psicofarmaco

Entrevista a Peter Gøtzsche

Psicofármacos: conociendo sus temibles efectos secundarios

Estamos ante un cóctel peligroso para la salud: nuevos trastornos, sobrediagnóstico y medicalización. Una simple receta puede cambiar la vida. Te contamos todo lo que hay detrás de los psicofármacos y nos esconden.

Nada menos que 500.000 muertes anuales pueden atribuirse al efecto de los fármacos en Europa y EE.UU, lo que representa una de las principales causas de muerte. Es una epidemia silenciosa. Dentro de esta cifra, los psicofármacos tienen una responsabilidad importante y Peter Gøtzsche lo sabe muy bien.

Es catedrático de Diseño y Análisis de Investigación Clínica, y su amplio conocimiento le lleva a calificar sin titubear de “crímenes contra la humanidad” lo que está haciendo la industria farmacéutica al esconder los efectos secundarios de la medicación psiquiátrica. Gøtzsche es también uno de los fundadores de la Nordic Cochrane Collaboration, una entidad sin ánimo de lucro donde los investigadores de todo el mundo revisan con rigor los medicamentos y otros productos y técnicas sanitarios para comprobar su seguridad, más allá de lo que digan los fabricantes. Y pide una revolución en la psiquiatría actual porque no respeta en muchos casos los derechos de los pacientes. Contundente y claro, así se muestra en la entrevista.

Peter Goetzsche
Peter

Entrevista a Peter Gøtzsche

–Hablemos de lo que esconden los psicofármacos...
Los psicofármacos provocan toda clase de efectos secundarios. Muchos psiquiatras aseguran que los antidepresivos no los tienen, pero lo cierto es que causan problemas en más del 50% de los pacientes.
El 57% presenta una disminución de la libido, el 57% refiere un retraso en el orgasmo y el 46% presenta ausencia de orgasmo. Pero lo más trágico es que nadie les advierte de estos efectos y llegan a creer que ellos son los “culpables” de los mismos y que están originados por su depresión.

–¿Y antes de llegar a la depresión?
Son también muy comunes los cambios de carácter, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que los psicofármacos actuales actúan sobre las bases mismas del cerebro humano y sus principales funciones. Con la toma de antidepresivos se registra un empeoramiento del humor en un 22% de los casos, agitación en el 16% de los pacientes y en un 6% de los casos un incremento de 28 puntos en la escala de Hamilton para la evaluación de la depresión.

–En su libro también denuncia que los antidepresivos crean dependencia.
En el año 2003 la OMS admitió que la fluoxetina (un antidepresivo) se encontraba entre los 30 fármacos en los que se habían detectado casos de dependencia. Sin embargo, después de esta afirmación, nadie se disculpó ante los pacientes. Cuando se les retira la fluoxetina registran síntomas de dependencia que, en lugar de tratarse como tales, el psiquiatra asegura que son síntomas de la misma depresión, con lo que el paciente sigue medicándose de por vida.

–¿Estarán enganchados a las pastillas toda la vida?
Una prueba concluyente de que se trata de síntomas de dependencia a la medicación es que desaparecen a las pocas horas de que la persona vuelva a tomar el fármaco.
Los pacientes no logran dejarlos debido a que el síndrome de abstinencia se manifiesta en formas horribles y muy prolongadas en el tiempo. Los psicofármacos tienen altas probabilidades de producir daños cerebrales permanentes cuando se utilizan mucho tiempo.

"La dependencia a la medicación es solo uno de los muchos efectos negativos"

–Pero protegen del suicidio...
Es otro falso mito. Los psiquiatras afirman que los fármacos protegen del suicidio, lo que es erróneo. Las investigaciones supuestamente “científicas” revelan claramente la voluntad de quienes realizaban los estudios: pretendían que sus ensayos demostraran que los antidepresivos no implican un riesgo de suicidio, y manipularon los resultados obtenidos para fingir que producían esa conclusión. Por ejemplo, no tienen en cuenta los sucesos acontecidos en la vida del paciente después del tratamiento. De hecho, en el 2007 la FDA aceptó que pueden ser causa de suicidio en todas las edades.

–¿Los estudios científicos que los avalan no tiene credibilidad?
Estoy en condiciones de afirmar que prácticamente todas las pruebas de medicamentos psiquiátricos controladas mediante placebo que se llevan a cabo en la actualidad no dan resultados correctos, debido a que no se cumple la condición de desconocimiento perfecto sobre qué clase de pastilla se les da a los sujetos sometidos al ensayo. Solo un grupo de pacientes que no distinga el placebo del medicamento activo puede asegurar unos resultados científicamente correctos. Otro motivo por el cual los resultados de los test son tendenciosos y no fiables es el hecho de que la mayoría de los pacientes sometidos a estas pruebas ya están recibiendo alguna clase de tratamiento y conocen sus efectos secundarios. Los test están tan mal diseñados que no sirven para demostrar nada.

–¿Y se recetan sin realizar pruebas diagnósticas?
Los tiempos dedicados a las visitas psiquiátricas, de las cuales muchas personas salen con un diagnóstico de depresión, son limitadísimos. Son visitas de unos cuantos minutos durante los cuales el psiquiatra ha de decidir cuál de las 1.500 modalidades oficialmente reconocidas de depresión es la que padece cada paciente visitado. Y salen de esa breve visita con una receta de por vida. Muchos a quienes se les diagnostica depresión te dicen que simplemente les sometieron a un cuestionario y que nunca se les hicieron pruebas adicionales para corroborar el diagnóstico. Bastaron apenas diez minutos para acabar con un diagnóstico y una receta de psicofármacos. El grado actual de sobrediagnóstico y sobretratamiento de la depresión es gigantesco y tiene gravísimas consecuencias.

–¿Por qué no actúan los psiquiatras?
Son muchos los psiquiatras prestigiosos que se muestran ciegos a todo lo que vengo diciendo, que no son capaces de ver la gran cantidad de problemas y daños que provocan con los fármacos, los electroshocks, los internamientos forzosos y los tratamientos impuestos contra la voluntad de los pacientes. Yo les llamo “espaldas plateadas”, que en realidad se limitan a defender un montón de mitos y mentiras. Y lo hacen porque ellos mismos obtienen grandes beneficios poniéndose al servicio de esas mentiras y de la industria farmacéutica que las propaga.

Psiquiatría e industria farmacéutica: lo de menos es el paciente...

–¿Cómo se llega a esta situación?
El problema empieza con el Manual de diagnóstico, el DSM (del inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders), cuyos criterios son tan vagos que parece como si un diagnóstico psiquiátrico estuviera esperándonos a todos. Y ya hay quien ha demostrado que los criterios del DSM son acientíficos. No podemos decir de forma contundente en qué consiste un desorden mental. Por lo tanto, es necesario someter estos criterios a una prueba: aplicar los procedimientos normales del diagnóstico psiquiátrico actual a personas sanas para ver si se les debería diagnosticar, según esos criterios, alguna enfermedad mental. El resultado es que cuando aplicas los criterios de diagnóstico a gente normal y sana terminas obteniendo un diagnóstico de enfermedad mental. Queda claro que la metodología que se viene utilizando no resulta fiable.

–Lo mismo ocurre con la tristeza...
Exactamente. La tristeza es una emoción natural que de vez en cuando nos afecta a todos y no debería tratarse con fármacos. La tristeza demasiado a menudo provoca injustificados diagnósticos de depresión. Ningún fármaco sirve para librar a nadie de la tristeza, y en cambio es una de las principales causas de los actuales excesos en diagnósticos y tratamiento con fármacos.
Según el DSM IV, un 9% de los adultos padece depresión, lo que para mí es un diagnóstico deprimente de la depresión. Según el DSM II, ante los síntomas propios de un duelo, no se daba medicación antes de los dos años; con el DSM IV ya se recomienda la administración de fármacos si la tristeza no ha desaparecido a los 9 meses de la pérdida; y con el DSM V se receta medicación si a las dos semanas de una pérdida el paciente sigue triste.

–¿Ocurre con otras enfermedades?
El diagnóstico de trastorno bipolar se ha multiplicado por 40 desde 1994 a 2003 pasando su incidencia de 25 por cada 100.000 personas a 1.003 por cada 100.000 personas en las edades de 0 a 19 años. Y de 105 por cada 100.000 a 1.679 por cada 100.000 en mayores de 20 años. Esto representa un incremento de un 85% en los diagnósticos. También se ha visto que el diagnóstico de la esquizofrenia puede ser erróneo en la mitad de los casos.

–¿Y qué propone?
Lo mejor sería diagnosticar menos, muchísimo menos. Y deberíamos cargarnos para siempre el DSM y empezar desde cero. Deberíamos centrarnos muchísimo más en la historia personal de cada individuo, en lugar de obsesionarnos con un tipo de diagnósticos que hemos demostrado que son acientíficos.
Lo que importa es trabajar a partir de los problemas, los traumas, los desafíos y las cualidades de cada persona. La psicoterapia debería ser el núcleo mismo de la psiquiatría, y los psicofármacos no deberían emplearse como norma, sino solo cuando sea estrictamente necesario para hacer frente a crisis agudas y únicamente si el paciente los acepta.

–Y cuando el paciente es un niño...
Habría que prohibir que se receten psicofármacos a los niños. Aunque puede haber algunos que consigan mejorar mediante el tratamiento a corto plazo con psicofármacos, sería mejor que se prohibiera totalmente su empleo en la población infantil, ya que los beneficios serían muchísimo más importantes que los perjuicios causados por la prohibición. Administrar psicofármacos a los niños resulta peligroso porque su cerebro está aún en fase iniciales de su evolución y es muy sensible.

–¿Es una opinión compartida?
En Dinamarca cada día hay más psiquiatras que están de acuerdo conmigo en el hecho de que hay que desmedicalizar a los niños y también en Estados Unidos se está produciendo un movimiento en este sentido. Pero hay todavía muchos países donde seguir luchando.

–En ciertos casos, ¿son necesarios los antipsicóticos?
En cuanto a la psicosis, muchos psiquiatras afirman que los fármacos antipsicóticos permiten a los pacientes vivir más años, pero este dato no está basado en un pensamiento verdaderamente científico. La auténtica ciencia nos dice que los antipsicóticos provocan algunas muertes. Entre la población anciana, por ejemplo, su uso supone un aumento del 100% en la mortalidad. Son fármacos que no son seguros ni para niños y jóvenes ni para adultos y ancianos.

–Entonces, sin pastillas...
Parece como si las personas no fuéramos capaces de hacer frente a los problemas que trae consigo la vida, ni de aprender de esta lucha contra los problemas a fin de vivir mejor en el futuro. No deberíamos ahogar los problemas en opio, como hacía la gente en el XIX, ni en alcohol y psicofármacos, como ahora. Las drogas que tienen actividad cerebral, como las bebidas alcohólicas, embotan los sentimientos y nos impiden pensar con claridad. Pueden incluso despertar nuestra agresividad. No son una solución cuando tenemos un problema. Con pastillas no aprendemos lecciones.

–¿La psicoterapia es mejor?
Puede ayudar a la gente, puede curarla, incluso de la psicosis, pero el elemento crucial de la terapia es la relación entre el terapeuta y el paciente. Es normal que haya que probar diferentes hasta encontrar el que mejor nos acompaña.

“Los resultados de los test son una aberración”

Yo mismo estuve estudiando los criterios de Psych Central, una web muy premiada y también elogiada por gente neutral. Nos sometimos a sus test de la depresión ocho personas que trabajamos con éxito en nuestras especialidades. Ninguno salió bien de los tres cuestionarios a los que nos sometimos. Según Psych Central, dos padecíamos una depresión, y cuatro teníamos con absoluta certeza o alta probabilidad TDHA.

Siete éramos maniacos; uno necesitaba tratamiento urgente... Los resultados que obtuvimos sometiéndonos a esos cuestionarios son una aberración. Yo mismo estuve estudiando los criterios de Psych Central, una web muy premiada y también elogiada por gente neutral. Nos sometimos a sus test de la depresión ocho personas que trabajamos con éxito en nuestras especialidades. Ninguno salió bien de los tres cuestionarios a los que nos sometimos. Según Psych Central, dos padecíamos una depresión, y cuatro teníamos con absoluta certeza o alta probabilidad TDHA. Siete éramos maniacos; uno necesitaba tratamiento urgente... Los resultados que obtuvimos sometiéndonos a esos cuestionarios son una aberración.

Datos de interés sobre los psicofármacos y sus efectos

* Hay 500.000 muertes al año en Europa y EE.UU por culpa de los fármacos

* 1 millón de personas son adictas a los antidepresivos en España. Una auténtica tragedia porque crean adicción y afectan directamente al cerebro

* El 50% de pacientes de los pacientes que toman antidepresivos sufren problemas sexuales

* El 9% de los adultos son diagnosticados de depresión según el Manual de diagnóstico psiquiátrico

* El 50% de los diagnósticos de esquizofrenia son erróneos. Los daños cerebrales producidos por la administración de antipsicóticos a largo plazo pueden ser irreversibles

* Es la 2ª causa de muerte en mayores de 65 años, después de la cardiopatía isquémica

* El diagnóstico de trastorno bipolar se ha incrementado en un 85%

* TDHA: Los niños nacidos en diciembre tienen un 39% más de posibilidades de ser diagnosticados que los de enero

* Un 20% aumenta cada año en España la factura de los medicamentos hospitalarios


“Necesitamos un cambio para que se vele por la salud de los pacientes”

Yo no estoy en contra de la psiquiatría, pero hay que reformarla de manera revolucionaria porque actualmente lo que hace es experimentar con nosotros. Hay que crear empresas públicas que controlen y desarrollen estos medicamentos, que velen solo por los intereses y la salud de los pacientes, y trabajen para las personas y no por el dinero.

Hay que luchar contra la industria farmacéutica con paciencia y velando por lo que es justo para el paciente. La industria farmacéutica tiene un enorme poder y nadie ve los cuerpos de aquellos que mata, sino el dinero que produce.