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Cómo ayudar a alguien con depresión (en 10 pasos)

¿Cómo reaccionar cuando un ser querido está pasando por algo tan doloroso e íntimo como lo es una depresión? No hay trucos mágicos pero estos pasos suelen ayudar.

Matt Haig

Cómo ayudar a alguien que está deprimido

21 de marzo de 2018, 10:37 | Actualizado a

Cuando alguien cercano sufre depresión intentamos ayudarlo pero no siempre sabemos cómo hacerlo, y a menudo incluso nos parece que estamos estropeando las cosas.

No hay recetas infalibles para situaciones tan delicadas y personales como una depresión, pero estos 10 pasos suelen dar buenos resultados.

Cómo ayudar a un amigo que sufre depresión

  1. Ten presente que el otro te necesita y te valora, aunque te parezca que no.
  2. Escucha. Ya sé que es difícil creer que solo escuchando somos tan útiles para la otra persona, pero créeme, el otro solo necesita que lo escuches, sin consejos ni soluciones.
  3. Nunca digas “tranquilízate” ni “intenta animarte”, a menos que también vayas a brindar instrucciones detalladas e infalibles. El amor exigente no sirve. Con el buen “amor” de siempre es suficiente.
  4. Entiende que se trata de una enfermedad. Se dirán cosas que en realidad no se sienten.
  5. Ponte en su lugar. Comprende, sobre todo, que lo que a ti podría parecerte fácil –como ir a una tienda, por ejemplo– tal vez sea un desafío imposible para un depresivo.
  6. No te tomes nada de manera personal, así como tampoco te tomas de manera personal que alguien tenga gripe o síndrome de fatiga crónica o artritis. Nada de esto es culpa tuya.
  7. Ten paciencia. Comprende que no va a ser fácil. La depresión fluye y refluye y sube y baja. No permanece quieta. No tomes un momento feliz, o uno malo, como prueba de recuperación o recaída. Busca el objetivo a largo plazo.
  8. Hazle compañía. Pregunta en qué puedes ayudar. Lo principal que puedes hacer es simplemente estar presente.
  9. Alivia toda la presión tanto la existencial como la alboral, familiar, etc.
  10. Trata de evitar que el depresivo se sienta más anormal de lo que ya se siente. ¿Tres días en el sofá? ¿No ha descorrido las cortinas? ¿Llora por decisiones difíciles como qué par de calcetines ponerse? Y qué. Nada del otro mundo. Recuerda que no existe una normalidad estándar. Lo normal es siempre subjetivo.

En este planeta hay siete mil millones de versiones de lo que es “normal”.

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