Sindrome cuadrada

Niños sanos

Insisten en que mi hijo tiene TDAH

Jorge L. Tizón

Desde la escuela me repiten que mi hijo de seis años tiene TDAH y quieren que lo lleve a un especialista. Dicen que con un diagnóstico y medicación podría mejorar su capacidad de aprendizaje y él sería más feliz. Yo creo que es un niño normal, tal vez un poco movido; lo que no soporta es estar tantas horas sentado, haciendo cosas que le aburren. Pero la escuela me presiona muchísimo y no sé qué hacer.

Antes que nada, coméntelo con el padre o quien haga las funciones de tal. Y con la familia más amplia y allegados. ¿De verdad el niño es tan movido que no termina sus tareas y aficiones con la familia, en las salidas, en los parques, en las reuniones familiares o es solo en la escuela? ¿Puede distraerse jugando con compañeros o con familiares durante un tiempo, o siempre tiene que estar moviéndose y probando cosas nuevas?

Si es así, si en dos ambientes (casa y colegio, o escuela y reuniones familiares) se muestra tan movido que no logra terminar nada y está siempre comenzando cosas nuevas hasta el extremo de producir malestar en los que están con él, su hijo tiene algún problema, pero eso no significa que sea un problema psiquiátrico, ni que tenga un Trastorno Déficit de Atención con Hiperactividad, menos aún que “sea un TDAH”, y todavía menos que tenga una supuesta “enfermedad” llamada TDAH.

El TDAH: trastorno, enfermedad... ¿real o ficticia?

Si bien hay niños más movidos que otros, algunos incluso muy movidos, eso ni es un trastorno ni es una enfermedad. Muchos genios y grandes inventores han poseído esas características. Hay niños movidos y hay niños a los cuales les cuesta centrar la atención... Pero eso no significa que “sean niños TDAH”. En buena medida, la supuesta “enfermedad TDAH” es un invento para vender fármacos estimulantes, que luego hay quien administra durante años a esos niños.

Haga esas consultas y, si tiene un pediatra prudente y no de los aficionados a administrar una y otra exploración o uno y otro tratamiento, pregúnteselo. Luego, junto con el padre del niño, háganse una idea global de la situación: ¿Cómo es la escuela? ¿Han entrado en ella esos equipos de psicólogos que se dedican a hacer supuestas “exploraciones psicológicas” a los niños y luego diagnostican una y otra vez TDAH o cosas peores y recomiendan tratamientos farmacológicos una y otra vez? ¿Es una escuela que admite y fomenta la variabilidad de los niños o una escuela orientada a la uniformidad y el “buen comportamiento”?

¿Cómo se diagnostica el TDAH?

A nivel biológico, ¿el pediatra lo considera un niño sano o un niño “enfermizo”? ¿Tiene alguna enfermedad que le haga sentirse inferior a los demás? ¿Come bien, está bien nutrido?

A nivel psicológico, pregúntense si algo le está afectando emocionalmente desde hace meses: ¿Ha tenido un duelo, una pérdida, una frustración importante, como separaciones o conflictos graves de los padres, enfermedades de otro tipo? ¿Tiene tendencia a dramatizar, al que le gusta quejarse y quejarse? ¿Si no está moviéndose, está triste y aburrido? ¿Realiza “actividades extraescolares” cada día y solo les ve a ustedes pocas horas y cuando están más cansados?

¿Juegan ustedes cada día, son capaces de “perder el tiempo con él” sin hacer nada programado? ¿Salen al campo, a pasear y jugar? ¿Hace algún tipo de ejercicio cada día, aunque sea en el parque, o va de la escuela a la televisión y los aparatos electrónicos?

Como usted bien dice, para que un niño inteligente y sensible no se aburra, necesita adultos que le quieran, que le consideren único en algo, actividades que le ilusionen y estimulen, unos padres suficientemente estables y próximos a nivel afectivo, actividad física bastante intensa, al menos por horas, alimentación adecuada con cinco comidas para evitar la disminución de la atención y la concentración por hambre o por hipoglucemias si solo hace tres...

Probablemente, si revisa todo esto con personas de su entorno, va a encontrar que, o bien es normal que el niño se comporte así, o bien que necesita una ayuda específica de familiares, amigos o psicopedagógica. En nuestra opinión, muy pocos niños necesitan del psiquiatra solo por ese tema si no concurren otras alteraciones. Muchos menos deberían usar unos medicamentos, como los estimulantes, cuyo uso a largo plazo no se ha estudiado, y menos en la infancia. Lo único que seguro que producen es una dependencia más o menos grave y más o menos duradera.