Terapia corporal

3 pasos para superar un trauma

A través del trabajo corporal podemos descubrir y sanar el daño provocado por el trauma. Sin fármacos resolvemos el problema real, en vez de mitigar sus sensaciones.

Bessel Van Der Kolk

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1 de junio de 2018, 15:17 | Actualizado a

¿Cómo puede abrirse la gente y explorar su mundo interior de sensaciones y emociones? En mi consulta, inicio este proceso ayudando a las personas primero a notar y luego a describir las sensaciones corporales que sienten (no las emociones como ira o ansiedad o miedo, sino las sensaciones físicas detrás de las emociones: presión, calor, tensión muscular, hormigueo, vacío, etc.).

Les pido que presten atención a los cambios sutiles de su cuerpo, como la presión en el pecho o el mordisqueo en la barriga cuando hablan de acontecimientos pasados.

Notar sensaciones por primera vez puede resultar bastante angustiante, y puede precipitar unos flashbacks en los que la gente se acurruca o adopta posturas defensivas. Son representaciones somáticas de traumas no digeridos.

Demasiado a menudo, se recetan fármacos como Abilify, Zyprexa y Seroquel en lugar de enseñar a la gente técnicas para manejar estas reacciones físicas angustiantes. Obviamente, los medicamentos solo mitigan las sensaciones y no hacen nada para resolverlas o convertirlas de agentes tóxicos en aliados... Enseñamos a las personas a crear “islas de seguridad” dentro de cada uno de sus cuerpos.

Esto significa ayudarles a identificar las partes de su cuerpo, las posturas o los movimientos que les permitan permanecer en calma siempre que se sientan bloqueados, aterrorizados o tremendamente airados.

Cómo superar un trauma

Para ello utilizamos múltiples recursos. Entre los mejores están estas tres herramientas:

1. Aprender consciencia corporal, unida a la respiración

Para cambiar, debemos abrirnos a nuestra experiencia interior. El primer paso es permitir a nuestra mente centrarse en nuestras sensaciones y observar cómo, a diferencia de la experiencia atemporal y siempre presente del trauma, las sensaciones físicas son transitorias y responden a ligeros cambios en la posición corporal, cambios en la respiración y en el pensamiento.

Cuando prestamos atención a nuestras sensaciones físicas, el siguiente paso es ponerles una etiqueta, como por ejemplo: “cuando me siento nervioso, siento una sensación aplastante en el pecho”. Entonces, suelo decir: “Céntrate en esta sensación y observa cómo cambia al espirar profundamente, o cuando golpeas el pecho justo por debajo de la clavícula, o cuando te permites a ti mismo llorar”.

Practicar la concienciación calma el sistema nervioso simpático, de manera que tenemos menos probabilidades de ir hacia la respuesta de luchar o huir.

Aprender a observar y a tolerar nuestras reacciones físicas es un pre-requisito para poder repasar el pasado de modo seguro. Si no podemos tolerar lo que estamos sintiendo ahora mismo, abrir el pasado solo agravará el sufrimiento y nos traumatizará aún más.

Podemos tolerar una gran cantidad de malestar siempre y cuando seamos conscientes de que las conmociones corporales cambian constantemente: en un momento sentimos presión en el pecho, pero si respiramos profundamente y expulsamos todo el aire, esta sensación disminuye.

2. Volver a disfrutar del contacto

La manera más natural de que los seres humanos se calmen cuando están alterados es aferrándose a otra persona. Esto significa que las personas que han sido atacadas física o sexualmente se enfrentan a un dilema: anhelan desesperadamente el contacto, pero al mismo tiempo, les aterra.

Necesitan reeducar su mente para sentir las sensaciones físicas, y ayudar a su cuerpo a tolerar y a disfrutar de los beneficios del contacto. La manera más natural que tenemos los humanos de calmar nuestro malestar es siendo tocados, abrazados, mecidos.

Esto ayuda a reducir la activación excesiva y nos hace sentir seguros, intactos y protegidos. Pero el tacto, la herramienta más básica que tenemos para calmarnos, está proscrito de la mayoría de las terapias.

Sin embargo, no podemos recuperarnos por completo sin sentirnos seguros en nuestra piel. Igual que podemos estar sedientos de agua, podemos estar sedientos de contacto. Que te toquen con confianza, de forma profunda, firme, amable y responsable es reconfortante.

Cuando nos tocan, despertamos la parte del cuerpo que está siendo tocada. Animo a todos mis pacientes a realizar algún tipo de trabajo corporal, ya sea masaje terapéutico, Feldenkrais o terapia craneosacral.

3 Practicar yoga

Una de las posiciones más difíciles de tolerar para las personas que han sufrido abusos sexuales es la llamada bebé feliz, en la que nos tumbamos en el suelo con las rodillas muy flexionadas y las plantas de los pies hacia el techo, mientras nos sujetamos los dedos de los pies con las manos. Esto hace rotar la pelvis en una posición totalmente abierta y hace que las víctimas de una violación se sientan extremadamente vulnerables.

Sin embargo, cualquier postura que precipite un pánico intenso dificulta mantener relaciones íntimas. Aprender a asumir cómodamente el bebé feliz es un reto en clases de yoga.

Etiquetas:  Dolor Violencia

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