Entrevista Jorge L.Tizón

"El TDHA es un invento para empastillar"

Es un error recurrir a la medicalización antes de intentar otras muchas vías psicológicas, psicosociales, familiares… La enfermedad mental no existe.

Laura Gutman

Jorge L. Tizon

Tiene 71 años. Nació en La Coruña y vive en Barcelona. Es psiquiatra, psicoanalista, psicólogo y neurólogo. Ha dirigido equipos piloto de asistencia comunitaria en salud mental dentro de la sanidad pública. Es autor de varios libros y trabajos científicos de investigación. Es profesor de la Universidad Ramón Llull.

  • “Los humanos que se sienten socialmente aislados tienen más posibilidades de padecer muerte prematura, diversas enfermedades y trastornos mentales. Se viven como media dos años y medio más si tenemos una rica vida social".
  • "La medicina basada en la solidaridad podría ser la medicina más barata y potente, un importante medio para disminuir los costes actuales de la asistencia sanitaria y la medicalización."

¿Qué causa tantas enfermedades mentales?

La “enfermedad mental” no existe. Existen personas con trastornos o con problemas mentales, psicológicos, que no son “enfermos”. Y su origen no es únicamente biológico o cerebral, sino que incluye un cóctel de causas biológicas, psicológicas, sociales, relacionales… que producen el trastorno.

¿Por qué entonces hablamos siempre de enfermedad?

Es nuestra cultura la que habla de “enfermedad”, lo cual es un error, pero no sólo de los médicos o los psiquiatras. Lamentablemente, la idea de que los trastornos mentales son solo “desajustes electroquímicos del cerebro” ha calado en nuestra sociedad. Pero lo que es seguro es que existen bases emocionales y en las relaciones humanas para trastornos como la psicosis.

No hay causas biológicas...

También puede ser que haya un desajuste electroquímico, digo puede ser, pero lo que es seguro y ya están demostrados son los factores de riesgo emocionales y relacionales: negligencias graves, abusos, malos tratos, negligencias emocionales graves…

¿De qué estamos hablando al decir que tras un trastorno mental existe siempre una causa emocional?

Pensemos en la importancia de los primeros vínculos que establece la persona con su madre y su padre, con sus cuidadores fundamentales. Ese apego seguro es vital. No solo afecta a nuestra psique: es decisivo asimismo en el desarrollo de nuestro sistema nervioso, hormonal e inmunitario; entre otras cosas, porque muchas de las emociones humanas más intensas, que incluyen esos componentes biológicos, se estructuran y desarrollan mientras las relaciones de apego se forman en la primera infancia.

Es entonces cuando sentimos y manifestamos por primera vez los patrones de placer, sorpresa, ira, miedo, pena, asco... que nos acompañarán toda nuestra vida.

En ese sentido, el sistema del apego es un sistema emocional básico que, en la relación con los cuidadores, resulta modulador y moldeador de todo nuestro mundo emocional. Los bebés y los niños tienen la necesidad básica, vital, de tener vínculos de apego seguros con su madre o su cuidador.

Los trastornos mentales se gestan en la primera infancia…

Uno de los factores fundamentales para los trastornos mentales son las alteraciones o dificultades graves en el apego: cuando los padres faltan, o faltan intermitentemente, o descuidan al niño, o los descuidan emocionalmente, cuando uno o los dos sienten demasiada tristeza o demasiada ira... Son situaciones que alteran la modulación de las emociones primitivas, lo que facilita el desarrollo de psicopatología en el niño. De ahí que la mejor forma de criar un bebé y un niño sea mediante la felicidad y la seguridad, y que lo mejor que pueden hacer unos padres con un niño con problemas es que busquen ayuda para ellos mismos y para las relaciones que establecen entre ellos y el niño.

La relación con los padres es importante, pero ¿qué se puede hacer si esta no fue como deseábamos?

El apego infantil, como la genética, son importantes, pero una relación amorosa profunda posterior, un buen tutor o maestro, una experiencia o serie de experiencias impactantes, pueden poner en primer plano otras tendencias del apego que hasta entonces eran secundarias en nosotros. Esa es la esperanza que nos queda para el cambio en la vida posterior, para el cambio humano. La psicoterapia puede ser una vía profesional en algunos casos si no funcionan las vías no profesionales.

Pero lo que suele ocurrir es que en lugar de eso se recurre a medicalizar la infancia...

Sí. El TDAH, por ejemplo, es en buena medida una invención psiquiátrica y farmacológica, para que determinados problemas de los niños parezcan más simples y se puedan medicar con psicoestimulantes. Alrededor del 4-5% de los niños están siendo medicados así en varios países supuestamente “desarrollados”. Es cierto que hay niños que se mueven más, se concentran peor, son impulsivos. Pero es un error recurrir a la medicalización antes de intentar otras muchas vías psicológicas, psicosociales, familiares… Y antes de comprender globalmente por qué, qué les pasa. Se sabe que los niños que consumen psicoestimulantes tienen un achatamiento de sus capacidades emocionales. Y que consumen más drogas ilegales cuando crecen. Primero les damos anfetaminas de niños, y luego les prohibimos que las usen en las discotecas…

Pero pocos psiquiatras piensan igual…

No creas. También en esto el mundo está cambiando. Hay compañeros psiquiatras infantiles que me piden asesoramiento para saber resistir la presión enorme de padres y maestros para medicalizar a los niños. Se resisten como pueden… Como en otras muchas situaciones humanas, no podemos pensar en buenos y malos.

No existen solo unos “malos” en esta película. No presionan solamente los laboratorios farmacéuticos, también algunos profesores, Servicios Sociales o las familias.

El clima actual es de muchísima presión sobre los médicos, los pediatras y los psiquiatras para quitarse los problemas de encima rápidamente y sin pensar demasiado. Hay una compulsión social hacia la solución fácil y rápida (que normalmente no es “solución” y, por tanto, no es lenta: es retardataria).

¿Por qué crees que existe esta presión?

Existe una gran intolerancia a las manifestaciones espontáneas y no controladas de los niños. Los niños tienen una capacidad para cambiar a los padres importantísima. Los niños tienen que moverse, tienen que buscar, investigar, reclamar su autonomía… Un niño despierto se relaciona con su madre o cuidador principal cada 8-20 segundos. Eso significa entre 100.000 y 200.000 interacciones por semana. Imaginemos qué sucede cuando cambia continuamente la persona que cuida al niño. Ese niño tenderá a moverse más para atraer la atención de personas muy cambiantes. Es el mundo en el que vivimos ahora: el de los “cuidados múltiples”. Hemos visto en situaciones experimentales niños que en la guardería se relacionan hasta con 14 personas. No siempre es así, pero lo hemos visto.

El problema es que cuando los niños reaccionan ante esta situación con irritabilidad, protesta y movimiento, los adultos respondamos con intolerancia y medicación sistemáticamente.

¿Es mejor la situación de los adultos?

España es el segundo país del mundo donde más se consumen antidepresivos, y también neurolépticos, medicamentos para la psicosis, y el primero en hipnosedantes (tranquilizantes e inductores del sueño). El primero es EE. UU. Parece que en España, del 12 al 14 por ciento de las mujeres están tomando antidepresivos. ¿Qué te parece la situación de los adultos?

Son unas cifras inquietantes...

La depresión, tal y como se está vendiendo actualmente, también es un invento farmacológico. No es que no exista, sino que se sobrediagnostica y sobremedicaliza por intereses comerciales. Los estudios lo que dicen ahora es que la depresión, desde que se diagnostica tanto, se diagnostica peor. Porque las verdaderas depresiones, las depresiones graves, que hacen padecer muchísimo, no se detectan.

¿Cuál es tu propuesta para mejorar la salud mental?

Las principales tareas son las tareas sociales, un cambio social, una organización social que atienda más a la solidaridad y las relaciones entre las personas y menos al beneficio económico inmediato. A nivel clínico, para mí es esencial poder tener en cuenta la vida emocional de la persona que consulta y no solo los factores de riesgo biológicos.

Durante muchos años, he coordinado equipos que tienen como objetivo que los médicos perciban esos componentes emocionales de los pacientes. Porque la vida emocional repercute en la salud, en el coste sanitario, hospitalizaciones y demás. Y hoy hay un porcentaje de pacientes que no solo no son ayudados sino que son cronificados por los sistemas profesionales que los atienden. De esa forma, incluso hay pacientes que se cronifican usando y abusando de la medicina. Es lo que hemos llamado la “cronificación medicalizada”.

Cuéntanos un poco más acerca del trabajo de estos equipos que coordinaste.

Trabajábamos en barrios casi marginales, como varios en la periferia de Barcelona y, sin embargo, obtuvimos reconocimiento internacional por los resultados que conseguíamos junto con sus pobladores. Pero no es que supiéramos más o tuviéramos métodos “revolucionarios”, sino que estábamos más metidos en la comunidad, y en las posibilidades de esta gente de cambiar su vida. Teníamos muy en cuenta las capacidades de contención de sus familiares y de mejorar, o no empeorar, su situación social.

¿Un ejemplo concreto?

Muy concreto: en uno de los barrios podía uno salir a la calle y ver a gente corriendo por la calle, mucha más de lo normal, o señoras con las clásicas batas de “boatiné” (hace 30-40 años), caminando y caminando. La gente decía que el equipo del Dr. Tizón defendía que el ejercicio físico era necesario para la mejora de la salud mental y, sobre todo, de las crisis de angustia.

En vez de medicalizar, de entrada, a la gente joven, les aconsejábamos hacer ejercicio. A las personas de edad, caminar y, a ser posible, acompañadas.

A las embarazadas y a las mujeres durante el puerperio y la lactancia les recomendábamos algo muy elemental: co-madres. Bajar la silla de casa a la puerta del edificio y ponerse a hablar con las demás y, en particular, con mujeres en su misma situación o que ya hayan pasado por esa experiencia. Se sabe que es una de las mejores formas de apoyo a la lactancia: las co-madres. Les decíamos: “No se encierren en su casa... bajen y comuníquense… Aprovechemos el sol mediterráneo”.

Dieron mucha importancia a la escucha, no al síntoma solo...

Nosotros defendemos los “tratamientos integrales adaptados a las necesidades del paciente y su familia en la comunidad (TIANC)”, es decir, la persona y su familia, en su contexto.

¿Qué es lo que más te preocupa actualmente?

La negligencia afectiva con respecto a los niños es de los temas más preocupantes. Que, siendo pueblos como los mediterráneos, especialmente atentos al mundo emocional, no se tengan en cuenta las emociones de los niños, sino las necesidades de los adultos o de un sistema social caduco y que atenta al desarrollo de niños y adultos. Por ejemplo, se están aplicando políticas sociales completamente opuestas al mundo de las emociones en la familia: no fomentando la conciliación entre vida familiar y vida profesional, o no ayudando a las familias más vulnerables... España es de los últimos países de Europa en cuidados a la familia y a la primera infancia, donde menos medios se dedican... No este gobierno, todos los anteriores también.

¿Y hay más...?

También me preocupa que se quiera “profesionalizar” toda la vida de los niños, hasta el extremo de que no pueden jugar ni estar con sus padres... Todo lo hacen con profesionales y, además, se les exige trabajar y estudiar mucho. ¡Pero esa no es la vía! Lo es poder disfrutar de la vida y, además, jugar y aprender: pero la mejor forma de aprender es jugando. La situación es injusta y peligrosa para los niños. Y me preocupa la incompatibilidad de horarios familiares y laborales, que eso es perfectamente cambiable y hay ignorancia e intereses creados para que no se cambie. Y lo peor es que muchos hombres y mujeres creen que lo mejor es que su hijo vaya a la guardería desde los 0 años, o cuanto antes mejor. Y ahora ya se puede decir que eso es una barbaridad científica, pero muchos lo siguen creyendo.

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