Déficit de hierro

Conectadas a nuestros ciclos menstruales

Demasiada actividad, comer mal, dedicarnos poco tiempo... Los desequilibrios menstruales pueden aparecer cuando desatendemos nuestras necesidades.

Cristina Romero

anemia ciclo menstrual

5 de julio de 2018, 10:02 | Actualizado a

Una de las principales causas de la falta de hierro está relacionada con la menorragia, cuando la menstruación se manifiesta con un sangrado demasiado abundante o prolongado. Con la sangre, el útero elimina el endometrio (su cara interna) y es importante que en ese momento este órgano vital no esté ocupado con ningún trabajo extra que le impida centrarse en su función principal.

En el útero se asientan a menudo nuestras experiencias dolorosas, por lo que un desequilibrio menstrual puede ser la expresión del estrés y de la falta de escucha y atención a nuestras auténticas necesidades.

Hemos perdido la conexión con nuestra sabiduría menstrual y el cuerpo nos pide respeto.

Vivimos en un contexto regido por leyes de mercado donde se espera que seamos altamente productivas siempre. Que nos mostremos como seres lineales en lugar de cíclicas.

Las mujeres sufrimos estrés porque desde niñas nada favoreció o nos invitó a ser nosotras mismas en un contexto sociocultural que nos empuja a la desconexión. Así, por ejemplo, nos animaron a controlar la menstruación con el uso de fármacos, como la píldora anticonceptiva, para poder seguir un calendario externo y no uno interno, real, conectado desde adentro con la naturaleza que nos envuelve.

El ciclo menstrual nos pide que nos respetemos y nos demos en función de lo que tenemos para dar.

El precio de hacer ver que estamos siempre disponibles para atender las demandas del exterior y que tenemos energía rebosante para cuidar de los demás o para cumplir con lo prefijado es muy alto. Significa violentar nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestra mente y nuestro espíritu a favor de lo que otros esperan de nosotras mismas.

Y no solo eso, la fase premenstrual suele ser motivo de burla en nuestro entorno; nos acusan de tener mal humor, sin comprender que lo que ocurre es que estamos más sensibles con nuestros propios límites: allí donde transigimos en el resto del ciclo ahora decimos “¡Basta!”.

Emociones reprimidas

Cuando el cuerpo nos sangra en exceso, quizá nos está recordando lo importante que es decir “Ahora no”. Y es que cuando las mujeres hemos guardado emociones reprimidas y no usamos un lenguaje adecuado para expresarnos, es nuestro cuerpo quien habla por nosotras.

El sangrado uterino anormal está muchas veces vinculado a situaciones de desequilibrio en la familia y al estrés en las relaciones.

La sangre simboliza la vida, es la expresión de la individualidad, por lo que esta puede ser una señal de que nos entregamos en un trabajo sin futuro o en una relación que no satisface plenamente nuestras necesidades. Quizá estamos dando mucho más de lo que recibimos a cambio y alguien o algo absorbe nuestra energía hasta el punto de enfermarnos.

Pautas a seguir

En primer lugar, escucha tu cuerpo. Durante la menstruación es importante parar, descansar y relajarnos, tomar alimentos ligeros, llenarnos de mimos y masajes con aceites esenciales de geranio, ciprés y rosa, de silencios y meditación.

Escucha también a tu espíritu. La menstruación y el útero están muy vinculados a nuestra creatividad. Podemos recurrir a la escritura o al dibujo, a todo aquello que fluya de nuestra mano sin pasar por el filtro de la mente racional, analítica, que todo lo cuestiona.

Ante una vivencia de desequilibrio podemos revisar a un nivel profundo, simbólico, qué es lo que está emergiendo que no hemos sido capaces de expresar de otro modo.

Finalmente, a menudo también olvidamos lo necesario y liberador que puede ser expresar nuestros sentimientos y compartir las preocupaciones con nuestro entorno más cercano.

Una situación de desequilibrio menstrual nos permite acercarnos a la menstruación consciente y comprender sus beneficios. La menstruación nos trae el poder de la conexión con nosotras mismas, una oportunidad para escucharnos, conocernos y respetarnos a través de nuestras lunas y nuestro cuerpo, recuperando el equilibrio perdido y el bienestar.

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