Testimonio cáncer de mama

Como un escudo

Voy a empezar a agradecerle a mi teta dura y fría su coraje y fidelidad.

Maria

cancer de mama

19 de octubre de 2017, 17:31 | Actualizado a

Querido doctor,

Tengo una bola dura, durísima, ocupando el espacio donde antes tenía el pecho izquierdo. Esta pelota hace que mis abrazos ya no sean blanditos ni cálidos.

Yo tenía una buena pechera que, después de parir dos veces, perdió arrogancia y quedó mullida y amoldable como un cojín de plumas.

Era la delicia de mis hijos cuando se me echaban encima para ver la tele desde el sofá.

Pero como ya le conté, hace un año tuvieron que sacarme un pecho y su sustituto es esta bala de cañón, fría y pesada, recuerdo de una guerra todavía en tregua.

Una esfera rígida que no se mueve ni un milímetro por mucho que salte, corra, levante los brazos o me eche boca arriba (boca abajo es absolutamente imposible de aguantar).

Se queda firme en sus coordenadas haciendo guardia como el soldado más fiel.

Hasta hace poco le tenía mucha manía. Si me quedaba desnuda ante el espejo, evitaba mirarla directamente.

Y cuando la tocaba y la notaba unos grados más fría que el resto de mi cuerpo, se me helaba también la garganta de pena y rabia.

Ayer usted me dijo que no me puedo deshacer de ella tan fácilmente. Me explicó muy delicadamente que con un cambio de prótesis no ganaré mucho ni en tacto ni en estética porque el problema no es el relleno, es la carne radiada que lo cubre.

De modo que creo que en realidad lo que necesito no es un cambio de pecho, sino un cambio de estrategia.

Y como el plan B que usted me planteó de sacarme piel del abdomen para injertarla en la zona del pecho no me convence (mi abdomen, después de todo lo que hemos pasado, también se merece un respiro), el cambio más vale que lo haga en mi cabeza:

Voy a empezar a agradecerle a mi nueva teta dura su coraje y fidelidad.

En estas dos batallas que me han sobrevenido el último año (también me he separado de mi marido), mi bola se ha mantenido ahí.

Firme, dura y fría para proteger lo más importante: el corazón que se esconde tras ella.

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