Filosofía y psicología

Terapia filosófica para una vida más plena

La filosofía siempre ha buscado alcanzar una vida plena y feliz. Desde los años 80, la terapia filosófica entronca con las técnicas psicológicas para ayudar a las personas a entender su concepción del mundo.

José L. Romero

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30 de agosto de 2018, 09:00 | Actualizado a

Desde sus orígenes, el objetivo de la filosofía ha sido alcanzar una vida más plena y feliz. Hoy en día, el asesoramiento filosófico se ofrece como una medicina para el alma que cura a través de la reflexión sobre las ideas y creencias con que construimos nuestra realidad.

Una técnica milenaria

La terapia o asesoramiento filosófico surgió en la década de 1980, dentro del movimiento renovador de la filosofía conocido como “práctica filosófica”, que también abarca actividades tan dispares como la filosofía para niños o los cafés filosóficos.

Sin embargo, este asesoramiento fue conocido por el gran público en el nuevo milenio a partir del superventas de Lou Marinoff Más Platón y menos prozac, aunque este autor representa solo uno de los múltiples enfoques de esta fructífera actividad. El asesoramiento filosófico pretende retomar el objetivo original de la filosofía: la orientación hacia la vida plena y feliz.

“Vana es la palabra del filósofo que no cura ningún sufrimiento del hombre”, proclamaba el griego Epicuro hace 2.300 años.

Durante siglos, la actividad filosófica fue sinónimo de cura y medicina para el alma. La sabiduría acumulada por la filosofía, su capacidad de análisis global y pensamiento crítico sobre los problemas fundamentales del ser humano, permitió las perspectivas más profundas de comprensión de la realidad y el más potente motor de lucidez y crecimiento personal.

Con el tiempo, sin embargo, este objetivo práctico y vital dio paso al progresivo aislamiento de la filosofía en el mundo académico. De este modo, en el pasado siglo, el papel que anteriormente cumplían las escuelas filosóficas fue asumido por las distintas escuelas de psicología.

Principios de la terapia filosófica

A diferencia de los enfoques tradicionales en psiquiatría y psicología, la terapia o asesoramiento filosófico no intenta tratar enfermedades o patologías clínicas. Considera que en muchas ocasiones son conflictos vitales o problemas personales que tienen una raíz filosófica, derivados de la relación y comprensión de uno mismo y de la realidad, y esa es la perspectiva desde la que deben abordarse.

El filósofo asesor tampoco mantiene una relación jerárquica o directiva con la persona que acude a él. Su objetivo no es dictarle qué tiene que hacer o cuál es la solución a su problema. Este tipo de terapia desarrolla una relación horizontal y abierta en la que el filósofo asesor ayuda a la persona, mediante las preguntas e indicaciones adecuadas, a tomar consciencia de su filosofía personal, que es la cosmovisión o concepción del mundo que tiene cada uno, el conjunto de ideas con el que entendemos la realidad. es nuestro sistema de creencias y valores, a partir del cual interpretamos y valoramos lo que nos acontece. es el mapa que utilizamos para orientarnos en la vida.

A menudo no somos conscientes de elementos importantes de nuestra filosofía personal, que, sin embargo, determina lo que somos, lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.

Son las gafas con las que miramos el mundo y a nosotros mismos, y de su graduación depende que nos veamos de uno u otro modo. La misma circunstancia puede ser vivida de manera diferente, e incluso opuesta, por distintas personas. Idéntica actitud puede percibirse como amistosa o agresiva, ofensiva o humillante. Pero es esta vivencia de la realidad la que nos afecta y configura nuestro mundo.

La terapia filosófica trata de detectar las posibles inconsistencias, contradicciones e implicaciones de nuestra forma de ver la realidad que permanecen inadvertidas y de las que derivan buena parte de los problemas y conflictos que se nos presentan en la vida. En este proceso pueden emerger aportaciones de distintos autores y teorías filosóficas. Pero la terapia centra la atención en el análisis de los conceptos implícitos que maneja el propio consultante.

Mediante técnicas y métodos adecuados, el asesoramiento le permite encontrar y elaborar aquellas claves que solo él puede identificar como oportunas para su caso particular. El objetivo a conseguir es que la persona alcance una consciencia de sí misma y de su situación, consciencia que le permita afrontar su problemática vital y alcanzar así la mayor autonomía posible.

Algunos conflictos pueden ser el resultado de contradicciones en nuestra forma de ver la realidad.

Conciliando psicología y filosofía

En el ámbito de la psicología también hay escuelas de psicoterapia con perspectivas afines al enfoque filosófico. De este modo, muchas formas de psicoterapia no se dirigen exclusivamente a tratar enfermedades diagnosticadas, sino que también se ocupan de las crisis o los conflictos vitales y de problemas originados por las circunstancias de la persona afectada y de su entorno.

Por otro lado, las terapias psicológicas han desarrollado variadas técnicas y metodologías útiles, e incluso necesarias, para abordar este tipo de problemas del ser humano, y que van desde la exploración de conflictos inconscientes, hasta el análisis de pensamientos y conductas disfuncionales, pasando por estimular el desarrollo personal.

El reto más importante que afronta hoy la psicología es la integración coherente de las distintas teorías y técnicas de psicoterapia. Dicha integración permitiría ofrecer a las personas la ayuda necesaria para resolver problemas muy diversos, que pueden ir desde los trastornos alimenticios o depresivos, hasta el sentimiento de vacío o los que se derivan de una falta de autoconocimiento.

Para solventar estas cuestiones se requiere herramientas de análisis y reflexión que permitan ampliar el ámbito terapéutico. Pero es imprescindible que la aplicación de las distintas técnicas no se limite a una mera acumulación, sino que tenga un sentido unitario y coherente. La integración implica el abandono de las perspectivas parciales o reduccionistas, que no pueden dar razón de la complejidad del ser humano.

Solo una concepción global del ser humano puede acoger bajo su manto los distintos enfoques terapéuticos.

De esta manera, la integración de los distintos enfoques de la psicología alcanza su máximo sentido y eficacia en su integración con la filosofía. Solo una concepción global del ser humano puede acoger bajo su manto las variadas técnicas y enfoques terapéuticos de manera consistente y bien fundamentada. No debemos olvidar que la psicología emerge del corazón de la filosofía con el fin de conocer el alma humana, y permanece fiel a este origen hasta que hace apenas poco más de un siglo proclamó una autonomía que, en muchos casos, resulta difícil de llevar a la práctica.

Por otro lado, los creadores de algunas de las psicoterapias más destacadas (cognitivas, existenciales, humanistas, transpersonales y psicodinámicas) fundamentan de manera explícita sus teorías y métodos en la tradición filosófica. Psicología y filosofía encajan como piezas de un mismo puzle. La terapia psicológica y la terapia filosófica son el canto y la cara de una moneda que rueda en la misma dirección. la reintegración de la psicología y la filosofía es la referencia ineludible de un futuro que ya está sucediendo.

Las bases de una buena terapia

Necesitas confiar en quien va a guiar tus pasos y acompañarte durante el tratamiento. Por eso la elección del terapeuta es muy importante. Busca una terapia y, sobre todo, un terapeuta que te dé seguridad y confianza, con formación reglada y del que tengas referencias.

Una alianza consciente

En toda terapia es fundamental la franqueza y sintonía entre el profesional y quien acude a él. La buena alianza en la relación terapéutica es uno de los principales factores de éxito con independencia del modelo de terapia aplicado.

No dudes en preguntar

Explora cómo te sientes en las primeras sesiones más allá del malestar que te ha llevado a consulta. Haz todas las preguntas que consideres oportunas: el terapeuta está para ayudarte. es un profesional y sabrá aclarar tus dudas o discriminar cuáles de ellas precisan del trabajo terapéutico para encontrar una posible respuesta.

Máximo compromiso

El compromiso personal es imprescindible. La orientación y el apoyo del experto resultan fundamentales, pero solo tú puedes ser el protagonista y responsable último del proceso terapéutico. Nadie puede cambiar por ti.

Una perspectiva global

Recuerda que cada persona es un mundo y cada problema tiene su propio ritmo. El proceso terapéutico no es lineal, sino que alterna avances, estancamientos y retrocesos aparentes, siendo preciso mantener siempre una perspectiva global. No hay pastillas ni fórmulas mágicas.