos”, decía Wilhelm Reich en una carta al pedagogo escocés A.S. Neil en 1956.

Los antiguos griegos ya hablaban del útero como un animal dentro de otro animal (la mujer) y de los problemas si estaba rígido. Porque un útero espástico es un útero rígido, contracturado, sin movimiento, no late, no sentimos cómo se mueve. Según Leboyer, se abre suavemente durante el parto si los haces musculares están relajados y se produce una distensión lenta que empieza en la parte superior de los haces y baja poco a poco hasta el extremo inferior.

Al llegar abajo, el cérvix se afloja y va abriendo su luz suavemente, un poco más con cada latido. Con este tipo de distensión, más que de contracción, cabe hablar de latido uterino; y Leboyer, al observar el movimiento del vientre de la madre, asegura que se asemeja a la respiración lenta y pausada de una criatura cuando duerme plácidamente.

El matrimonio Masters y Johnson, autores del famoso Human Sexual Response, comprobó que en todos los orgasmos se producen estos movimientos rítmicos del útero, sea cual sea el origen del proceso orgásmico. Además, registraron el latido del útero durante el orgasmo con electrodos intrauterinos (orgasmos simples, múltiples, relajación final...), controlando simultáneamente, con electrocardiograma, el sobreesfuerzo del corazón correlativo al esfuerzo de los músculos uterinos.

Así pues: la oxitocina actúa siempre en el cuello del útero; durante el orgasmo se mueve el útero; durante el parto se mueve el útero... Y la misma hormona, la del amor, es la responsable de todo. Y es que parir es el más grande acto de amor. ¿El amor duele?

Durante miles de años las culturas patriarcales han reprimido el latido del útero al menospreciar y condenar sistemáticamente las pulsiones sexuales femeninas, al alejarnos de nuestra sabiduría ancestral que ha hecho que millones de mujeres paran sin medicalizar durante siglos.

Hasta el día en que un mandato divino nos condenó a parir con dolor, y desde entonces la transmisión oral y escrita que tenemos grabada en nuestras células nos dice que “parir duele”. Pero si hubo un día en el que empezó una condena a parir con dolor, también podría decirse entonces que antes se paría sin dolor.

El dolor en el parto es aún tema de controversia, como lo es todo lo relacionado con la sexualidad femenina, y poco o nada se invierte en investigaciones científicas que no sean con la finalidad de comercializar nuevos fármacos.

Según Michel Odent, en Nacimiento y evolución del Homo Sapiens: “El dolor es parte integrante del proceso fisiológico: no podemos eliminar electivamente el dolor sin alterar los demás aspectos del proceso”. Pero como afirma también Odent, una cosa es un dolor soportable acompañado de mucho placer, y otra un dolor insufrible, que es lo que sentimos hoy las mujeres con úteros espásticos. Y es que las mujeres ya no sentimos el latir de nuestros úteros durante el orgasmo, no lo movemos conscientemente como hacían las mujeres árabes en sus danzas del vientre originales; parimos con miedo y sin las condiciones idóneas para tener un orgasmo.

Hoy en día, avances tecnológicos que tantas vidas han salvado como la cesárea y muchos otros, como la epidural y las inyecciones de oxitocina, son prácticas rutinarias en los partos hospitalarios. Hasta hace poco, todas las mujeres parían gracias a la liberación de un potente cóctel de hormonas del amor, el mismo con el cual amamantaban a sus retoños. Actualmente, el número de mujeres que da a luz contando solo con sus propias hormonas naturales es ínfimo. Haciendo nuestra la pregunta que lanza Michel Odent en Las funciones del orgasmo: ¿Durante cuánto tiempo podrá la especie humana sobrevivir sin amor?

¿Cómo parir con un orgasmo?

Lo puedes lograr con...

Entrenamiento

Para empezar, es importante tener orgasmos con regularidad. Y entrenarnos para sentirlos en el útero. Pensemos que el útero es un conjunto de músculos y, como tal, necesita una ejercitación para tener tonicidad. Para entendernos, podríamos comparar a las parturientas actuales con personas que no han hecho un abdominal en su vida y un día se presentan a una competición.

Intimidad

Si la oxitocina estimula el parto, la adrenalina lo inhibe cerrando el cuello del útero. El miedo, el frío, el sentirnos observadas, el no saber qué pasa a nuestro alrededor son factores que causan la segregación de adrenalina y esta no permite que se abra suavemente el cérvix. Hay que evitarlos pariendo en una atmósfera tranquila, segura y con absoluta intimidad.

La conexión con el útero

Parimos con un dolor insufrible desde hace dos mil años, pero llevamos unos 200.000 haciéndolo. Así que, si lo pensamos, podemos darnos cuenta de que durante una barbaridad de años hemos parido sin dolor o con un dolor soportable gracias a un sistema fisiológico sensible al placer. Volviendo a conectar con nuestro útero, como seguramente hacían nuestras sabias ancestras, y recuperando nuestra sexualidad uterina con todo su potencial, podemos “curarnos” de estos partos patológicos.

Un cambio de lenguaje

Las palabras que usamos en nuestra cotidianidad son mensajes que se graban en el cerebro para crear la realidad. Mientras sigamos afirmando que parir duele, parir va a doler. Llenemos pues nuestro encéfalo de mensajes como “parimos con la hormona del amor”, “parir es el mayor acto sexual y amoroso”, “parir es placentero”…

Un espacio idóneo

Si queremos parir en un acto de amor y orgasmo, preparemos la estancia en la que nacerá nuestro hijo: asegurémonos de no pasar frío, pongamos luz tenue (la oscuridad activa la melatonina, que a su vez inhibe la actividad del neocórtex, por lo que nos conectamos mejor con nuestro yo menos “pensante”), velas, inciensos, música relajante, sin observadores ni nadie que nos hable o nos haga pensar. Preparémonos para un viaje interior.

A modo de resumen...

  • El orgasmo es un complejo mecanismo, un potente cóctel de hormonas que actúa sobre el cuello del útero para inducir y mantener la dilatación durante el parto
  • Una cosa es un dolor soportable acompañado de mucho placer, y otra, un dolor insufrible, que es lo que sentimos hoy las mujeres con úteros espásticos, rígidos

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