Desde la consulta
Ramón Soler
Psicólogo
Ramón Soler

Adictos al trabajo

¿Por qué siempre nos ponemos enfermos en vacaciones?

Si continuamente nos autoexigimos trabajar, llegadas las vacaciones, acabamos por enfermar.

Por qué nos ponemos enfermos en vacaciones

10 de enero de 2018, 12:44 | Actualizado a

Acabamos de volver de un período vacacional y seguro que has conocido algún caso (o quizá te ha sucedido a ti misma) de un familiar o un amigo que tenía planeado pasar unas tranquilas vacaciones de Navidad o que había organizado algún viaje, pero que al final, no ha podido ni viajar, ni disfrutar de su descanso, porque una inoportuna gripe le ha tenido encerrado en casa y metido en la cama durante más de una semana.

Resulta harto frecuente que personas muy responsables en su trabajo conserven su salud en el período laboral para caer enfermas llegadas sus vacaciones. Este ciclo, un patrón muy habitual en nuestra sociedad, se repite una y otra vez, desafiando cualquier estadística.

Este era el caso de Olga, una médico de prestigio que vino a consulta porque sentía que "sólo vivía para trabajar" y que, como anécdota, me comentó que le resultaba curioso que cada vez que se tomaba unas vacaciones, acababa ella misma enfermando y teniendo que ir al médico.

En nuestra sociedad capitalista/productora, está muy bien valorado el empleado que se toma tan en serio su trabajo que lo prioriza por encima de cualquier otra faceta de su vida. Este fenómeno, comienza desde la infancia cuando los niños entran en un sistema escolar en el que se alaba, en detrimento de otras características igualmente válidas, a los alumnos que tienen mejores notas.

Los niños que destacan son señalados y mostrados como ejemplo de responsabilidad, de compromiso y son nombrados como el modelo a seguir por sus pares. A estos "buenos" alumnos, se les dice que son las personas que lograrán grandes cosas, mientras que los demás no llegarán a nada y no realizarán ningún logro en la vida. De esta forma, desde muy pequeños y justo cuando su autoestima está en pleno desarrollo, los niños se ven forzados a competir entre ellos para destacar y ser señalados como los mejores por los adultos que les rodean.

Los seres humanos somos criaturas esencialmente sociales y de niños, necesitamos sentirnos cuidados y protegidos para crecer en equilibrio. Si no nos sentimos cuidados, ni protegidos, pensamos que no existimos para los demás, nos notamos en peligro y hacemos cualquier cosa para recuperar la sensación de seguridad perdida.

En este caso, para seguir llamando la atención de sus maestros y seguir sintiéndose señalados y seguros, estos niños terminaron valorando el trabajo y la productividad por encima de susalud.

Si además, estos pequeños fueron también presionados desde casa, como le ocurría a Olga (descendiente de una larga saga de médicos) a la que, desde primaria, sus padres les exigían los mejores resultados afeándole cualquier nota que no fuera un diez, estas personas acabaron por abandonar sus propios sueños y necesidades para cumplir la misión impuesta por los adultos que les rodeaban: ser un excelente trabajador, no desfallecer, no permitirse un minuto de relajación, ser los mejores.

Más adelante, ya de adultos, en el mundo laboral, tenemos muchas presiones que refuerzan este patrón. Los compañeros de trabajo que luchan por nuestro puesto, las exigencias de los jefes, nuestra propia autoexigencia que arrastramos desde el periodo escolar los objetivos de productividad, etc.

Todo el entorno laboral sigue reforzando el mensaje de "no podemos bajar la guardia", "tenemos que trabajar y trabajar". De esta forma, seguimos exigiéndonos mucho más de lo que podemos dar, restándonos horas de sueño, de descanso, para seguir siendo los mejores, para sentir que tenemos el control de nuestra vida, para destacar y ser señalados por los jefes, para, al fin y al cabo, como como cuando éramos niños, seguir sintiéndonos protegidos y seguros.

Adictos al trabajo, enfermos en vacaciones

Nuestro cuerpo tiene mucha resistencia y nos permite continuar con este nivel de estrés elevado durante mucho tiempo, pero justo cuando llegan las vacaciones y deberíamos poder disfrutar, el físico está tan agotado y desgastado que nos pide un descanso de la única manera que puede comunicarse con nosotros, cayendo enfermo. Este período de descanso nos sirve para recuperar energías y resetear nuestro nivel de estrés, pero cuando volvemos a trabajar, el ciclo se pone nuevamente en marcha, forzamos de nuevo la máquina y nuestro cuerpo está esperando a las próximas vacaciones para poder "descansar", enfermando y pasando una semana en la cama.

En el plano biológico, sabemos que un nivel de estrés mantenido durante largos períodos de tiempo no es nada saludable para nuestro cuerpo. Nos saturamos de hormonas tóxicas para nuestro organismo, como el cortisol o la adrenalina, y esto afecta a nuestra salud, disminuyendo incluso la resistencia de nuestro sistema inmunitario y dejándonos mucho más vulnerables ante cualquier enfermedad. De ahí que cuando llega el descanso, somos el caldo de cultivo ideal para cualquier virus que haya en el ambiente y, entonces, son ellos los que disfrutan de su crucero de lujo en nuestro cuerpo.

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Al igual que muchas otras de las personas que vienen a consulta, Olga era una adicta al trabajo víctima de un patrón de autoexigencia que arrastraba desde su infancia. Olga vivía en un permanente estado de ansiedad y no se permitía ni un minuto de descanso u ocio.

Tras el trabajo terapéutico que realizó en el que, entre otras cosas, detectó el origen de su autoexigencia y se liberó de su necesidad de sentirse segura y viva siendo la mejor (es decir complaciendo las exigencias de sus padres y sus superiores), la joven comprendió que le gustaba su labor como médico y que era importante para ella, pero, también se percató de que la vida es mucho más que ir del trabajo a casa y de casa al trabajo.

Resulta obvio que no podemos dejar de trabajar (aunque esto sería lo mejor para nuestra salud emocional), pero sí debemos aprender a reducir nuestro nivel de autoexigencia y estrés, priorizando las cosas que realmente son importantes en nuestra vida.

Cada día, cada semana, debemos tener momentos de ocio y descanso para cuidar de nosotros y de nuestro cuerpo. Para comenzar, puedes intentar contestar a esta pregunta: ¿qué me gustaría hacer que aún no he hecho en la vida?

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