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Vida positiva

Optimismo: el mejor aliado para una salud de hierro

¿Qué evidencias científicas vinculan el optimismo vital con una menor propensión a contraer enfermedades?

Margarita Tarragona

La medicina psicosomática entiende la mente y el cuerpo como una unidad. A partir de esta base, se han popularizado muchas conclusiones sobre el papel de la actitud positiva en la curación, pero ¿es posible establecer una relación tan directa entre el optimismo y una buena salud? Repasamos los estudios más fiables sobre el tema.

Optimismo y su relación con una buena salud

Pensar en la mente y el cuerpo como dos entidades separadas es una idea que ya existía en la Grecia clásica, pero fue a raíz de los escritos del filósofo, matemático y fisiólogo francés René Descartes, en el siglo XVII, cuando realmente tomó gran fuerza. Descartes propuso que el “alma racional” estaba separada del cuerpo y que ambas se conectaban en la glándula pineal.

Pero, a pesar de ser el padre de este dualismo mente–cuerpo, también dijo que la mente puede afectar al cuerpo y viceversa, una idea criticada por otros filósofos que decían que esta interacción era imposible. En cualquier caso, desde hace 350 años, la cultura occidental ha separado el cuerpo de la mente. Ello se evidencia en nuestro lenguaje cotidiano: nos preguntamos si un síntoma es “físico o mental” o le aconsejamos a un amigo que quiere cambiar un hábito que sea fuerte “psicológicamente”, porque “la mente puede más que el cuerpo”.

Sin embargo, se reconoce cada vez más la influencia mutua entre los procesos psicológicos y los físicos. Hoy existen disciplinas como la neuropsicoinmunología –que estudia la relación entre el sistema nervioso, las defensas del organismo, las emociones, los pensamientos y la conducta– o la neurociencia social –que investiga la relación entre los procesos cerebrales y las interacciones sociales–. Asimismo, ha surgido un renovado interés y respeto por los sistemas de sanación de las culturas tradicionales, como por ejemplo la acupuntura, y por las prácticas y las sabidurías ancestrales, como el yoga y la meditación, que tienen una visión holística de la salud.

Ciencia y corrientes New Age

Existen también movimientos no científicos –como las corrientes new age– que enfatizan la influencia de la mente sobre el cuerpo. Algunas de estas nuevas filosofías que se han hecho tan populares exageran la influencia de la mente sobre el cuerpo y llegan a proponer que todo lo que nos sucede es producto de nuestra psicología. Recuerdo una ocasión en la que escuché horrorizada a una conocida decir tranquilamente: “Fulanita se creó un cáncer. Contenía mucho su ira y no expresaba sus emociones”. ¿En qué se basaba para decir eso? Se trata de una afirmación muy cruel, pues, además de no tener ninguna evidencia empírica, nos acercamos peligrosamente a “culpar al enfermo”.

¿Qué nos dice la ciencia sobre la relación entre nuestros estados de ánimo y pensamientos y nuestra salud física? Hay un sinnúmero de investigaciones que tratan de responder a esta pregunta; aquí nos centraremos en aquellos estudios realizados en los últimos años en el ámbito de la psicología positiva, la parte de la psicología que estudia científicamente el bienestar y la felicidad.

Estudios sobre la felicidad

El doctor Ed Diener, considerado el padre del estudio de la felicidad y reciente ganador del premio más importante de la Asociación Americana de Psicología por sus aportaciones, ha realizado, junto a su colaboradora Micaela Chan, un metaanálisis de todas las investigaciones que se han hecho hasta la fecha sobre la relación entre la felicidad y la salud.

Un metaanálisis es un procedimiento estadístico que compara los datos obtenidos en diferentes estudios que han investigado un mismo tema utilizando distintos instrumentos y técnicas. El metaanálisis permite llegar a conclusiones más fiables que si se contemplan los resultados de los estudios por separado. Estas son algunas de sus deducciones más reseñables:

1. Satisfacción vital

Las personas con altos niveles de bienestar subjetivo (felicidad) se sienten satisfechas con sus vidas, tienen pocas emociones negativas y muchas positivas, y piensan con optimismo. La felicidad influye sobre la salud y la longevidad, pero no hay indicios evidentes de que alargue la vida de las personas que padecen ciertas enfermedades, como el cáncer. Lo que sí está claro es que las emociones positivas predicen la salud y la longevidad mejor que las negativas: conocer cuán feliz es alguien es más útil para predecir su estado de salud que saber sobre sus emociones dolorosas o tristes.

2. Mejor salud cardiovascular

El estado de ánimo y las emociones también se asocian a la salud cardiovascular. Las personas pesimistas suelen tener una presión arterial más elevada. Además, se ha observado que las personas físicamente sanas que sufrían depresión o ansiedad tenían más probabilidades de desarrollar enfermedades cardiacas. De modo similar, los enfermos del corazón con depresión y ansiedad empeoraban más de sus afecciones cardiacas con el paso del tiempo que los enfermos que no estaban deprimidos.

3. Previene la inflamación

Los estados psicológicos positivos pueden influir sobre los factores de coagulación y de inflamación. Los afectos negativos ralentizan el proceso de cicatrización y elevan el riesgo de infección. Quienes sienten más enfado suelen tener una respuesta inmunitaria menor tras ser vacunados. En cambio, la emoción positiva a largo plazo predice el buen funcionamiento del sistema inmunológico. Las emociones positivas también se relacionan con una percepción menor del dolor.

4. Reduce los niveles de cortisol

El estrés hace que segreguemos una hormona llamada cortisol. Las investigaciones indican que tener niveles bajos de cortisol puede reducir el riesgo de enfermedades metabólicas, inmunológicas e inflamatorias.

5. Ralentiza el envejicimiento

La influencia de las emociones llega hasta los cromosomas. Los extremos de los cromosomas, llamados telómeros, se van acortando a medida que envejecemos y están implicados en muchas enfermedades y en el envejecimiento prematuro. Pues bien, las personas con niveles bajos de felicidad tienden a presentar un mayor acortamiento de los telómeros.

Una de las razones por las que la felicidad puede estar relacionada con la buena salud es que se asocia a conductas psicosociales protectoras: las personas con más emociones positivas suelen tener más conexiones sociales y más apoyo, responden de manera adaptativa a las dificultades y tienden a hacer más ejercicio, no fumar y cuidar su alimentación.

Buscando un entorno humano positivo

También la calidad de nuestras relaciones puede repercutir en nuestra fisiología. La psicóloga Janice Kiecolt-Glaser y sus colaboradores (2005) sometieron a un grupo de parejas casadas a un estudio hospitalario que consistía en realizar pequeñas heridas en sus brazos y observar su evolución. El resultado: las heridas de las parejas cuyos matrimonios eran conflictivos tardaban más en cicatrizar y producían menos citoquina, una proteína que regula el funcionamiento de las células.

Asimismo, practicar la meditación puede ayudarnos a elevar nuestros niveles de bienestar subjetivo. Así lo demostró el doctor Richard Davidson y su equipo (2003) al comparar a un grupo de practicantes de meditación con otro de personas que no meditaban. Los investigadores comprobaron que los primeros presentaban mayor afecto positivo, mayor activación del cerebro izquierdo y más anticuerpos tras ser vacunados contra la gripe.

¿Podemos concluir, entonces, que si procuramos experimentar emociones positivas y afrontamos los acontecimientos con optimismo alejaremos la enfermedad de nuestras vidas? Todo parece indicar que son las emociones más duraderas las que pueden tener un efecto significativo sobre nuestra salud, ya que algunos estudios referidos a emociones breves y poco intensas no han observado dicho efecto. La mayor certeza es que el bienes­tar subjetivo –la felicidad– predice la salud y la longevidad en las poblaciones sanas. No está tan claro que esto mismo suceda con las personas enfermas, lo que subraya la complejidad de este fenómeno. Así pues, las emociones pueden ayudarnos a preservar la salud de la que ya gozamos, pero no necesariamente a prevenir o revertir ciertas enfermedades, cuyas causas pueden ser múltiples e independientes de lo psicológico.

La relación entre lo psicológico y lo físico

Al pensar en la relación entre psicología y salud física, me viene a la mente la imagen de una autopista de dos sentidos: lo psicológico afecta a lo físico, y lo físico a lo psicológico. Pero esto no significa que la autopista tenga siempre el mismo número de carriles en cada sentido. Es posible que, en cierta situación, haya más carriles en un sentido que en el otro y que el cuerpo pese más que la mente, o a la inversa. Y puede que, otras veces, la influencia mente–cuerpo sea mutua y muy pareja.

En cualquier caso, hagamos lo que esté en nuestras manos para que el cultivo de las emociones positivas sea una constante en nuestras vidas, a fin de preservar la salud. Y, al mismo tiempo, tengamos cuidado antes de atribuir razones psicológicas a la enfermedad de alguien, pues no sabemos qué carriles van, y en qué sentido, en la autopista de su vida.