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¿El estrés produce cáncer?

El estrés crónico sí. Es el caldo de cultivo ideal para que el organismo cree una respuesta inflamatoria e inmunosupresora.

Pere Gascón

estres produce cancer

19 de octubre de 2017, 18:00 | Actualizado a

Como inmunólogo tumoral he comprobado que el cáncer surge de un proceso inflamatorio crónico. La depresión y el estrés crónico (y repito lo de crónico), sin darnos cuenta, nos ponen en el riesgo de crear un ambiente proinflamatorio que nos puede conducir al cáncer.

La relación entre cáncer y estrés crónico

La asociación entre estrés y cáncer es de gran actualidad. Para poder discutir sobre ello hay que tener claro tres presupuestos básicos:

  1. Todo en nuestra vida está directa o indirectamente regulado por el cerebro.
  2. La capacidad de reparación del organismo, de autosanarse, es robusta y redundante, es decir, que posee más de un mecanismo de autorreparación.
  3. El estrés, como cualquier factor capaz de ocasionar perjuicio a un individuo, debe incidir de forma crónica para poder llegar a saturar los mecanismos de reparación.

De ahí que partamos en nuestra discusión de estrés crónico. También aclaremos desde el inicio que una serie de dificultades hacen que los resultados experimentales, que se han obtenido a lo largo de los años para confirmar esta asociación en humanos, no hayan sido todo lo concluyentes que hubieran deseado sus investigadores. Debido a varias razones:

  • El gran número de personas que se necesitaría para confirmarlos.
  • El periodo de seguimiento es extremadamente largo para que se produzcan eventos evaluables.
  • La cantidad de parámetros contaminantes es muy elevada: hábitos de vida, vida sedentaria, alimentación, ejercicio, fumar, etilismo...

Todo ello ha hecho que los estudios más importantes para determinar esta asociación procedan de estudios epidemiológicos y de metaanálisis.

Podríamos decir que la mayoría de estudios coincidirían en concluir que la relación estrés y cáncer existe.

Un número de estudios con familiares de pacientes en cuidados intensivos de hospitales americanos han demostrado que, después de un gran estrés continuado, los linfocitos T de esta persona –que son los que en nuestro organismo atacan al cáncer– no funcionan. Sus defensas han bajado por efecto de un estrés severo y continuado.

¿Cómo influye un trauma emocional?

Una de las situaciones más comunes con las que nos encontramos los oncólogos en la práctica diaria es la de la persona a la que se le diagnostica un cáncer y que manifiesta haber sufrido un gran trauma emocional en los dos o tres años anteriores: la pérdida de un ser querido, un divorcio, la pérdida de trabajo, o un conflicto familiar grave y no solucionado, entre otros posibles de este tipo.

En tales casos, la vox populi asocia el trauma a la aparición del cáncer.

Esta asociación existe y todos hemos padecido esta experiencia en algún amigo o familiar, pero no sería correcto decir que este trauma emocional es el origen del cáncer.

El proceso canceroso tiene un largo recorrido, desde que una persona inhala su primer cigarrillo hasta la aparición del cáncer de pulmón pueden pasar 20-25 años. Los trabajadores con amianto desarrollaban el cáncer de pleura llamado mesotelioma a los 30 o más años del primer contacto.

¿Cómo sobreviven las células defectuosas?

Lo que sí podemos decir es que todos producimos mutaciones celulares todos los días. Nuestro organismo produce trillones de células al día y es lógico que de esta factoría inmensa que es nuestro cuerpo algunas de las células salgan defectuosas, mutadas o aberrantes.

La gran mayoría de estas células defectuosas o mutadas no son viables y el propio organismo se encarga de eliminarlas.

Pero en unas pocas, su propia mutación les proporciona una ventaja sobre las demás células normales: les confiere la propiedad de la “inmortalidad” y, en este preciso momento, se nos presenta un posible foco canceroso si sobrevive a su entorno.

Es puro darwinismo, aquellas células defectuosas que se adaptan al medio sobrevivirán. El estrés intenso y continuado favorecería tal sobrevivencia

Actuara su capacidad inflamatoria de propiciar el crecimiento de este foco tumoral, que en otras circunstancias estaría destinado a vivir en letargo o bien ser eliminado por el propio organismo. Por ello, sería ya cuestión de tiempo, 2 o 3 años, para que apareciese y se diagnosticase el cáncer.

El estrés puede "activar" los tumores

Estados de temor, ansiedad y depresión activan las vías del estrés de nuestro cerebro y originan respuestas medibles en nuestro organismo. Estas vías pueden inducir la producción de neurotransmisores y de hormonas que pueden alterar el entorno del tumor.

En estados de estrés se sabe que los niveles de catecolaminas, adrenalina y noradrenalina, están elevados y que estas sustancias en sangre pueden activar receptores de las células cancerosas y regular una gran variedad de funciones del tumor como son el crecimiento, la migración y la invasión de este.

¿Qué confirman los estudios?

Inicialmente, las investigaciones en la relación estrés y cáncer se focalizaron en los efectos inmunosupresores de estados de estrés continuados, lo que llevó a que se aceptara el estrés como un factor que alteraría la vigilancia inmunológica y, por tanto, favorecería la aparición de cáncer.

Otros estudios han demostrado los efectos del estrés crónico induciendo la liberación de radicales libres de oxígeno alterando la membrana celular y afectando la reparación del daño al ADN.

En los últimos 10 años la investigación se ha centrado en cómo influye el estrés en la formación de vasos sanguíneos tumorales (angiogénesis), invasión tumoral, efectos sobre el entorno celular del tumor y en la inflamación.

Se ha comprobado que durante periodos de estrés nuestro cerebro produce sustancias proinflamatorias que actúan como un caldo de cultivo para el tumor.

La inflamación favorece el crecimiento canceroso. Y el estrés induce una respuesta inflamatoria e inmunosupresora por parte del organismo.

Técnicas y alimentos que ayudan

Podríamos por tanto decir que el estrés crónico sería un factor favorecedor del crecimiento tumoral, pero no el único por las razones que aducíamos al inicio: hábitos de la persona, nutrición, fumar o genética del individuo, entre otros.

Es por ello que incorporar en nuestras vidas hábitos saludables que busquen la disminución del estrés y, con ello, la disminución de procesos inflamatorios en nuestro organismo sería consecuente con lo que ya sabemos desde la perspectiva científica.

Así, en los centros oncológicos más conocidos de Estados Unidos se recomienda a los pacientes que practiquen técnicas antiestrés como el yoga, el denominamado mindfullness, el taichi o la meditación.

Además de recomendarles que consuman alimentos antioxidantes y nutrientes antiinflamatorios, como por ejemplo:

  • Fruta: bayas, cerezas.
  • Verdura: vegetales de hoja verde, pimiento, remolacha.
  • Cereales integrales.
  • Legumbres, como la soja.
  • Especias: jengibre, cúrcuma.
  • Frutos secos: almendra, nuez.

Todos producimos mutaciones celulares todos los días que nuestro organismo se encarga de eliminar. Sin embargo, el estrés continuado favorece su crecimiento.

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