Proceso vital

Terapia de Adler: el origen de la psicología individual

La Psicología lndividual o adleriana sostiene que uno de los mayores retos de la persona es superar el complejo de inferioridad forjado en su infancia. ¿Será adecuada para ti?

Úrsula Oberst

terapia adler

8 de agosto de 2018, 14:23 | Actualizado a

Psicoterapeuta vienés (1870-1937) y discípulo de Sigmund Freud, Alfred Adler fundó su propia escuela psicológica, la Psicología Individual o Adleriana, distanciándose de las ideas del que había sido su maestro.

Mientras Freud trataba mayoritariamente a personas de la burguesía vienesa y defendía la teoría de que los trastornos de personalidad tenían una base sexual, Adler, que siempre prestó atención a las clases sociales menos favorecidas, notaba que muchos de sus pacientes expresaban sentimientos de inferioridad ligados a la infancia.

El sentimiento de comunidad

Por un lado, Adler reconocía que todas las personas aspiramos a un ideal utópico de perfección (autoactualización), a superar los obstáculos que se interpongan en nuestro camino y alcanzar los fines que nos hayamos propuesto.

Al mismo tiempo, defendía que los seres humanos somos entes sociales y tenemos la necesidad de pertenecer a una familia, a un grupo, a una sociedad y, en última instancia, a la humanidad en su conjunto.

Su interés en cómo influía en el individuo el contexto social le llevó a crear el concepto de "sentimiento de comunidad".

A esta necesidad de pertenencia, Adler la denominaba "Sentimiento de Comunidad": el niño pequeño primero tiene que experimentar la sensación de formar parte de una familia; luego, a medida que crece, debe aprender a contribuir al funcionamiento de esa comunidad mediante su esfuerzo personal, es decir, debe aprender a colaborar.

Integración social

El niño tiene que dejar de ser egoísta para convertirse en un ser plenamente social y hacer compatibles sus metas en la vida, su proceso autoactualizador, con los objetivos propios de la comunidad.

Si este proceso adaptativo del ser humano se obstaculiza, si esta necesidad de pertenencia e integración plena no se satisface, si la persona no aprende a colaborar con los demás para conseguir el bien común, puede desarrollar un trastorno psicológico. Así por ejemplo, un niño puede comprobar que consigue más atención de sus padres cuando llora y coge berrinches y, más tarde, cuando presenta síntomas psicopatológicos, que cuando su conducta es adaptativa.

El objetivo es que cada persona se responsabilice de su proceso vital.

Vía ensayo y error, y dependiendo de las reacciones de los adultos, el niño aprende a utilizar la debilidad de éstos para ponerlos a su servicio, convirtiéndose en un tirano.

La superioridad como defensa

A medida que este niño se haga mayor descubrirá que los otros no están tan dispuestos a complacerle como sus padres, lo que le llenará de frustración y le creará sentimientos de inferioridad. Según Adler, para compensar estos sentimientos, el niño se servirá del afán de superioridad, intentando imponerse. Ello le puede llevar a tener conflictos en su relación con los demás y a desarrollar problemas psicológicos e incluso alguna patología grave, como la depresión.

Cómo son las sesiones

La Terapia Adleriana ha ido evolucionando a 1o largo del siglo XX hasta nuestros días, pero su objetivo sigue siendo el mismo: que el paciente se responsabilice de su proceso vital y adquiera valor para buscar soluciones creativas mediante la cooperación con los demás. No trata los síntomas sino a la persona.

¿Para quién?

Para todas aquellas personas que se sienten desorientadas o presentan trastornos recurrentes (ansiedad, depresión...).

¿Cómo se trabaja?

A través de conversaciones con el terapeuta. Se evocan recuerdos y emociones de la infancia y etapas posteriores.

¿Cuánto dura?

Entre unas pocas sesiones -si se busca orientación psicológica- hasta dos años, si se trabajan aspectos de la infancia.

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