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Teoría del apego: el amor es una necesidad vital

El apego es una necesidad básica para los seres humanos. El psiquiatra británico John Bowlby fue el primero en estudiar este poderoso vínculo.

Carlos González

La teoría del apego de John Bowlby

16 de marzo de 2018, 15:04 | Actualizado a

La teoría del apego describe cómo todo ser humano tiene la necesidad básica para su supervivencia de establecer y mantener un vínculo afectivo fuerte, una primera relación con nuestra figura primaria de apego, habitualmente la madre.

El apego es una necesidad vital tan básica para los bebés como el alimento, por eso la relación de afecto entre los padres y los hijos durante los primeros años de vida como capital para su desarrollo psicológico.

No se trata de dar a los niños todo lo que quieren, sino de ofrecerles consuelo, presencia y atención.

El origen: los estudios del afecto y el abandono

El psicoanalista británico John Bowlby (1907-1990) fue quien desarrolló la teoría del apego a partir de de su trabajo con delincuentes juveniles, a los que había atendido en una clínica especializada en niños con problemas.

Allí observó que los niños que robaban no eran aquellos a los que habían dado de comer cuando tenían hambre, o consolado cuando lloraban, ni siquiera aquellos que habían dejado juguetes sin recoger. No eran ese tipo de niños que muchos consideran "mal criados". No tenía nada que ver con todo eso.

Vio que el problema no era solo psicológico, sino también social y económico, y que, entre los factores psicólogicos, destacaban “ciertos factores que inhiben la capacidad para formar relaciones”.

Estudió cuidadosamente a 44 niños y adolescentes, enviados a su clínica por robar (a sus propias madres, a otros niños, en comercios o en su puesto de trabajo). Observó que casi todos tenían problemas psicológicos, clasificables en cinco tipos distintos.

  • La falta de afecto era el problema más frecuente (14 niños), especialmente entre los casos más graves, los que llevaban mucho tiempo robando con gran frecuencia: “niños que carecen del afecto normal, de vergüenza o de sentido de la responsabilidad”.
  • Una separación prolongada: Doce de esos 14 niños sin afecto, y otros cinco, habían sufrido en la primera infancia una prolongada separación de sus madres (más de seis meses).
  • Separaciones repetidas: Varios habían sufrido separaciones repetidas o habían pasado por múltiples hogares de acogida.
  • Niños ignorados y madres ansiosas : De los otros 27 niños que no habían sufrido una separación prolongada, unos eran despreciados o ignorados por su padres, otros tenían madres con problemas de conducta, ansiosas o que les reñían constantemente. Sólo en siete casos la madre era “bastante normal”.

En cambio, de otros 44 niños que acudían a su clínica por otros problemas pero no habían robado, ninguna tenía un carácter “sin afecto”, y sólo cinco habían sufrido largas separaciones de sus madres.

Esas primeras observaciones se publicaron en 1944, en la Revista Internacional de Psicoanálisis, con el título Cuarenta y cuatro ladrones juveniles: sus caracteres y vida familiar. Inicialmente no fue muy bien aceptado.

Las teorías psicoanalíticas imperantes decían que lo que importa no son los hechos de la vida real, sino las fantasías del subconsciente, y que el psiquiatra no debe hablar con sus pacientes de lo que realmente les ha ocurrido, sino de sus sueños.

Las separaciones tempranas

La teoría del apego afirma que es indiferente que la separación sea de la madre biológica o de la adoptiva.

El niño quiere a su madre (o figura materna) aunque esta no le trate bien.

Si la madre es irritable, siempre criticando y regañando, la fustración resultante producirá rabia y agresión en los niños. Esta frustración aumentará en el niño el deseo de afecto y de muestras de afecto, pero también dirigirá su agresividad hacia la madre.

Sin embargo, como el niño también quiere a su madre, se sentirá muy ansioso y culpable por tener malos impulsos hacia ella. Eso llevará a una variedad de reacciones patológicas, usualmente la formación de un carácter rebelde y jactancioso.

Las investigaciones con huérfanos

Por su amplia experiencia en la atención a los niños y su interés en los efectos de la separación, la OMS le encargó a Bowlby en 1949 un informe sobre cuál sería la mejor manera de tratar a los numerosos huérfanos de la segunda guerra mundial.

Eso le llevó a hablar con expertos de todo el mundo.

  • Anna Freud, que había estudiado a los niños evacuados de Londres durante los bombardeos.
  • René Spitz, que había descrito el “hospitalismo”, los graves problemas mentales que sufren los niños pequeños ingresados en un hospital sin la compañía de su madre.
  • Konrad Lorenz, el fundador de la etología, que estudiaba el vínculo madre-hijo en las aves.
  • Harry Harlow, que estudiaba los efectos de la separación en las crías de mono.

Finalmente, un resumen de su informe fue publicado en forma de libro, El cuidado materno y el crecimiento del amor. Allí aparece el germen de la teoría del apego, más tarde desarrollada en su trilogía Apego y pérdida, y en otros libros.

La teoría del apego

Básicamente su teoría dice que el apego (el vínculo afectivo fuerte) es una necesidad básica del ser humano, y (casi) todos los niños establecen una primera relación con una figura primaria de apego, que habitualmente es la madre.

Posteriormente irán estableciendo otras relaciones a lo largo de su vida con figuras secundarias de apego: el padre, abuelos, hermanos, amigos íntimos, cónyuge, hijos...

Cuando el niño se separa de su figura de apego, hace una serie de cosas con el objetivo de recuperar el contacto: según la edad, llorar, llamar, hablar, caminar... El resultado final es la reunión, con la cual la conducta de apego desaparece (de momento) y el niño sigue a lo suyo.

Quizás la parte más novedosa de la teoría es el afirmar que el apego es una necesidad básica. Antes predominaba la teoría freudiana del impulso secundario:

Los bebés tiene una necesidad primaria, que es la comida. Como casi siempre es la madre la que les da de comer, acaban asociando la presencia de la madre con la satisfacción de esa necesidad, y quieren estar con su madre, incluso cuando no tiene hambre.

Bowlby dice que no, que no es algo secundario, que la necesidad de contacto es tan importante como la necesidad de comer.

Alimentación y apego son dos necesidades básicas del ser humano, y compararlas nos ayuda a entenderlas. Toda la vida comemos, pero distintas cosas y de distinto modo.

Toda la vida tenemos apego, con distintas personas y manifestándolo de distinto modo. El bebé llora en cuando su madre sale de la habitación; el adulto llama a su familia cuando está de viaje.

¿Para qué sirve el apego?

Se cree que el apego sirve para protegerse de los depredadores. Un ejemplo: la oveja está más segura en el rebaño, pero la oveja no piensa “puede venir un lobo”, como no piensa “necesito proteínas”. Simplemente, tiene hambre, o se siente sola. Aunque el lobo esté casi extinguido, la oveja sigue siendo gregaria.

El bebé se comporta igual, aunque no corra ningún peligro y mamá vaya a volver un minuto: llora como si le abandonasen. No está pensando “mamá no volverá”, no piensa nada, es un bebé. Simplemente, los bebés que se han comportado así son los que han sobrevivido, durante millones de años.

Cuando sea capaz de pensar, hacia los tres años, “mamá volverá por la tarde, y mientras tanto me cuidará el abuelo, o la seño, o la canguro, y no corro ningún peligro”, dejará de llorar cada vez que mamá se va. Sigue teniendo apego, pero no lo manifiesta igual.

¿Le han dicho que “si lo coges en brazos, querrá brazos todo el día”? Eso es tan ridículo como “si le das de comer, comerá todo el día”. Cuando empiece a gatear y caminar no querrá brazos todo el día, solo lo justo para comprobar que mamá ha vuelto, y luego a seguir explorando.

Tipos de apego

Mary Ainsworth, discípula de Bowlby, desarrolló el test de la situación extraña, que permite valorar cómo es el apego del niño (de 9 a 18 meses) con su cuidador primario (habitualmente, la madre).

El test consiste en que la madre se va de la habitación y vuelve en tres minutos. El dato más característico es la respuesta del niño cuando su madre vuelve.

  • El niño con apego seguro juega y explora cuando está con su madre, suele llorar desesperado cuando se va, pide brazos cuando vuelve y rápidamente se tranquiliza y vuelve a jugar.
  • El niño con apego inseguro evitante llora poco cuando se va la madre y no busca el contacto cuando vuelve. Evita a su madre, le niega la mirada.
  • El niño con apego inseguro resistente llora y llora cuando la madre vuelve, se le pega y no se consuela, tarda muchísimo en volver a explorar.

Estos tres tipos de apego son “normales” en el sentido de que ninguno de ellos es una enfermedad mental. Son tres estrategias distintas que elaboran los niños según el trato recibido durante los primeros meses.

El tipo de apego no tiene que ver con la lactancia, ni con el colecho, ni con ir en brazos o en el cochecito. En los primeros estudios, en Estados Unidos, en los años 70, cuando casi ningún niño tomaba pecho más que unas semanas, cuando cogerles en brazos o metértelos en la cama estaba prohibido, estos fueron los resultados:

  • el 65% tenían un apego seguro,
  • el 20% un apego evitante, y
  • el 15% un apego resistente.

En niños africanos que toman el pecho tres años y van todo el día colgados a la espalda de su madre, las proporciones son muy similares.

¿Cómo se forman?

El apego seguro: se forma cuando el bebé ve que habitualmente (no “siempre”, sería imposible) le consuelan cuando llora y le atienden en sus necesidades.

El apego evitante: se forma cuando el bebé ve que muchas veces no le hacen caso o no le consuelan. Es tan doloroso pedir consueloa tu madre y que te lo niegue, que el bebé prefiere no pedir nada, para no recibir una nueva negativa.

El apego resistente: se produce cuando la respuesta de la madre es impredecible, a veces le hace caso y a veces no. Si sólo me hacen caso la mitad de las veces, tendré que llorar el doble.

El apego desorganizado: Este tipo de apego sí que es anormal, y corresponde a niños que simplemente no han conseguido establecer una estrategia, porque nada parece funcionar. Se da a veces en niños maltratados.

Apego seguro y consuelo

Cuando ninguna madre se atrevía a coger al niño en brazos, porque todo el mundo decía que “se malcrían”, la mayoría seguía consolando el llanto. Acudían junto a la cuna, hablaban al bebé, le sonreían, le cantaban, y el bebé desarrollaba un apego seguro.

En cambio, es posible colgarse al niño e ignorarlo, seguir a lo tuyo sin importante si está cómodo o incómodo, incluso obligarlo a estar en brazos cuando está pidiendo bajar al suelo y jugar.

No es lo mismo “hacer caso al niño” cuando llora que “darle lo que pide”

Si tu hijo pide un caramelo, puedes dárselo, o no. Pero tanto si se lo das como si no, puedes hacerle caso o no.

  • Puedes darle el caramelo en plan “toma, cariño, toma este caramelo” o en plan “ya está bien, me tienes harta, eres un consentido, toma el caramelo y calla de una vez”.
  • Puedes decirle “no, cariño, un caramelo no, que son malos para los dientes” e intentar distraerle con otra cosa, o gritarle “cállate ya, te he dicho que no, y es que no, eres un caprichoso”.

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