Pastillas, las justas

¿Qué se esconde tras la depresión?

Los psicofármacos no curan los trastornos del estado de ánimo que tienen un origen biológico. Hay que conocer la salud del paciente para evitar falsos diagnósticos.

Carme Valls-LLobet

Tras depresión

23 de abril de 2018, 16:46 | Actualizado a

Una mente sana es capaz de pensar y desear, conoce las dificultades de realizar los propios deseos en un mundo complejo y sabe mantener el equilibrio entre deseo, realización y perspectiva. Una mente sana debe poseer, al mismo tiempo, una buena salud biológica.

Nuestra salud mental será equilibrada y se desarrollará en plenitud si podemos crecer desarrollando sus capacidades, estimulándolas, pero sin intentar imitar modelos externos o competir con otras personas.

Los usos culturales o religiosos opresivos que obligan a las personas a seguir un camino opuesto a sus deseos, que las alejan de sus necesidades y las someten a la culpa por no seguir las pautas marcadas son un grave riesgo para la salud mental y física.

Un enfoque global e integrador

La salud del ser humano debe abordarse desde la relación entre lo biológico, lo psicológico y lo social. Esto es especialmente importante en la salud mental ya que, como consecuencia de pensar que la mente separada del cuerpo originaba sus problemas de salud, las mujeres se convertían en “culpables” de sus propios males. Esta creencia ha originado, asimismo, que no se busque el origen biológico o social de ciertas dolencias.

Ansiolíticos para todas

Muchas mujeres confusas creen realmente que son culpables de su malestar, y aceptan todas las píldoras que les recetan para no sentir algunos dolores, angustias o tristezas que las atormentan. Algunas acuden a la consulta afirmando que padecen una depresión y, en una cuarta parte de estas consultas, es más probable que se administre un ansiolítico o un antidepresivo si quien consulta es una mujer.

En realidad, toda depresión o ansiedad que requiera psicofármacos se podría catalogar de biológica, ya que el tratamiento busca bloquear, de alguna forma, la recaptación o la cantidad disponible de algunos neurotransmisores –sustancias químicas generadas por las neuronas para transportar información y responder a los estímulos externos o internos–.

8 señales para detectar la depresión

Una mirada hacia dentro

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Para entenderlo, podemos pensar en el impacto que produce una noticia dolorosa en el cuerpo-mente que la recibe: una molestia más o menos aguda en el abdomen, la cabeza, el tórax o alguna otra parte del organismo que acaba produciendo, si la pena es muy intensa, un líquido que se vierte a través de las glándulas lacrimales, las lágrimas.

Este proceso que se produce en segundos está regulado por neurotransmisores como la adrenalina, la serotonina y la dopamina, por citar los más conocidos, aunque existen más de 100 en nuestro cerebro.

De hecho, cuanto más se conocen los procesos bioquímicos de la depresión mayor, de la depresión bipolar o de los ataques de pánico, más psicofármacos se introducen en el mercado para interferir en el proceso de formación y recaptación de estos neurotransmisores, demostrando la base bioquímica de algunos de estos estados.

En muchos casos, no obstante, estos psicofármacos se administran sin que se conozca si la o el paciente presenta algún otro tipo de enfermedad, disfunción o carencia, por lo que se hacen ineficaces para mejorar la depresión.

La separación cuerpo y mente ha llegado a tal extremo que existe la creencia bastante general de que una pastilla puede servir para levantar la moral o relajar la ansiedad, independientemente de si el cuerpo padece algún trastorno o carencia. Es como creer que un determinado funcionamiento cerebral pudiera cambiar la conducta, las sensaciones o los sentimientos, en completa separación del funcionamiento del cuerpo.

Existen patologías que afectan al funcionamiento cerebral o a la formación y al equilibrio de los neurotransmisores: desde las hormonas durante el ciclo menstrual hasta el deficiente funcionamiento de la tiroides.

Desajustes hormonales

En series de pacientes diagnosticadas con depresión se observó que un 60% de los casos sufría hipotiroidismo leve o moderado.

La carencia de la hormona tiroidea sobre el sistema nervioso central, y en particular sobre la serotonina, se relaciona con el incremento de apetito a segunda hora de la tarde, con la pérdida de memoria y de capacidad de concentración, y con una tendencia a la depresión que presenta resistencia a los psicofármacos habituales y solo se puede corregir con la administración de hormona tiroidea hasta normalizar la función.

En nuestros estudios, hemos observado que las mujeres con hipotiroidismo tenían dificultades en tener un ocio activo, ya que podían acabar su trabajo habitual, pero, por la noche, no podían hacer nada más, ni acabar su trabajo doméstico.

Tenían problemas en la conducta de alerta, tropezaban o presentaban olvidos frecuentes y repetidos y sentían dificultades en sus relaciones psicosociales y en su conducta emocional. Todos estos aspectos mejoraron tras el tratamiento con levotiroxina sódica, que normalizó la tiroides.

También se pueden presentar estados de depresión con relación a la presencia de dolor crónico severo, cuando no se puede tratar de forma correcta o en los estados de sensibilidad química múltiple. No es tanto la depresión la que causa el dolor, sino que el dolor constante y repetido –que no mejora ni hay esperanzas de que lo haga– altera los niveles de neurotransmisores y produce depresión.

En estos casos, lo más importante es encontrar la causa del dolor y tratarla. Es cierto que, cuando el dolor es insoportable, se recetan antidepresivos, pero al conseguir mejorías se reducen las dosis.

Falsos diagnósticos

El mal funcionamiento de la glándula paratiroides puede producir estados depresivos severos, ya que altera la entrada de neurotransmisores en las neuronas por su efecto en la ionización del calcio.

Hay personas que han recibido un falso diagnóstico de psicosis –ante el estado de delirio y confusión que presentaban– porque no se había descubierto a tiempo esta alteración de la glándula paratiroides. Al normalizar su función, todo vuelve a la normalidad.

Las anemias crónicas y congénitas, o las que acompañan a estados autoinmunes, se acompañan también de estados depresivos. Se ha descrito, incluso, un incremento de los intentos de suicidio entre estos pacientes.

En un estudio realizado en Holanda en personas mayores de 85 años, el 26,7% presentaba anemia y eran estas personas las que padecían más dificultades cognitivas, dificultades en las actividades básicas de la vida diaria y mayor presencia de síntomas depresivos.

En las mujeres mayores de 70 años, se ha descrito una mayor puntuación en la Escala Geriátrica de Depresión (gds) que se correlaciona con la presencia de hematíes más pequeños. En estos casos, la falta de hierro es una causa de la depresión y no su consecuencia.

Por todo lo descrito, antes de diagnosticar una ansiedad o una depresión y tratarla con psicofármacos, deberíamos indagar en las patologías y carencias citadas. Si no se trata la enfermedad de base, los psicofármacos, en lugar de aliviar estos estados depresivos o ansiosos, podrían empeorarlos.