Recuperación psicofísica

El trauma psicológico también se sufre en el cuerpo

Las personas con un legado traumático necesitan ayuda para aprender a tolerar las sensaciones, emociones y reacciones que experimentan.

Bessel Van Der Kolk

Los efectos del trauma psicológico en el cuerpo

20 de marzo de 2018, 17:22 | Actualizado a

Contar la historia de lo que nos sucedió es importante. Pero no garantiza que los recuerdos traumáticos lleguen a su fin. Sentir e identificar lo que nos pasa por dentro hoy, ahora, es el primer paso hacia la recuperación.

Como terapeuta que trata a personas con un legado traumático, mi principal preocupación no es determinar exactamente qué les pasó, sino ayudarles a tolerar las sensaciones, emociones y reacciones que experimentan. Devolverles la vida a través de su cuerpo congelado.

Historias de traumas

Sherry fue una de las primeras personas que llegaron al Trauma Center, en Massachusetts, y me enseñó la extrema desconexión del cuerpo que experimentan las personas con historias de traumas y de abandono. Con los años, nuestro equipo de investigación ha comprobado repetidamente que el maltrato emocional y el abandono pueden ser igual de devastadores que el abuso físico y sexual.

Que no te vean, que no te conozcan y no tener adónde ir para sentirte seguro es devastador a cualquier edad, pero es particularmente destructivo en los niños pequeños. Gracias a Sherry descubrí que mi formación profesional, centrada en la comprensión y en las palabras, había pasado por alto la importancia del cuerpo vivo y que respira.

Sherry sabía que pellizcarse la piel era algo destructivo y que tenía que ver con el abandono de su madre, pero comprender el origen del impulso no le ayudaba a controlarlo.

¿Cuántos problemas de salud mental, desde la adicción a las drogas al comportamiento autolesivo, empiezan como un intento de sobrellevar el dolor físico insoportable de nuestras emociones?

Un tratamiento integral necesita abordar las huellas físicas de los acontecimientos traumáticos. También necesita tratar las consecuencias de no habernos reflejado en ningún espejo, de que no hayan sintonizado con nosotros o que no nos hayan cuidado y querido de manera constante: disociación y pérdida de autorregulación.

Cuerpo a la defensiva

El cuerpo de las víctimas de maltrato infantil está tenso y a la defensiva hasta que encuentran el modo de relajarse y sentirse seguros. Para las personas traumatizadas, resulta especialmente difícil diferenciar cuándo están realmente seguras y poder activar sus defensas cuando están en peligro.

Esto requiere tener experiencias que puedan restaurar la sensación de seguridad física. Pero antes necesitan ser conscientes de sus sensaciones y del modo en que su cuerpo interactúa con el mundo que los rodea. La autoconcienciación física es el primer paso para liberarse de la tiranía del pasado.

Nuestros mapas relacionales están grabados en nuestro cuerpo emocional y no son reversibles simplemente comprendiendo cómo se crearon. Cambiarlos significa tener que reorganizar parte de nuestro sistema nervioso.

Durante cien años o más, todos los manuales de psicología y de psicoterapia han sugerido el hecho de que hablar sobre los sentimientos angustiantes puede resolverlos.

Sin embargo, siempre me impresiona ver lo difícil que es para las personas que han sufrido algo indescriptible transmitir la esencia de su experiencia. Para ellas, es mucho más fácil contar lo que les han hecho que darse cuenta, sentir y poner palabras a la realidad de su experiencia interna.

En el Trauma Center tuvimos la oportunidad de comparar los escáneres de 18 pacientes de TEPT (Trastorno por Estrés Post Traumático) crónico, con traumas graves vividos en la primera infancia, y la diferencia con los de otras personas era llamativa. Prácticamente no había activación de ninguna de las áreas de autopercepción del cerebro.

Tras el trauma, el mundo se vive con un sistema nervioso diferente.

Es necesario que el tratamiento englobe todo el organismo: el cuerpo, la mente y el cerebro. Solo podía haber una explicación para estos resultados en los escáneres: en respuesta al propio trauma, y para manejar el miedo que persistió mucho tiempo después, estos pacientes habían aprendido a desconectar las áreas del cerebro que transmiten los sentimientos viscerales y las emociones que acompañan y definen el terror.

El cuerpo tras el trauma

Sin embargo, en nuestra vida diaria, estas mismas áreas cerebrales son responsables de registrar todo el abanico de emociones y sensaciones que forman los cimientos de nuestra autoconcienciación, la percepción de quienes somos. Lo que estábamos viendo era una adaptación trágica: en un esfuerzo para desconectar unas sensaciones aterradoras, también adormecieron su capacidad de sentirse totalmente vivos.

Estas personas no podían definir qué intentaban decirles las sensaciones de su cuerpo, que son la base de todas las emociones. Aprendieron a silenciar sus emociones antaño abrumadoras y, como resultado de ello, ya no reconocían lo que estaban sintiendo.

Eran incapaces de usar su capacidad de lo que los científicos llaman interocepción, el conocimiento de nuestras sensaciones sensoriales corporales sutiles: cuanto mayor sea ese conocimiento, más potencial tendremos de controlar nuestra vida. Es por ello que la práctica consciente es una piedra angular de la superación del trauma.

Las personas traumatizadas suelen tener miedo a sentir.

Ahora, el enemigo no es tanto el autor de los hechos (que con suerte, ya no estará cerca para volver a hacerles daño) sino sus propias sensaciones físicas. El miedo a quedar secuestrados por unas sensaciones desagradables hace que el cuerpo se congele.

Aunque el pasado sea algo pasado, el cerebro emocional sigue generando sensaciones que hacen que la víctima se sienta asustada e impotente. No es sorprendente que tantos supervivientes de traumas coman y beban compulsivamente, tengan miedo a hacer el amor y eviten muchas actividades sociales: su mundo sensorial está en gran medida fuera de todo límite.

Apagar el trauma, congelar el cuerpo

Se sienten crónicamente inseguros dentro de su cuerpo: el pasado está vivo en forma de incomodidad interior constante. Su cuerpo se ve continuamente bombardeado por señales de alarma viscerales y, en un intento de controlar estos procesos, suelen volverse expertos en ignorar sus instintos y en adormecer la consciencia de lo que está pasando en su interior.

Aprenden a esconderse de sí mismos.

Las medicaciones, las drogas y el alcohol pueden apagar y anular temporalmente las sensaciones y los sentimientos insoportables. Pero el cuerpo sigue llevando la cuenta.

Y si un organismo se queda bloqueado en el modo de supervivencia, sus energías se centran en luchar contra enemigos invisibles, lo cual no deja espacio para la crianza, los cuidados y el amor. Tras el trauma, nuestros vínculos más íntimos se ven amenazados.

El cuerpo supera el trauma

Si no somos conscientes de lo que nuestro cuerpo necesita, no podemos cuidar de él ni cuidar de los demás. Si confundimos la ansiedad con el hambre, seguramente comeremos demasiado. Por eso cultivar la consciencia sensorial es un aspecto tan crítico de la superación del trauma.

La mayoría de las terapias tradicionales restan importancia o ignoran los cambios que se producen momento a momento en nuestro mundo sensorial interior. Pero estos cambios transportan la esencia de las respuestas del organismo: los estados emocionales que están grabados en el perfil químico del cuerpo, en las vísceras, en la contracción de los músculos estriados del rostro, la garganta, el tronco y las extremidades.

Las personas traumatizadas necesitan aprender que pueden tolerar sus sensaciones, hacerse amigas de las experiencias interiores y cultivar nuevos patrones de acción.

Pero aquí viene una pregunta importante: ¿cómo puede la gente traumatizada aprender a integrar las experiencias sensoriales ordinarias para poder vivir con el flujo natural de sus sentimientos y sentirse segura y completa en su cuerpo y en sus relaciones con los demás?

En el Trauma Center, trabajamos con el objetivo de cambiar la fisiología del paciente, su relación con sus sensaciones corporales.

Se ha demostrado que la concienciación tiene un efecto positivo sobre varios síntomas psiquiátricos, psicosomáticos y relacionados con el estrés, incluyendo la depresión y el dolor crónico. Tiene muchos efectos sobre la salud física, incluyendo mejoras en la respuesta inmunológica, la presión sanguínea y los niveles de cortisol.

También se ha demostrado que activa las regiones cerebrales implicadas en la regulación emocional y que induce cambios en las regiones relacionadas con la concienciación corporal y el miedo.

El cuerpo que baila su trauma espanta

En el Trauma Center estamos abiertos a valorar otros enfoques más antiguos y no farmacológicos de la salud que llevan tiempo practicándose fuera de la medicina occidental, desde los ejercicios de respiración y el canto en grupo pasando por las artes marciales como el qigong, tocar juntos tambores y la danza en grupo.

Todo se basa en ritmos comunitarios y sincronía, en los ritmos interpersonales, la consciencia visceral y la comunicación vocal y facial, que ayudan a las personas a salir de los estados de lucha/huida, a reorganizar su percepción del peligro y a aumentar su capacidad de gestionar las relaciones.

Hasta hace poco, gran parte de la ciencia occidental ignoraba esta comunicación bidireccional entre cuerpo y mente, aunque ha sido fundamental en prácticas de sanación tradicionales en muchos otros lugares del mundo, en particular en la India y en China.

En nuestro centro también trabajamos, con gran éxito en los tratamientos, con clases de yoga, cuidado de animales, técnicas de relajación o de masaje. Lamentablemente, aparte del yoga, pocas de estas tradiciones de sanación no occidentales han sido estudiadas sistemáticamente para el tratamiento del TEPT.

Fue gracias a la terapia con masajes que Sherry aprendió a tolerar el contacto y a descongelar, poco a poco, su cuerpo anestesiado.

Dejando atrás, al fin, la necesidad de lesionarse la piel.

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